Saturday, February 01, 2014

La tijera franciscana en la Curia a veces causa traumatismos

Este es un artículo publicado en On Line News.it, Ene-31-2014. Traducción de Secretum Meum Mihi.

En espera a que se desarrollen las amplias reformas solicitadas por el Papa en las estructuras de la Iglesia con vistas a una racionalización de la Curia vaticana y de posibles fusiones de dicasterios, El papa Francisco procede ya a pequeños ajustes y simplificaciones que van a incidir directamente, a veces con resultados traumáticos, en el personal de la curia.

Es el caso de tres sacerdotes que trabajaban en la Congregación para el Clero, cuyo servicio es, anticipadamente, terminado hoy. La oficina en la cual desenvolvían sus encargos para la Congregación y que se ocupaba de los contenciosos jurídicos relacionados con la diócesis, ha sido de hecho considerada superflua por el momento que para problemas similares, de acuerdo con lo decidido en el Vaticano, estos pueden dirigirse a sus conferencias episcopales de pertenencia.

Sobre la decisión ha influido entre otras la voluntad del Papa Francisco de reenviar a las diócesis de proveniencia, para tareas más pastorales, a sacerdotes y religiosos que en cambio transcurren la mayor parte de su servicio en la burocracia interna en la curia, como en este caso. Así ya desde hace varias semanas, una nota firmada por el Papa llegó al escritorio del nuevo prefecto de la Congregación para el Clero, el cardenal ‘in pectore’ Beniamino Stella, indicando los nombres de los tres sacerdotes, dos italianos, uno de Centroamérica, que a 31 de enero tendrían que regresar a sus diócesis.

La decisión no ha estado privada de consecuencias sobre los tres empleados vaticanos, dos de los cuales, al menos, mientras les llega la edad, no han llegado a reunir los aportes necesarios para conseguir la pensión sin contar con que el pago en la diócesis es bien inferior al aplicado en la Curia. Pero aún más que el salario, sobre todo, lo que habría provocado mayor consternación en los tres sacerdotes es la incertidumbre en cuanto al propio futuro que la decisión determina.

La transferencia a las diócesis a las que pertenecen, de hecho, obliga también al obispo a encontrar en poco tiempo un nuevo encargo para el sacerdote enviado de regreso y no es del todo seguro que esté en grado de reubicarlo. Por el momento ciertamente escasean las parroquias de destino y los tres sacerdotes son susceptibles de transcurrir los próximos meses sin un encargo cualificante.

Los tres sacerdotes no han ocultado su malestar y desorientación al tener que emprender un nuevo camino cuando ya tenían uno desde hace tiempo, contando también con edad no tan joven, pero ciertamente a decisiones de este tipo se deberá acostumbrarse cada vez más. Francisco de hecho no ama a los sacerdotes sólo de escritorio e intenta racionalizar y valorar los “recursos humanos” del Vaticano, poniéndolos más al servicio pastoral de las diócesis y no a aquel del burocrático de los dicasterios.


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