Wednesday, April 02, 2014

La doctrina o el caos, artículo de Il Foglio

Artículo de Il Foglio, Mar-27-2014, basado en una entrevista con el cardenal Walter Brandmüller, Presidente emérito del Comité Pontificio de Ciencias Históricas. Traducción de Secretum Meum Mihi.

27 de Marzo de 2014
La doctrina o el caos

El cardenal Walter Brandmüller (nombrado por Benedicto XVI) contra el desorden provocado por la “poca claridad” en la enseñanza católica. “La doctrina de la fe y la práctica pastoral pueden ser distinguidas, sí, pero no divididas”.

“Es evidente que la carencia o falta de claridad sobre la genuina enseñanza católica por parte de los obispos, predicadores, catequistas, y sobre todo de profesores de teología moral, es la causa principal del caos actual”. En conversación con Il Foglio, el cardenal Walter Brandmüller, eminente historiador de la iglesia medieval y moderna y por muchos años presidente del Comité Pontificio de Ciencias Históricas, interviene en el debate sobre el matrimonio y la familia que será objeto de los dos sínodos programados el próximo mes de octubre y el año próximo. Un “caos” alimentado también por aquellos entre las filas del episcopado mundial, ha dicho que la enseñanza de la Iglesia Católica en cuanto a la moral ya no está más adecuada a los tiempos y que ahora sólo crea confusión entre los fieles más o menos asiduos a la Misa dominical y a los confesionarios. Es el caso, por ejemplo, del joven obispo de Tréveris [Trier], Mons. Stephan Ackermann. “Pero, ¿qué quiere decir?”, se interroga perplejo el Cardenal Brandmüller: “La afirmación del excelentísimo obispo de Tréveris [Trier] suscita preguntas y creo que es necesario hacer una distinción. El prelado habla simplemente de “enseñanza”, y podría tener razón si se refería al modo de motivar, explicar y enseñar la doctrina de la iglesia. Sin embargo, cometería un error si quisiera decir que la doctrina de la iglesia ya no es adecuada a los tiempos. De hecho, cambian las preguntas y las cuestiones según los cambios socio-culturales, pero la respuesta de la iglesia en cada momento de la historia no puede tocar el depósito de la fe válido una vez y para siempre”. Después de todo, se trata “del tesoro del cual el buen padre de familia saca lo nuevo y lo viejo”. Para responder a las “fuertes expectativas arraigadas entre los fieles”, que abogan por cambios en cuanto a la enseñanza moral católica, el cardenal Walter Kasper ha propuesto una solución que reafirma la inviolabilidad de la doctrina, pero permite intervenciones en la praxis pastoral. Doctrina y praxis en dos campos separados, y luego, el esquema ya criticado por el prefecto del ex Santo Oficio, el cardenal Gerhard Ludwig Müller y que ni siquiera encuentra concorde nuestro interlocutor: sí, “es necesario distinguir entre la doctrina de la fe y la práctica pastoral. Distinguir sí, pero no dividir. Cada práctica pastoral que desee ser auténtica necesita guiarse y regirse sobre la verdad de la fe. Es verdad —nota de nuevo el erudito creado cardenal por Benedicto XVI en 2010— que la realidad sociológica de la familia ya no es más aquella de la de nuestros abuelos. Pero lo que nunca puede estar sobrepuesto al cambio histórico es la naturaleza misma, la sustancia de la familia que nace del matrimonio sacramental entre hombre y mujer”. El pastoral dice sien embargo Brandmüller, “debe responder a la pregunta de cómo explicar mejor esta realidad para asegurarse de que se viva más auténticamente en las circunstancias de hoy”. Dudas también sobre la corriente de pensamiento según la cual la iglesia en el curso de su historia siempre ha sostenido que, sin perjuicio del principio una fides, existen muchos modos para vivirla y experimentarla: es cierto, explica el presidente emérito del Pontificio Comité de Ciencias Históricas, “existen muchos modos de vivir y expresar la fe. Pero éstos sólo son legítimos en cuanto no contradigan la doctrina de la fe formulada por la iglesia. Siempre es esencial la convergencia entre doctrina y vida”.
El problema es la falta de claridad sobre el significado de la enseñanza católica, observa el purpurado: “En más de veinticinco años de actividad pastoral —paralelamente a mi carrera universitaria— hice de párroco en campaña”. Así, “después del fatídico año 1968, no he podido más pronunciar la hasta entonces habitual carta pastoral sobre el ‘sagrado sacramento del matrimonio’ prescrita para el segundo domingo después de Epifanía”. Ya no estaba más prevista, ya no se preparaba, “y esto es emblemático para comprender esa situación”.