Monday, May 19, 2014

Demonios, cuidado con el reverendo Gabriele Amorth

La siguiente es una versión en español publicada en El Economista de México de un artículo originalmente aparecido en inglés en The Washington Post, May-13-2014, pág A9.

Demonios, cuidado con el reverendo Gabriele Amorth

Anthony Faiola

Roma- La guarida del exorcista más conocido de la Iglesia Católica es un lugar sin pretensiones, una habitación en el tercer piso de una casa para sacerdotes ancianos, escondida en un rincón oscuro de Roma. Camino por el pasillo del hospital y el sacerdote se anticipa a mi llamada. La puerta se abre y ahí está: el reverendo Gabriele Amorth, de 89 años. “Adelante”, dice el sacerdote. Obedezco.

La habitación es austera, tiene una cama y numerosas imágenes de Jesús y de la Virgen María. Luego están los recuerdos que Amorth comenzó a guardar después de ser nombrado exorcista en 1980. Clavos. Llaves. Cadenas.

Sus servicios, aunque todavía tienen mucha demanda, no siempre son necesarios. “La mayoría de las veces no hay presencia diabólica real, mi trabajo es sugerirles que vivan con fe y oraciones”, comenta. “Esto es suficiente para calmar los temores de quienes temen los males del diablo”.

Sin embargo, otras veces, comenta, “realmente hay una influencia diabólica”.

Amorth afirma que dos veces vio a las víctimas poseídas levitar. “Tratamos de mantener a la persona en el sillón”, y agregó que los demonios “lo hacen sólo para mostrarse”.

Una hora más tarde, me invita a presenciar un exorcismo.

Antonella parece perfectamente normal. Eso está por cambiar.

Los exorcismos reales, a diferencia de los rituales rápidos de las películas, se cocinan más a fuego lento, a menudo se repiten los ritos por años antes de la gran limpieza.

Antonella y su esposo, Michel, supieron que algo andaba mal cuando ella comenzó a tener ataques violentos después de recibir la Eucaristía en la misa y entrar en trances en los que hablaba arameo y alemán, idiomas que nunca estudió.

Después de cuatro años de exorcismos con Amorth, sus ataques se han vuelto menos violentos. Ella dice que lo ve como un tratamiento a largo plazo de una terrible enfermedad. “Una enfermedad del alma”, añade.

Después de una ronda de oración, Amorth comienza su ataque espiritual. Canta en latín y exige a los demonios revelarse. “Dime tu nombre”. Antonella se retuerce en su asiento: “¡No! ¡No lo haré!”. Amorth repite: “Dime tu nombre”, hasta que finalmente, con los ojos en blanco, ella escupe un nombre: Asmodeo, el conocido demonio de la lujuría de la tradición bíblica.

“¿Cuántos son?”, pregunta el sacerdote. Ella gruñe y mueve la cabeza con violencia. “Somos cinco”, responde desafiante.

Después de su pelea con los demonios, Amorth simplemente se encoge de hombros. “Eso fue un año luz”, concluye.