Friday, February 21, 2014

Mensaje del Papa Francisco al cardenal Antonio Cañizares Llovera con motivo de la clausura del Simposio “Sacrosanctum Concilium”

Mensaje del Papa Francisco al cardenal Antonio Cañizares Llovera, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, a los 50 años de promulgada la Constitución Sacrosanctum Concilium, en la clausura del Simposio “Sacrosanctum Concilium”, organizado por la Pontificia Universidad Lateranense. Traducción de Secretum Meum Mihi basada en el texto proporcionado por Radio Vaticano en italiano, Feb-21-2014.

Al Venerado Hermano
Cardenal Antonio Cañizares Llovera
Prefecto de la Congregación para el Culto Divino
y la Disciplina de los Sacramentos

Han transcurrido 50 años de la promulgación de la Constitución Sacrosanctum Concilium, primer documento promulgado por el Concilio Vaticano II, y este importante aniversario hace surgir sentimientos de gratitud por la profunda y difusa renovación de la vida litúrgica, hecha posible por el Magisterio conciliar, para la gloria de Dios y la edificación de la Iglesia, y al mismo tiempo impulsa a relanzar el compromiso para acoger y actuar en manera siempre más plena tal enseñanza.

La constitución Sacrosanctum Concilium y los ulteriores desarrollos del Magisterio que han hecho comprender mayormente la comprensión de la liturgia a la luz de la revelación divina, cual «ejercicio de la función sacerdotal de Jesucristo», en la cual «el culto público integral es ejercitado por el cuerpo místico de Jesucristo, es decir, por la cabeza y por sus miembros» (SC, 7). Cristo se revela como el verdadero protagonista de toda celebración y Él «asocia siempre consigo a la Iglesia, su amadísima Esposa, la cual lo invoca como su Señor y por medio de Él tributa culto al Eterno Padre» (ibid.). Esa acción que tiene lugar por la potencia del Espíritu Santo, posee una profunda fuerza creadora capaz de atraer hacia sí a todo ser humano, y, de alguna manera, la creación entera.

Celebrar el verdadero culto espiritual significa ofrecerse como sacrificio viviente, santo y agradable a Dios (cfr Rm 12,1). Una liturgia que se separase del culto espiritual correría el riesgo de vaciarse, de caer de la originalidad cristiana en un sentido sacro genérico, casi mágico y en un vacío esteticismo. Al ser acción de Cristo, la liturgia empuja desde su interior a revestirse de los sentimientos de Cristo y, en este dinamismo, toda la realidad se transfigura. «Nuestro vivir diario en nuestro cuerpo, en las cosas pequeñas, debería estar inspirado, impregnado, inmerso en la realidad divina, debería convertirse en acción juntamente con Dios. Esto no quiere decir que debemos pensar siempre en Dios, sino que debemos estar realmente penetrados por la realidad de Dios, de forma que toda nuestra vida sea liturgia, sea adoración» (Benedicto XVI, Lectio divina al Seminario Romano, 15 de Febrero de 2012).

A la acción de gracias por cuanto ha sido posible realizar, es necesario unir una voluntad renovada de proseguir el camino indicado por los Padres conciliares porque todavía queda mucho por hacer para una correcta y completa asimilación de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia por parte de los bautizados y de las comunidades eclesiales. Me refiero en particular al empeño por una sólida y orgánica iniciación y formación litúrgica, tanto de los fieles laicos como del clero y de las personas consagradas.

Mientras expreso mi gratitud a todos cuantos han promovido y preparado tal encuentro, auspicio que ello porte los frutos esperados. Invoco por esto la intercesión de la Santísima Virgen María y envío de corazón a Usted, Señor Cardenal, a los Colaboradores, a los Relatores y a todos los participantes la Bendición Apostólica.