Thursday, November 06, 2014

Lo que hay detrás del cierre de parroquias en Nueva York

Acerca de la desaparición de varias parroquias en Nueva York, sobre lo cual dedicamos una entrada, habla un párroco; más no cualquier párroco, se trata del P. George Rutler, párroco de la iglesia de los Santos Inocentes, la única en Nueva York que ofrece Misa diaria según la Forma Extraordinaria del rito latino.

Esta es una versión en español de un artículo que presentó Aleteia a comienzos de semana originalmente en inglés.

Lo que hay detrás del cierre de parroquias en Nueva York

Aparte de motivos pastorales y de organización... hay un descenso de la práctica católica: la opinión de uno de los párrocos

Los católicos en docenas de parroquias históricas en la ciudad de Nueva York y muchos otros condados que constituyen la arquidiócesis de Nueva York recibieron la triste noticia que la iglesia a la que han estado asistiendo cerrará.

Como parte de una mayor reorganización, el cardenal Timothy Dolan anunció los resultados de un estudio que tenía como objetivo ahorrar fondos sumamente necesarios y trasladar las iglesias y los sacerdotes a las afuera de la ciudad, donde la población católica está creciendo.

Una parroquia muy conocida en el centro de Manhattan, que ha salvado del cierre es la de los Santos Inocentes, una iglesia de construcción tradicional que ha atraído a grandes grupos de católicos tradicionales en estos años. Es la única iglesia católica en Nueva York que ofrece misa diaria en la forma extraordinaria del rito latino, también conocida como Misa Tridentina.

El sacerdote George Rutler es el administrador de dos iglesias, la de los Santos Inocentes y la iglesia de San Miguel, al oeste de la ciudad, que han sido ignoradas en el plan de reorganización. El padre Rutler, autor de Principalities and Powers: Spiritual Combat 1942-1953, y otras obras, habló con Aleteia el lunes sobre cuestiones espirituales que se encuentran en el origen de la reorganización arquidiocesana.

- Obviamente, los cierres o fusiones de parroquias no son un fenómeno nuevo, pero según su punto de vista, ¿cuáles son algunos factores que llevan a situaciones como esta?

Entre los factores está el declive de la vida católica. En una estadística reciente en Nueva York, la población es casi la misma que hace 70 años. No ha habido descenso en la población católica; lo ha habido en la vida católica, y existen motivos de todo tipo para ello.

Creo que hay una gran falta de honradez y negación por parte de algunas personas que se empeñan en la fantasía de que estábamos entrando en una nueva primavera de la fe. La actualización del Vaticano II se suponía que tenía que atraer a montones de personas más; hizo justo lo contrario. Mientras la gente se niegue a admitir que se cometieron errores hace una generación – en la catequesis, la liturgia, al enfrentar los verdaderos problemas de la secularización – nunca habrá una reforma verdadera.

Hemos tenido también mucha migración blanca a los suburbios, y en los condados del norte se necesitan nuevas parroquias. Al mismo tiempo, aquí, tenemos parroquias de sobra. Otra razón de estos cierres es que las iglesias estaban organizadas según propósitos étnicos en lugar de evangélicos. Existía la hipótesis de que la Iglesia era una casa para inmigrantes, y que se pertenecía a las parroquias no por la fe, sino por razones sociales, comunitarias, escolares y similares. Por lo que en Manhattan tenemos una antigua parroquia alemana, otra italiana, etc., cercanas unas de otras. Y eso ya no se necesita.

El principal hecho es que muchos católicos no están practicando la fe. La asistencia a misa en Nueva York es del 12%. Hay un descenso del 50% desde el Concilio Vaticano II. Nadie se ocupa de eso. Se sabe, pero no se aborda el hecho que han habido serios errores cometidos en la generación pasada.

Sería un buen estudio el por qué la ciudad de Nueva York, que es tan culturalmente vibrante – algo atormentada y perversa en algunos sentidos, pero dinámica – tiene tanta apatía espiritual.

Otro factor, claro está, es la escasez de sacerdotes. Es curioso que aquí estamos en Nueva York, el corazón del universo – digo eso como neoyorquino – y tenemos tan bajo número de vocaciones sacerdotales. En mi última parroquia, en la que estuve durante 12 años, tuve nueve feligreses que iban al seminario. Cuando algunos clérigos preguntan “¿Cómo lo hace?”, se lo digo, y algunos no quieren escucharlo. Creo que es significativo ahora que más jóvenes se vayan a órdenes religiosas en lugar de ser sacerdotes diocesanos. Claro que son distintos tipos de ministerios, pero creo que algunos de ellos se van a órdenes religiosas pudiendo irse al sacerdocio secular, porque el panorama local a menudo parece banal. Las órdenes religiosas a menudo son más estimulantes.

- ¿Qué es lo que no estamos haciendo que deberíamos hacer para revivir la vida católica?

La primera cosa es ser realistas, abordar los problemas reales en nuestra sociedad, la laicidad, en lugar de intentar ser todo para todos.

Es un gran peligro querer ser amigable y agradar en lugar de desafiar de manera profética los errores de la sociedad y caer en ellos. San Pablo dijo a Timoteo, “No seas un hombre complaciente”. Esto no quiere decir ir por el mundo pegando a la gente en la cabeza con la biblia, pero sí significa ser católico, en todos los sentidos… Hemos tenido la secularización de la vida religiosa. Las congregaciones religiosas femeninas se están colapsando, se han colapsado. No se hizo nada hace una generación para poner disciplina en las órdenes, y reformarlas de verdad. Las que están creciendo son las que son fieles a los carismas de sus fundadores.

Una herramienta principal de evangelización de la Iglesia es la liturgia, y donde quiera que la liturgia es banal, no habrá vocaciones. En muchos lugares no es un problema de herejía, es solamente una cuestión de pereza. La gente se ha quedado en los años 70. Los jóvenes no quieren ir a la iglesia donde hay un septuagenario tocando himnos jesuitas muy malos de los años 60. Pero muchos obispos no entienden eso. La liturgia se ha focalizado demasiado en el hombre. Un ejemplo son las liturgias donde el obispo o el sacerdote no pueden abstenerse de poner por delante su propia personalidad. Fueron enseñados para hacer eso: saludar a la gente, decir bromas y agradecer a todo el mundo por estar ahí, y al final pedir el aplauso para el coro, los acomodadores y todo el mundo. No hay que agradecer a la gente que observe los mandamientos. Son mandamientos, no proposiciones.

La liturgia es el contacto principal de la gente con la Iglesia, y diría que mis vocaciones, más que cualquier otra cosa, provienen de la inmersión de los jóvenes en la liturgia. Y no estoy hablando sobre ser quisquilloso o oscurantista. Pienso que hay un problema real de reacción a la evangelización, un verdadero problema de nostalgia más que de tradición por parte de mucha gente, en lo que se refiere a la Forma Extraordinaria. Pero es de esperar cuando se le niega a las personas sus auténticas raíces católicas.

El peligro ante esto, por supuesto, es cerrarse en uno mismo. El cardenal Ratzinger habló sobre el peligro de la misa de cara a la gente como una especie de recinto cerrado, mientras que cuando el sacerdote encabeza al pueblo mirando a Oriente significa la apertura al Reino de Dios. El sacerdote mirando al pueblo se convierte en una asamblea circular sin trascendencia. Pero mucha gente que abraza la Forma Extraordinaria corre ese riesgo también. Se convierten en gueto. Es muy significativo que en muchos casos – no puedo citar números – pero en mi experiencia es así, donde está la Forma Extraordinaria, tienes un grupo estático de gente, y no consiguen atraer a otros.

Así que el uso de la Forma Extraordinaria no es la solución. ¿Cuál es la solución? Es la comprensión de la liturgia como llamada de Dios a la gente y la respuesta del pueblo. Entonces es cuando llegan las vocaciones.

Otro factor es la predicación, que es fundamental. Necesitamos predicación catequética, donde la gente aprenda la doctrina básica de la fe. La gente debería ser salir de la iglesia habiendo aprendido algo nuevo.