Tuesday, April 22, 2014

Molicie a alto nivel

Muy rapidamente medios de comunicación de otras lenguas distintas al italiano han dado eco al artículo del pasado Domingo publicado en La Repubblica, el cual daba cuenta de un apartamento de 700 M² en el que habitará el antiguo Secretario de Estado, Card. Tarcisio Bertone, lo cual se opone diametralmente a la propuesta austeridad del Papa (ver entrada relacionada aquí).

Todavía no hemos visto un eco similar a un artículo aparecido hoy en Il Fatto Quotidiano, págs 1 y 6, el cual detalla casos similares al del Card. Bertone protagonizados por otros prelados quienes también ocupan viviendas en promedio de 250 M². De ese artículo muy seguramente irán apareciendo reseñas en otras lenguas, por el momento no nos ocuparemos de ello.

Sin embargo, en la misma página 6 de Il Fatto Quotidiano aparece otro artículo breve, el cual nos ha llamado más la atención. En dicho artículo un sacerdote anónimo señala al diario la situación, que ha constatado en persona, de una vida de molicie practicada por algunos personajes de alto nivel. Esta es nuestra traducción de dicho artículo, aclarando que en la parte en donde se refieren a la Cupolone intentan decir “el Vaticano”; Cupolone es el nombre popular con que se designa la cúpula de la Basílica de San Pedro.


Vida de un sacerdote: lujo de cinco estrellas

Del sauna en la sala al minibar con champagne en el auto azul, a los gastos para las misiones en el exterior

Por Al. Fer.

¡Oh Jesús! Exclama un sacerdote, mientras junta las manos y tratar de refrescar pensamientos y recuerdos sobre su experiencia en Propaganda Fide y en el Vaticano. “No tiene idea de lo que está pasando y de cómo se comportan. ¡Cuánto descaro!”. Insistimos en la pregunta, y poco a poco las manos se “derriten” en el trazado exacto como reclaman imágenes de una vida lujuriosa, amante de la fiesta, la luz, desinhibida de la sombra de San Pedro y de Francisco. “Pero lo que más me sorprende es la actitud descarada de los protagonistas, no les importa nada, justifican todo, parecen hijos del ochocientos, cuando en Roma las reglas se modulaban según el poderoso de turno y las necesidades del momento”. Así emerge la historia de un alto prelado oficialmente comprometido [lit. fidanzato] con un coreógrafo, promotores de tardes pensadas en torno de un sauna instalado dentro de un apartamento en el centro de Roma, mejor no ir demasiado lejos de la Cúpula [lit. Cupolone], el tercer piso de un edificio vecino a la Piazza Navona y de propiedad de una congregación católica. La pareja también encuentra tiempo para invertir y seguir algunas actividades comerciales, el futuro es siempre una incógnita.

“Un cardenal también se hizo montar el minibar dentro del coche azul, el champagne está siempre listo”. Champagne es sinónimo de fiesta, pero de alto nivel. En este caso, el más imbuido era Don Giulio Della Vite, personaje descubierto por Camilla Morabito, reina de los salones romanos. Señor de Bergamo, acento leve, sonrisa fácil, simpatía de ocasión, le gusta ser fotografiado tras un velo, un personaje de la televisión, el político, de derecha o izquierda poco importa, sea desde Bertinotti a Gianni Alemanno. Célebre su frase después de la media noche: “¿Ya te vas? La fiesta empieza ahora”. No para todos. Otro estilo para Don Santino Spartà, descubierto a principios del dos mil por Piero Chiambretti en un programa de televisión con la señora De Blanck, Renato Balestra y amigos. Él la periferia, la pobreza, la consideraba un misterio de la fe. “Pero estos son casos conocidos —continúa nuestro sacerdote— lo peor es lo que no se ve. Los más influyentes son nombrados en la Secretaría vaticana, son como los ministros, gestionan contratos, nombramientos. Y pueden partir al extranjero con el pretexto de las misiones. ¿Pero cuales misiones?” Fuera de la frontera se deja la toga, para hacer reservaciones en hoteles de lujo, y se da rienda suelta a las propias actitudes; alguno incluso fue a buscar a Franz-Peter Tebartz-van Elst, el obispo de la diócesis de Limburgo en Alemania que ha gastado 31 millones de euros para renovar su nueva casa. Un profesional inalcanzable. En Roma aún no han llegado a tanto.

En la Plaza de San Pedro se prepara futuras canonizaciones

Los trabajos logísticos para las canonizaciones del próximo Domingo ya están en marcha en la Plaza de San Pedro. Estas son unas pocas imágenes de la misma, Abr-22-2014.











“Martini no estaba en contra de la canonización de Juan Pablo II”, postulador de la causa


Si Martini, hablamos del cardenal, hubiera sido identificado como tradicionalista o simpatizador de de la llamada ala conservadora de la Iglesia, este tipo de aclaraciones no surgirían, muy por el contrario serían repetidas hasta el cansancio. Pero ese no es el caso, Martini claramente era progresista, opositor a la causa de canonización de Juan Pablo II; como esos dos conceptos no son conciliables entonces es necesario hacer el respectivo ajuste de imágen vía declaraciones en rueda de prensa, lo cual genera amplia divulgación.

Información de Vatican Insider, Abr-22-2014.

04/22/2014
Oder: «Martini no estaba en contra de la canonización de Wojtyla»

El postulador lo dijo en una conferencia sobre las canonizaciones de los dos Pontífices: el suyo «era un discurso sobre la oportunidad de proclamar santos a los Papas»

DOMENICO AGASSO JR.
ROMA


«He leído con disgusto en la prensa fragmentos del testimonio del cardenal Carlo Maria Martini, interpretados en clave de una oposición a la santidad de Juan Pablo II: se trata, seguramente, de una clave de lectura incorrecta y no verdadera». Lo afirma el postulador de la causa de canonización de Karol Wojtyla, monseñor Slawomir Oder, durante la conferencia sobre las canonizaciones de Juan Pablo II y Juan XXIII, que pronunció en compañía del responsable de la causa de Papa Roncalli, el padre Giuseppe Califano, en el Aula Juan Pablo II en el Vaticano. «Simplemente, debemos estar conscientes de que existen diferentes maneras de pensar sobre la oportunidad de canonizar a los Papas –explicó Oder. Pero este es un razonamiento más general», por lo que no se puede aplicar al caso específico de Juan Pablo II.

También el padre Federico Lombardi, director de la Sala de Prensa de la Santa Sede, precisó que «el cardenal Martini recordaba que existe una discusión más amplia sobre el hecho de las canonizaciones de los Papas y, por lo tanto, sobre la oportunidad de proclamar santo a un Papa. Pero esta no era una toma de partido», ni sobre el tema en cuestión, ni mucho menos en cuanto al caso específico de la canonización de Juan Pablo II.

Durante el encuentro, al hablar sobre el Papa polaco, Oder afirmó que «Karol Wojtyla tenía la percepción del peso de santidad que debía dar él mismo a su vida, y esto era percibido por la gente y por los fieles». «Era muy reflexivo –añadió–, con una gran actitud hacia la oración y hacia la meditación. Su vida –observó– tenía que estar organizada de manera que fuera la manifestación de la gloria de Dios».

Oder recordó que Wojtyla «se formó en la escuela del sufrimiento, y su espiritualidad tiene un fuerte elemento mariano. El seminario fue su “casa” familiar: la herencia más preciosa que tuvo de sus padres espirituales fue la sencillez de la fe».

Oder también dijo que «Papa Juan Pablo II tenía esa profundidad mística de quienes han encontrado en Dios la fuente de sus vidas. Con confianza en el ánimo humano, también se daba cuenta de los límites de la humanidad, encarnados por los regímenes nazi y comunista que conoció de cerca».

Sobre Roncalli, Califano subrayó que «los fieles reconocieron inmediatamente el perfume de santidad de Papa Juan XXIII, que tanto en sus escritos como en sus acciones, como seminarista, sacerdote, obispo y Papa, siempre se propuso con un espíritu de santidad auténtico».

«Los rasgos particulares de su santidad –prosiguió– son las sencillez, la mansedumbre y el abandono a la Providencia Divina. La expresión “pastor y padre” condensa su espiritualidad: una mezcla de bondad, de cordialidad, de mansedumbre, de alegría y de generosidad que se conjugan en la expresión “Papa bueno”, con la que la gente lo identificaba» (tanto los creyentes como los no creyentes).

Según Califano, «otro binomio que sintetiza la santidad de Papa Juan XXIII es “obediencia y paz”, elegido incluso como lema de su pontificado. Obediencia es desempeñar en la Iglesia el servicio que le era exigido, en cualquier lugar y en cualquier circunstancia. Paz es la raíz de su santidad que llevó a todo el mundo».