Thursday, July 24, 2014

Arzobispo greco-católico de Alepo, Siria: “Acudo a vosotros porque mi pueblo sufre”

Información de Ayuda a la Iglesia Necesitada, Jul-24-2014.

Testimonio del Arzobispo greco-católico de Alepo

“Acudo a vosotros porque mi pueblo sufre”

AIN.- El arzobispo greco-católico de Alepo habla con Ayuda a la Iglesia Necesitada sobre la situación en Siria: “Ahora muchos musulmanes se muestran tímidos a la hora de declararse musulmanes. Varios de ellos me han dicho: ‘Me avergüenzo… No puedo entender que el Islam sea así".

Por ello, considero que es el momento de entablar un diálogo verdadero. Creo que, tal vez, sea el día del Señor. Por tanto, tengo que volver a coger la Cruz –aunque ya tenga 70 años– y recomenzar mi misión… pero yo me siento como si tuviera 45”. Con estas palabras, el Arzobispo greco-católico de Alepo, Mons. Jean-Clement Jeanbart, ha expresado su dedicación a los que llama “su pueblo”, durante una visita a la sede central de la fundación católica Ayuda a la Iglesia Necesitada.

La guerra en Siria ya dura tres años. El sufrimiento es indescriptible y la devastación, terrible: cientos de miles de familias en luto y millones de refugiados que ya no saben a quién dirigirse, por lo que se esconden en sus casas, buscando día y noche la forma de alimentar a sus hijos.

El Arzobispo Jeanbart explica que una política bárbara de tierra quemada lo ha arrasado todo a su paso: miles de industrias dañadas y decenas de miles de escuelas, hospitales y dispensarios destruidos. “Todas las estructuras, toda la infraestructura, el legado cultural, toda la industria… han destruido cada uno de los recursos que permitían obtener ingresos a estas gentes. Los habitantes no pueden sobrevivir en las ciudades; por supuesto, en el campo hay campesinos que tienen de qué vivir, pero en las ciudades… Alepo ha perdido 1.400 estructuras industriales, esto es terrible”.

La población cristiana tampoco ha salido ilesa: antes de la guerra había unos 150.000 cristianos, asegura el Arzobispo, y Alepo contaba con numerosas iglesias para una comunidad cristiana presente en la ciudad desde el siglo III. En la actualidad, 100.000 cristianos permanecen allí y luchan por su supervivencia.

Con una inflación del 200%, los escasos ingresos sirven para poco. La Iglesia Católica está distribuyendo entre estas familias necesitadas cestas de alimentos: 1.400 familias reciben pan, aceite, azúcar, arroz, mantequilla, pasta, té y dulces cada día. “Todo lo que ofrecemos siempre lleva pan, que es lo más alimenticio”, dice el Arzobispo Jeanbart.

A raíz de la destrucción de la industria de Alepo, miles de padres de familia se han quedado sin trabajo y sin ingresos para cubrir las necesidades mínimas de sus familias. “Aquí también ofrecemos una ayuda de emergencia, consistente en cantidades mensuales equivalentes a medio salario. No es mucho, pero 400 familias cristianas se benefician de este apoyo económico y, con la ayuda de Dios, esperamos poder seguir prestándolo hasta que los padres de estas familias vuelvan a encontrar trabajo”.

El Arzobispo Jeanbart ha explicado que también las estructuras eclesiales han sido objetivo de ataques: más de 18 bombas han alcanzado y dañado la catedral y la sede arzobispal, ubicadas a menos de 300 metros de la línea de demarcación de la ciudad antigua. La iglesia de San Miguel ha recibido el impacto de dos misiles; la iglesia de San Demetrio, ubicada en un barrio que limita con la línea de demarcación, ha sido objetivo de varios proyectiles de mortero; y la iglesia del pueblo de Tabaka está en ruinas.

“Estoy aquí porque mi pueblo sufre”, dice con voz cansada y entrecortada el Arzobispo Jean-Clement. “La electricidad funciona mal, el agua no es potable. Ahora contamos con algunos pozos; hemos cavado tres al lado de tres iglesias. En la catedral hemos reabierto un pozo cavado hace un siglo y estamos distribuyendo el agua entre la población. Tenemos que hacer todo lo posible para ayudar”.

La Iglesia Católica también está prestando ayuda a familias musulmanas, y los musulmanes han tomado buena nota de ello. “Hay muchos musulmanes que dicen: ‘Mira, los sacerdotes son los que están trabajando’. Esto es un hermoso testimonio, y los musulmanes incluso nos piden que intercedamos por ellos para obtener ayuda de la Cruz Roja o la Media Luna Roja, pues entienden que somos un referente de la caridad y la misericordia”.

La fe de este Arzobispo de 70 años de edad no siempre ha sido tan firme. “Llevo ahora 18 años como Obispo, y he hecho todo lo que he podido para que nuestra gente se quede aquí. Y entonces llegó la guerra. Hace dos años sufrí una depresión y lo pasé muy mal, pero entonces el Señor me ayudó a ver las cosas bajo otra luz, y así recuperé el valor y la esperanza, y retomé la lucha contra este éxodo cristiano. Me he dado cuenta de que lo que ocurre no depende de nosotros. Incluso si solo permanecen los pobres, nosotros los ayudaremos a crecer y a convertirse en las personas que necesitamos para que sean testigos. Me he dado cuenta de que es el momento de trabajar y el momento de luchar. Durante todos estos años ansío que llegue el día de la libertad que nos permita a los cristianos dar testimonio de Cristo”.

Lentamente y solo en algunas de las ciudades más grandes, se está recuperando un cierto nivel de seguridad. Según el Arzobispo, los avances del Ejército del Gobierno han creado zonas de seguridad, y en Alepo se están retirando cada vez más puntos de control. Con un optimismo cauto, el Arzobispo Jeanbart mira hacia el futuro y hace planes. “Los pobres y los trabajadores cristianos no encontrarán trabajo cuando llegue la paz. Tal vez tarden uno o dos años en encontrar un empleo. Por esta razón, he pensado iniciar un programa de formación para la construcción”. Los cristianos, más centrados en la educación, históricamente no han participado en el sector de la construcción.

El Arzobispo Jean-Clement Jeanbart ha detectado este punto débil y sabe que el sector de trabajo más inmediato estará relacionado con la reconstrucción y rehabilitación de los edificios destruidos. “Todo ha sido destruido o robado. Cuando cese la guerra, se comenzará inmediatamente a reconstruir las casas. Por ello, tenemos que preparar ahora a los cristianos para que puedan trabajar en este sector. Sin trabajo, los jóvenes se irán de aquí”.

Con esperanza y proyectos de futuro, el Arzobispo ha presentado sus planes. “Ruego a Ayuda a la Iglesia Necesitada que siga siendo nuestro socio en esta lucha. Quiero que estén a nuestro lado en estos tiempos difíciles, para que la gente se quede, porque sé que ustedes comparten este objetivo. Llevamos dos mil años aquí. La Iglesia creció en Siria. La Iglesia nació sobre la Cruz, pero no vivió en Jerusalén. Los cristianos vinieron a Siria, a Damasco. San Pablo no encontró en Jerusalén cristianos que arrestar; tuvo que ir a Siria para cazarlos, y esto significa que la Iglesia estaba viva en Siria a los dos años de la Resurrección”. También el Arzobispo espera esta Resurrección.