Tuesday, April 16, 2013

«No hay vuelta atrás»; Francisco y el Concilio Vaticano II


Como ya Uds. saben, el Papa Francisco ha decidido no habitar los apartamentos papales sino que se quedó viviendo en la Casa Santa Marta, en donde diariamente celebra la Misa acompañado de diversas personas en cada ocasión. Una lastima que oficialmente no se hubiera adoptado la costumbre de darnos a conocer los textos de sus homilías, y en particular lo decimos con respecto a la de Abr-16-2013, en la cual el Papa parece haber usado el término “hermenéutica de la continuidad” con relación a la interpretación del Concilio Vaticano II, y tal vez —sólo tal vez— parece haber aludio a la Fraternidad San Pío X al hablar de los que “quieren dar vuelta atrás”.

En tanto conocemos más, este es un reporte en español hecho por Giacomo Galeazzi en Vatican Insider.

04/16/2013
«No hay vuelta atrás»; Francisco y el Concilio Vaticano II

Bergoglio recordó, el día del cumpleaños de Ratzinger, la acción de su predecesor para seguir el Vaticano II, que debe ser algo vivo

GIACOMO GALEAZZI
CIUDAD DEL VATICANO


El Concilio es «fruto del Espíritu», pero muchos «quieren dar vuelta atrás». Roncalli era «un párroco bueno» y el Vaticano II sigue siendo vigente. «Después de 50 años, ¿hemos hecho todo lo que nos ha pedido el Espíritu Santo con respecto al Concilio; en esa continuidad del crecimiento de la Iglesia que fue el Concilio?».

El que se planteó estas preguntas fue el Papa Francisco, que usó el término «continuidad» refiriéndose a la interpretación de Benedicto XVI (que expresó durante el importante discurso del 20 de diciembre de 2005 a la Curia Romana), según la cual la hermenéutica de la continuidad se contrapone a la de la ruptura que teorizó la Escuela de Boloña. El nuevo Pontífice responde: «no», el Concilio ha permanecido sin ser aplicado.

Por ello, el Vaticano II representa una oportunidad histórica para una gran revolución eclesiástica que todavía no se ha llevado completamente a cabo. Gracias al espíritu conciliar, la Iglesia se ha abierto al mundo, pero todavía hay mucho camino por delante. «Festejamos –dijo el Papa– este aniversario, hacemos un monumento, pero que no dé fastidio. No queremos cambiar. Es más: hay algunas voces que quieren dar vuelta atrás. Esto se llama ser testarudos, esto se llama querer domesticar al Espíritu Santo, esto se llama volverse flojos y lentos de corazón». «Lo mismo sucede –indicó el Pontífice– incluso en nuestra vida personal»: de hecho, «el Espíritu nos impulsa a tomar una vía más evangélica», pero nosotros nos resistimos. Es por ello que el Papa Francisco lanzó la siguiente exhortación: «no opongamos resistencia al Espíritu Santo. ¡Es el Espíritu el que nos hace libres, con esa libertad de Jesús, con esa libertad de ser hijos de Dios!».

«No oponer resistencia al Espíritu Santo: esta es –concluyó Francisco– la gracia que quisiera que todos nosotros pidiéramos al Señor: la docilidad al Espíritu Santo, a ese Espíritu que viene hacia nosotros y nos hace seguir adelante en la vía de la santidad, esa santidad tan hermosa de la Iglesia. La gracia de la docilidad al Espíritu Santo». Es decir, explicó el Pontífice en la homilía de la misa de esta mañana en la Capilla de la Casa Santa Marta, «el Espíritu Santo nos da fastidio. Porque nos mueve, nos hace caminar, impulsa a la Iglesia a seguir adelante. Y nosotros queremos que el Espíritu Santo se adormente, queremos domesticar al Espiritu Santo. Y esto no funciona. Porque Él es Dios y Él es ese viento que va y viene y tú no sabes de dónde. Es la fuerza de Dios, es lo que nos da el consuelo y la fuerza para seguir adelante. Pero... ¡seguir adelante! Esto da fastidio. La comodidad es más bonita».

«Hoy –prosiguió el Papa–, parece que todos “estamos contentos” por la presencia del Espíritu Santo, pero no es cierto. Esta tentación todavía es actual, somos como Pedro en la Transfiguración: “¡Ah, qué bonito estar así, todos juntos!”, pero que no nos dé fastidio». Y, justamente, el Papa Francisco denucnió que el Concilio Vaticano II que muchos querrían es un concilio que se celebra pero que no se vive plenamente.

El punto de partida de la homilía del Papa fue la primera lectura que hablaba sobre el martirio de San Esteban, que, antes de ser lapidado, aunicó la Resurrección de Cristo resucitado y amonestó a los presentes con palabras fuertes: «¡Testarudos! Ustedes siempre oponen resistencia al Espíritu Santo». Esteban recuerda a todos los que han perseguido a los profetas y que, después de haberlos asesinado, han construido «una tumba bonita» para, solamente después, venerarlos. El Concilio fue un evento extraordinario y no solo para la Iglesia, sino para todo el mundo, puesto que cambió el rostro de las jerarquías eclesiásticas y ofreció una esperanza a la humanidad durante los años de la Guerra Fría. La Iglesia, finalmente, fue entendida como Pueblo de Dios y la jerarquía se puso al servicio de los fieles. «También Jesús –observó el Papa– regañó a los discípulos de Emaús», porque eran lentos y perezosos para creer todo lo que habían anunciado los profetas.

«Siempre, incluso entre nosotros, existe esa resistencia al Espíritu Santo». Además, «El Concilio fue una obra hermosa del Espíritu Santo; piensen en el Papa Juan: parecía un párroco buenoy él fue obediente al Espíritu Santo e hizo eso». Aunque muchos al comienzo lo consideraban un “Pontífice de transición, Roncalli promovió el evento más relevante de la historia eclesiástica contemporánea, llamando a todos los hombres de buena voluntad, dialogando con las demás religiones y con los no creyentes, saliendo de los muros del Vaticano y difundiendo el mensaje cristiano en las cárceles, en los hospitales, en las casas y en los trenes.

Polonia inaugura estatua gigante de Juan Pablo II




Tal como se había anunciado previamente (ver aquí), una estatua de Juan Pablo II de 14 Mts. de altura fue inaugurada el pasado Sábado, Abr-13-2013.

Información de agencia AP, Abr-13-2013.

Una estatua gigante del fallecido papa Juan Pablo II de la que se dice es la más elevada del mundo fue inaugurada el sábado en el sur de Polonia.

El arzobispo Waclaw Depo develó el monumento en honor del pontífice polaco en la ciudad meridional de Czestochowa, sede del monasterio de Jasna Gora, el centro de peregrinación más importante de este país predominantemente católico.

La estatua blanca de fibra de vidrio tiene una altura de unos cinco pisos, casi 14 metros (más 45 pies) , en una colina que domina la ciudad.

Fue financiada por el empresario Leszek Lyson en gratitud por lo que dice fue la intervención del Santo Padre en la salvación de su hijo cuando estaba a punto de ahogarse.

Juan Pablo II, que encabezó la Iglesia católica durante 27 años antes de morir en el 2005, sigue siendo muy admirado en su país.






Papa Francisco telefonea a Benedicto XVI y ofrece la Misa por Él

Información de V.I.S., Abr-16-2013.

Ciudad del Vaticano, 16 abril 2013 (VIS).- Esta mañana con motivo del ochenta y seis cumpleaños del Papa emérito Benedicto XVI, el Santo Padre Francisco, ha empezado la celebración de la Misa en la capilla de la Casa Santa Marta invitando a todos los presentes a rezar con estas palabras: “Hoy es el cumpleaños de Benedicto XVI, ofrezcamos la Misa por él, para que el Señor le acompañe, le conforte y le consuele mucho”.

A lo largo de la mañana el Papa Francisco ha telefoneado a Benedicto XVI a Castelgandolfo para felicitarle haciendo extensivos sus saludos y sus mejores deseos a su hermano, Mons. Georg Ratzinger, que se encuentra desde hace varios días en esa localidad, para festejar en familia el cumpleaños del Papa emérito y que, a su vez, celebrará dentro de poco, el 23 de abril, San Jorge, su onomástico, como el Santo Padre.

Superior General de la FSSPX/SSPX: “Seguimos estando en el punto de partida, tal como estaba en los años 70”

DICI, Abr-15-2013, publica el texto en español de la Carta a los amigos y benefactores de Abril de 2013 del Superior General de la FSSPX/SSPX, Bernard Fellay. Usualmente esta carta no aparece publicada en español, con lo que se puede inferir que existe alguna intención particular de darla a conocer en varios idiomas,incluido el español. En principio, la carta bosqueja una especie de estado doctrinal actual de la FSSPX/SSPX, el cual, su Superior describe como igual al “punto de partida, tal como estaba en los años 70”. Como desde el año pasado la CDF dió un plazo prudente para que la FSSPX/SSPX dirigiera una respuesta definitiva al llamado “preámbulo doctrinal”, de la lectura de este texto se puede decantar el tenor de su respuesta (énfasis originales).

Queridos amigos y benefactores,

Hace mucho tiempo que esta carta se hacía esperar, y es con alegría, en este tiempo pascual, que quisiéramos hacer un balance y exponer algunas reflexiones sobre la situación de la Iglesia.

Como ustedes saben, la Fraternidad se halló en una posición delicada durante gran parte del año 2012, a resultas del último movimiento hecho por Benedicto XVI que intentaba normalizar nuestra situación. Las dificultades provenían, por un lado, de las exigencias que acompañaban la proposición romana – a las que no pudimos y seguimos sin poder suscribir–, y por otro, de una falta de claridad de parte de la Santa Sede que no permitía conocer exactamente la voluntad del Santo Padre, ni qué estaba dispuesto a concedernos. El problema causado por esta incertidumbre se disipó desde el 13 de junio de 2012, con una confirmación neta el 30 del mismo mes, mediante una carta del propio Benedicto XVI que manifestaba claramente y sin ambigüedades las condiciones que se nos imponían para una normalización canónica.

Estas condiciones son de orden doctrinal. Recaen sobre la aceptación total del Concilio Vaticano II y la misa de Pablo VI. Por otra parte, como escribió Mons. Augustine Di Noia, vice-presidente de la Comisión Ecclesia Dei en una carta dirigida a los miembros de la Fraternidad San Pío X a fines del año pasado, en el plano doctrinal seguimos estando en el punto de partida, tal como estaba en los años 70’. Lamentablemente no podemos hacer más que suscribir a esta comprobación de las autoridades romanas y reconocer la actualidad del análisis de Mons. Lefebvre, fundador de nuestra Fraternidad, que no ha variado en las décadas que siguieron al Concilio hasta su muerte. Su percepción muy justa, a la vez teológica y práctica, sigue teniendo vigencia, cincuenta años después del inicio del Concilio.

Deseamos recordar este análisis que la Fraternidad San Pío X siempre hizo suyo y que sigue siendo el hilo conductor de su posición doctrinal y de su acción: reconociendo que la crisis que sacude la Iglesia también tiene causas exteriores, el Concilio mismo es el agente principal de su autodestrucción.

A fines del Concilio Mons. Lefebvre expuso al Cardenal Alfredo Ottatiani en carta del 20 de diciembre de 1966, los daños causados por el Concilio a toda la Iglesia. Yo ya la citaba en la Carta a los amigos y benefactores n° 68 del 29 de septiembre de 2005. Es conveniente releer hoy en día algunos pasajes:

“Mientras el Concilio se preparaba para proyectar un haz luminoso en el mundo de hoy si se hubiesen utilizado los esquemas preparados, en los que se encontraba una profesión solemne de doctrina segura frente a los problemas modernos, se puede y se debe desgraciadamente afirmar:

Que de una manera casi general, cuando el Concilio ha innovado, ha hecho tambalear la certeza de verdades enseñadas por el Magisterio auténtico de la Iglesia como pertenecientes definitivamente al tesoro de la Tradición.

“Ya se trate de la transmisión de la jurisdicción de los obispos, de las dos fuentes de la Revelación, la inspiración de la Escritura, de la necesidad de la gracia para la justificación, de la necesidad del bautismo católico, de la vida de la gracia en los herejes, cismáticos y paganos, de los fines del matrimonio, de la libertad religiosa, de los novísimos, etc. Sobre estos puntos fundamentales la doctrina tradicional era clara y enseñada unánimemente en las universidades católicas. Ahora bien, numerosos textos del Concilio acerca de estas verdades permiten que ahora se dude.

“Las consecuencias han sido rápidamente extraídas y aplicadas en la vida de la Iglesia:

“- Las dudas sobre la necesidad de la Iglesia y de los sacramentos implican la desaparición de las vocaciones sacerdotales.

“- Las dudas sobre la necesidad y la naturaleza de la ‘conversión’ de toda alma implican la desaparición de las vocaciones religiosas, la ruina de la espiritualidad tradicional en los noviciados y la inutilidad de las misiones.

“- Las dudas sobre la legitimidad de la autoridad y la exigencia de la obediencia provocadas por la exaltación de la dignidad humana, de la autonomía de la conciencia y de la libertad, conmueven todas las sociedades, comenzando por la Iglesia, las congregaciones religiosas, las diócesis, la sociedad civil y la familia.

“- El orgullo tiene por consecuencia natural todas las concupiscencias de los ojos y de la carne. Quizá una de las comprobaciones más horribles de nuestra época es ver a qué degradación moral llegó la mayor parte de las publicaciones católicas. Se habla sin ningún pudor de la sexualidad, de la limitación de los nacimientos por todos los medios, de la legitimidad del divorcio, de la educación mixta, del coqueteo, de los bailes, como medios necesarios para la educación cristiana, del celibato sacerdotal, etc.

“- Las dudas sobre la necesidad de la gracia para ser salvados provocan la desestima del bautismo, ahora relegado para más tarde, y el abandono del sacramento de la penitencia. Además, se trata sobre todo de una actitud de los sacerdotes, no de los fieles. Lo mismo sucede con la presencia real: son los sacerdotes los que actúan como si ya no creyesen, escondiendo el Santísimo Sacramento, suprimiendo todas las muestras de respeto hacia el Santísimo y todas las ceremonias en su honor.

“- Las dudas sobre la necesidad de la Iglesia como única arca de salvación, sobre la Iglesia católica como la única verdadera religión, provenientes de las declaraciones sobre el ecumenismo y la libertad religiosa, destruyen la autoridad del Magisterio de la Iglesia. En efecto, Roma ya no es la Maestra de Verdad única y necesaria.

En consecuencia, impulsado por los hechos, hay que concluir que el Concilio ha favorecido de una manera inconcebible la difusión de los errores liberales. La fe, la moral y la disciplina cristiana son conmovidas en sus fundamentos, tal como lo predijeron todos los Papas.

“La destrucción de la Iglesia avanza a paso rápido. Gracias a una autoridad exagerada concedida a las conferencias episcopales el Sumo Pontífice se ató de pies y manos. ¡Cuántos ejemplos dolorosos en un sólo año! Sin embargo, el Sucesor de Pedro y sólo el Sucesor de Pedro puede salvar la Iglesia.

“Que el Santo Padre se rodee de vigorosos defensores de la fe, que los nombre en las diócesis importantes. Quiera a través de documentos importantes proclamar la fe, perseguir el error, sin temer las contradicciones, sin temer los cismas, sin temer desafiar las disposiciones pastorales del Concilio.

“Quiera el Santo Padre alentar a los obispos a recuperar la fe y la moral individualmente, cada uno en sus diócesis respectivas, como conviene a todo buen pastor; sostener a los obispos valientes, incitarlos a reformar sus seminarios, a restaurar los estudios según Santo Tomás; alentar a los superiores generales a mantener en los noviciados y en las comunidades los principios fundamentales de toda la ascesis cristiana, sobre todo la obediencia; alentar el desarrollo de las escuelas católicas, la prensa de buena doctrina, las asociaciones de familias cristianas; en fin, reprender a los fautores de errores y reducirlos a silencio. Las alocuciones de los miércoles no pueden remplazar las encíclicas, las directivas y las cartas a los obispos.

“¡Sin duda soy muy temerario expresándome de esta manera! Sin embargo, compongo estas líneas movido por un amor ardiente, amor por la gloria de Dios, amor por Jesucristo, amor por María, por su Iglesia, por el Sucesor de Pedro, obispo de Roma, Vicario de Jesucristo”.

El 21 de noviembre de 1974, tras la visita apostólica hecha al seminario de Ecône, Mons. Lefebvre juzgó necesario resumir su posición en la célebre declaración que tendrá como consecuencia, algunos meses más tarde, la injusta supresión canónica de la Fraternidad San Pío X, que nuestro fundador y sus sucesores siempre consideraron nula. Este texto capital se abría con esta profesión de fe, que es la de todos los miembros de la Fraternidad:

“Adherimos de todo corazón y con toda nuestra alma a la Roma católica, guardiana de la fe católica y de las tradiciones necesarias para mantener esta fe; a la Roma eterna, maestra de sabiduría y de verdad.

“Rechazamos en cambio, y hemos siempre rechazado, seguir la Roma de tendencia neo-modernista y neo-protestante que se manifestó claramente en el Concilio Vaticano II, y después del Concilio, en todas las reformas que salieron de él.

“Todas estas reformas, en efecto, han contribuido y contribuyen aún a la demolición de la Iglesia, a la ruina del sacerdocio, a la aniquilación del Sacrificio y de los sacramentos, a la desaparición de la vida religiosa, a una enseñanza naturalista y teilhardiana en las universidades, en los seminarios, en la catequesis; enseñanza salida del liberalismo y del protestantismo condenados repetidas veces por el magisterio solemne de la Iglesia”.

Y esta declaración concluía con las siguientes líneas:

“La única actitud de fidelidad a la Iglesia y a la doctrina católica, para nuestra salvación, es el rechazo categórico de la aceptación de la reforma.

“Por eso, sin ninguna rebelión, sin ninguna amargura, sin ningún resentimiento, proseguimos nuestra obra de formación sacerdotal bajo la égida del magisterio de siempre, persuadidos de que no podemos hacer un servicio más grande a la Santa Iglesia católica, al Sumo Pontífice y a las generaciones futuras”.

En 1983, recordando el sentido del combate por la Tradición, Mons. Lefebvre dirigía un manifiesto episcopal a Juan Pablo II, firmado junto a Mons. Antonio de Castro Mayer, en el que denunciaba una vez más, la devastación causada por las reformas postconciliares y el espíritu nefasto que se difundió por todas partes. Subrayaba en particular los puntos siguientes en relación al falso ecumenismo, la colegialidad, la libertad religiosa, el poder del papa y la nueva misa:

- El falso ecumenismo:

“Este ecumenismo también es contrario a las enseñanzas de Pío XI en la encíclica Mortalium animos: sobre este particular es oportuno exponer y rechazar cierta opinión falsa, que está en la raíz de este problema y de este movimiento complejo por medio del cual los no-católicos se esfuerzan por realizar la unión de las iglesias cristianas.

Los que adhieren a esta opinión citan constantemente las palabras de Cristo: “Que sean uno… y que no exista más que un sólo rebaño y un sólo pastor” (Jn. 17,21 y 10,16) y pretenden que a través de estas palabras Cristo manifiesta un deseo o una plegaria que nunca fue realidad. Pretenden de hecho que la unidad de la fe y de gobierno, que es una de las notas de la verdadera Iglesia de Cristo, prácticamente hasta hoy en día nunca ha existido y actualmente no existe.

“Este ecumenismo, condenado por la moral y el derecho católicos, llega a permitir la recepción de los sacramentos de la penitencia, de la eucaristía y de la extremaunción de manos de ‘ministros no-católicos’ (Canon 844 N. C.) y favorece la ‘hospitalidad ecuménica’ autorizando a los ministros católicos a dar el sacramento de la eucaristía a los no-católicos”.

- La colegialidad:

“La doctrina ya sugerida por el documento Lumen gentium del Concilio Vaticano II será retomada explícitamente por el nuevo Derecho Canónico (Can. 336); doctrina según la cual el colegio de los obispos junto al Papa goza igualmente del poder supremo en la Iglesia y ello de una manera habitual y constante.

“Esta doctrina del doble poder supremo es contraria a la enseñanza y a la práctica del magisterio de la Iglesia, especialmente del Concilio Vaticano I (DZ. 3055), y de la encíclica de León XIII Satis cognitum. Sólo el Papa goza del poder supremo, que él comunica en la medida que juzga oportuno y en circunstancias extraordinarias.

“A este grave error está ligada la orientación democrática de la Iglesia; los poderes residen en el ‘pueblo de Dios’, tal como es definido en el nuevo Derecho. Este error jansenista ha sido condenado por la Bula Auctorem fidei de Pío VI (DZ. 2602)”.

- La libertad religiosa:

“La declaración Dignitatis humanae del Concilio Vaticano II afirma la existencia de un falso derecho natural del hombre en materia religiosa, contrariamente a las enseñanzas pontificias, que niegan formalmente semejante blasfemia.

“Así, Pío IX en la encíclica Quanta cura y en el Syllabus, León XIII en sus encíclicas Libertas praestantissimum e Immortale Dei, Pío XII en su alocución Ci Riesce a los juristas católicos italianos, niegan que la razón y la revelación funden semejante derecho.

“El Vaticano II cree y profesa, de una manera universal, que ‘la verdad no puede imponerse más que por la fuerza propia de la verdad’, lo cual se opone formalmente a las enseñanzas de Pío VI contra los jansenistas del conciliábulo de Pistoya (DZ. 2604). El Concilio llega al absurdo de afirmar el derecho a no adherir y a no seguir la verdad, a obligar a los gobiernos civiles a ya no hacer discriminaciones por motivos religiosos, estableciendo la igualdad jurídica entre las falsas y la verdadera religión (…).

“Las consecuencias del reconocimiento del Concilio de este falso derecho del hombre destruye los fundamentos del reino social de nuestro Señor, conmueve la autoridad y el poder de la Iglesia en su misión de hacer reinar nuestro Señor en los espíritus y en los corazones, llevando adelante el combate con las fuerzas satánicas que subyugan las almas. Es espíritu misionero será acusado de proselitismo exagerado.

“La neutralidad de los Estados en materia religiosa es injuriosa para nuestro Señor y su Iglesia, cuando se trata de Estados con mayoría católica”.

- El poder del Papa:

“Por cierto, el poder del Papa en la Iglesia es un poder supremo, pero no puede ser absoluto y sin límites, dado que está subordinado al poder divino, que se expresa en la Tradición, en la Sagrada Escritura y en las definiciones ya promulgadas por el magisterio eclesiástico (DZ. 3116).

“El poder del Papa está subordinado y limitado por el fin para el cual su poder le ha sido dado. Este fin ha sido claramente definido por el Papa Pío IX en la Constitución Pastor aeternus del Concilio Vaticano I (DZ. 3070). Sería un abuso de poder intolerable modificar la constitución de la Iglesia y pretender invocar el derecho humano contra el derecho divino, como en la libertad religiosa, como en la hospitalidad eucarística autorizada por el nuevo Derecho, como en la afirmación de los dos poderes supremos en la Iglesia.

“Está claro que en estos casos y otros semejantes, es un deber de todo clérigo y fiel católico resistir y rehusar la obediencia. La obediencia ciega es un contrasentido y nadie está exento de responsabilidad por haber obedecido a los hombres más que a Dios (DZ. 3115); y esta resistencia debe ser pública si el mal es público y es un objeto de escándalo para las almas (Suma teológica, II, II, 33, 4).

“Estos son principios elementales de moral, que regulan las relaciones de los sujetos con todas las autoridades legítimas.

“Esta resistencia encuentra además una confirmación en el hecho que actualmente son castigados los que se aferran firmemente a la Tradición y a la fe católica, y que aquellos que profesan doctrinas heterodoxas o realizan verdaderos sacrilegios en modo alguno son inquietados. Esa es la lógica del abuso de poder”.

- La nueva misa:

“Contrariamente a las enseñanzas del Concilio de Trento, en su sesión XXIIª, contrariamente a la encíclica Mediator Dei de Pío XII, se ha exagerado el lugar de los fieles en la participación en la misa y se ha disminuido el lugar del sacerdote, convertido en simple presidente. Se ha exagerado el lugar de la liturgia de la palabra y se ha disminuido el lugar del sacrificio propiciatorio. Se ha exaltado la comida comunitaria y se ha laicizado, a expensas del respeto y de la fe en la presencia real por la transustanciación”.

“Suprimiendo la lengua sagrada, se han pluralizado al infinito los ritos, profanándolos con aportes mundanos o paganos, y se han difundido falsas traducciones a expensas de la verdadera fe y de la verdadera piedad de los fieles”.

En 1986, a propósito del encuentro interreligioso de Asís, que constituía un escándalo inaudito en la Iglesia católica, y sobre todo una violación del primero de todos los mandamientos – “tu adorarás un único Dios” –, durante el cual se vio al Vicario de Cristo invitar a los representantes de todas las religiones a que invocasen a sus falsos dioses, Mons. Lefebvre protestó vehementemente. Dirá incluso haber visto en este acontecimiento insoportable para todo corazón católico uno de los signos que había pedido al Cielo antes de poder proceder a las consagraciones episcopales.

En la Carta a los Amigos y Benefactores n° 40 del 2 de febrero de 1991, el Padre Franz Schmidberger, segundo Superior general de la Fraternidad San Pío X, retomó el conjunto de la cuestión y recordó la posición católica en un pequeño compendio de los errores contemporáneos opuestos a la fe. Y nosotros hemos pedido a algunos sacerdotes resumir en una especie de vademécum el conjunto de estos puntos en diversos escritos después publicados, uno de los cuales es el notable Catecismo de la crisis de la Iglesia del Padre Matthias Gaudron.

Actualmente, siguiendo la misma línea, no podemos hacer más que repetir lo que afirmaron Mons. Lefebvre y el P. Schmidberger en pos de él. Todos los errores que ellos denunciaron, nosotros los denunciamos. Nosotros suplicamos al Cielo y a las autoridades de la Iglesia, en particular al nuevo Sumo Pontífice, el Papa Francisco, Vicario de Cristo, sucesor de Pedro, que no dejen que las almas se pierdan por no recibir más la sana doctrina, el depósito revelado, la fe, sin la cual nadie puede salvarse y agradar a Dios.

¿De qué sirve dedicarse a los hombres si se les oculta lo esencial, el fin y el sentido de sus vidas, y la gravedad del pecado que los aleja de aquello? La caridad por los pobres, los más desfavorecidos, los relegados, los enfermos, siempre ha sido una verdadera preocupación de la Iglesia y no hay que prescindir de ello; pero si esto se reduce a la pura filantropía y al antropocentrismo, entonces la Iglesia ya no cumple su misión, no conduce las almas a Dios, lo cual no puede hacerse realmente más que a través de medios sobrenaturales, la fe, la esperanza, la caridad, la gracia; y por tanto, denunciando todo lo que se le opone: los errores contra la fe y contra la moral. Porque si ante la ausencia de esta denuncia los hombres pecan, se condenan para toda la eternidad. La razón de ser de la Iglesia es salvarlos y hacerles evitar la desgracia de su eterna condena.

Evidentemente, esto no será del agrado del mundo, que entonces se volverá contra la Iglesia, frecuentemente con violencia, como nos lo muestra la historia.

Estamos, pues, en Pascua de 2013 y la situación de la Iglesia está prácticamente sin cambios. Las palabras de Mons. Lefebvre tienen un acento profético. Todo se ha verificado y todo continúa para gran desgracia de las almas que ya no escuchan de sus pastores el mensaje de salvación.

Sin dejarnos abrumar, ya sea por la duración de esta crisis terrible o bien por la cantidad de prelados y de obispos que prosiguen la autodestrucción de la Iglesia, como lo reconocía Pablo VI, nosotros continuamos proclamando, en la medida de nuestros medios, que la Iglesia no puede cambiar sus dogmas ni su moral. Porque sus venerables instituciones no se tocan sin provocar un verdadero desastre. Si ciertas modificaciones accidentales que recaen sobre la forma exterior deben ser hechas – como se produce en todas las instituciones humanas – ellas no pueden ser hechas en ningún caso en oposición a los principios que han guiado a la Iglesia en todos los siglos precedentes.

La consagración a San José, decidida por el Capítulo general de julio de 2012, sucede justo en este momento decisivo.

¿Por qué San José? Porque es el Patrono de la Iglesia católica. Él continúa teniendo para con el Cuerpo místico el papel que Dios Padre le había confiado respecto a su Hijo divino. Siendo Cristo el jefe de la Iglesia, cabeza del Cuerpo místico, de allí se sigue que aquel que tenía el cargo de proteger al Mesías, al Hijo de Dios hecho hombre, vea extenderse su misión a todo el Cuerpo místico.

Así como su papel fue muy discreto y en gran parte oculto – pero al mismo tiempo perfectamente eficaz–, así también este rol protector –igualmente eficaz para con la Iglesia– se realiza hoy en día en una gran discreción. Sólo con el paso de los siglos se fue manifestando más y más clara la devoción a San José. Uno de los santos más grandes, uno de los más discretos. Siguiendo a Pío IX, que lo declaró Patrono de toda la Iglesia, sobre los pasos de León XIII, que confirmó este papel y que inauguró la magnífica Oración a San José, Patrono de la Iglesia universal – que nosotros rezamos todos los días en la Fraternidad –, siguiendo a San Pío X, que profesaba una devoción especial por San José, cuyo nombre llevaba, queremos hacer nuestras, en este momento dramático de la historia de la Iglesia, esta devoción y este patronazgo.

Queridos amigos y benefactores de la Fraternidad San Pío X: los bendigo de todo corazón, expresándoles mi gratitud por vuestras oraciones y vuestra generosidad en favor de la obra de restauración de la Iglesia iniciada por Mons. Lefebvre. Más aún, pido a San José que les obtenga las gracias divinas que vuestras familias necesitan para permanecer fieles a la Tradición católica.

+ Bernard Fellay