Friday, June 27, 2014

Queja del Sagrado Corazón de Jesús sobre la infidelidad de su “pueblo escogido”


En el pasado nos referimos a ello citando un pasaje de la Memoria de santa Margarita María de Alacoque (ver aquí). Ahora volvemos a hacerlo citando otro pasaje de una obra diferente de esta misma santa.


III

Se queja Nuestro Señor de la infidelidad del «pueblo escogido».— Un día, al levantarme de la cama, me pareció oir una voz que me decía: «El Señor se cansa de esperar; quiere entrar en sus graneros para cribar el trigo y separar el grano bueno del malo». No hice caso de semejante voz, ni me detuve (a pensar en lo que podría significar), aunque quedó impresa en mi espíritu. Por más que me esforzaba en apartarla de mí como una distracción impertinente, de tal manera me preocupaba, que no podía hacer oración, fatigada como estaba por la lucha que sostenía mi espíritu.

Entonces sentí que caía sobre mí el peso de la santidad de Dios, como si fuera a anonadarme y me dejo sin movimiento alguno, para hacerme oir de nuevo claramente su voz. «Mi pueblo escogido me persigue secretamente y ha irritado mi justicia, pero yo manifestaré sus pecados secretos con castigos visibles, porque los cribaré en la criba de mi santidad para separarlos de mis amados. Y una vez separados los rodearé de esa misma santidad que se pone entre el pecador y mi misericordia; y estando así rodeados por mi santidad les es imposible reconocerse; quédales sin remordimiento la conciencia, el entendimiento sin luz, el corazón sin contrición, y al fin mueren en su ceguedad».

Más: me descubrió su amoroso corazón todo desgarrado y traspasado de heridas: « He aquí —me dijo— las heridas que recibo de mi pueblo escogido. Los otros se contentan con herir mi cuerpo; pero éstos atacan mi corazón, que no ha cesado nunca de amarlos. Pero al fin mi amor cederá el lugar a mi justa cólera para castigar a esos orgullosos. Están apegados a la tierra y me desprecian a mí, para no amar sino lo que me es contrario; me abandonan por las criaturas; huyen de la humildad para no buscar sino la estima de sí mismos; quédales el corazón vacío de caridad y no tienen ya más que el nombre de religiosos».

No cesaba yo mientras tanto de pedir a mi Dios una verdadera conversión para todas aquellas almas contra las cuales estaba su justicia irritada y de ofrecerle los méritos de la vida, muerte y pasión de su Hijo, mi Salvador Jesucristo, en satisfacción de las injurias que de nosotros había recibido, y aun me ofrecía yo a su divina bondad para sufrir todas las penas que le pluguiese enviarme, aunque fuera anonadada y arrojada en un abismo, antes que ver perecer esas almas que tan caras le han costado.

Santa Margarita María de Alacoque
“Fragmentos”
Vida Y Obras Completas De Santa Margarita María De Alacoque
P. José María Sáenz De Tejada
El Mensajero Del Corazón De Jesús, Bilbao 1946