Sunday, April 14, 2013

Uno de los ocho consejeros papales viaja a Roma


La agencia AAP (vía Sydney Morning Herald), Abr-14-2013, informa que una portavoz de la arquidiócesis de Sydney, Australia, ha confirmado que el cardenal Arzobispo de Sydney, George Pell, viajó a Roma el Domingo en la tarde en una visita previa a la primera reunión oficial que tendrá en Octubre el Papa Francisco con el grupo de ocho cardenales consejeros que nombró recientemente.

Explicación para la “Misa twittera” tica: Todo lo que no está expresamente prohibido está permitido

El promotor de la tal “Misa twittera” tica ha dado la explicación —no confundir con ‘justificación’— para su realización. Lo ha hecho mediante su sitio de internet, Abr-12-2013, y según dice, vistas las “amenazas”, las cuales no dicen en qué consisten. A lo mejor las tales “amenazas” consistan en que haya fieles que preocupados por el asunto se dirijan a las autoridades correspondientes. Así lo dice claramente cuando expresa que los mismos “asedian al Vicario General, con quien hablé para explicarle el asunto, y acosan a la secretaria del P. Villalta”.

Pero bueno, vayamos a la explicación. Dice textualmente su promotor:

En ninguna parte de la normativa litúrgica se mencionan las redes sociales o el teléfono celular. Ciertamente todos consideramos mejor que la gente no use sus aparatos en misa para no distraerse, solo que en este caso, y la comunidad parroquial ya lo sabe, se hace una excepción.

Ahí lo tienen, como no está taxativamente legislado entonces se convierte en aprobado, permitido y recomendado.

Bueno, las normas litúrgicas tampoco dicen que esté prohibido, por ejemplo, cortarse las uñas de los pies durante la Misa. Siguiendo esa —manguiancha— manera de pensar, ¿para cuando organizan una Misa para los que les guste cortarse las uñas de los pies sin desmedro de la digna y decorosa participación durante la Misa?

¡De la gente con ideas, líbranos Señor!


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¿Uso alternado de “anillo del pescador”?

Se nos ha ocurrido la hipótesis de que al modo como se ha anunciado oficialmente que el Papa Francisco hará un uso intercalado de férulas, así está sucediendo con el “anillo del pescador”, en el sentido de que el Papa sólo lo usa durante las celebraciones litúrgicas, regresando al uso del anillo que usaba siendo cardenal en sus otras actividades del día a día, tal como se ha notado hoy durante la celebración de la Santa Misa en la Basílica de San Pablo Extramuros, en donde claramente ha usado el “anillo del pescador” (Imágenes provistas por Getty Images, click sobre las imágenes para ampliar).







Entradas Relacionadas: Nos falló la teoría sobre el uso alternado del “anillo del pescador”.

Zapatero del Papa habla de su preferencia por usar zapatos comunes

Se llama Carlos Samaria, es el zapatero del Papa Francisco, y habla la preferencia del Papa por usar los zapatos comunes en un artículo publicado en la edición dominical de Clarín, Abr-14-2013, pág 44 (click sobre la imágen para ampliar).


Nuevamente las palabras “por todos” en la consagración del cáliz en Misa papal


Tal como ocurrió hace una semana durante la consagración del cáliz en la Misa de Toma de posesión como Obispo de Roma en la Basílica Lateranense y por los mismos motivos, hoy, en la consagración del cáliz durante la Misa celebrada en la Basílica de San Pablo Extramuros, el Papa Francisco ha pronunciado las palabras “por todos” (“per tutti”) en lugar de “por muchos” (“pro multis”), tal como hubiera sido deseable si los Sres. Obispos de Italia hubieran ya hecho la corrección del Nuevo Misal Romano, Editio Typica Tertia, según como dispuso en Oct-17-2006 la Congregación para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos. En la imágen inferior la parte del libreto para la celebración aludida con el destacado de las palabras consecratorias del cáliz en el óvalo rojo.


Papa Francisco: “Anunciar, dar testimonio, adorar”

Queridos Hermanos y Hermanas:

Me alegra celebrar la Eucaristía con ustedes en esta Basílica. Saludo al Arcipreste, el Cardenal James Harvey, y le agradezco las palabras que me ha dirigido; junto a él, saludo y doy las gracias a las diversas instituciones que forman parte de esta Basílica, y a todos vosotros. Estamos sobre la tumba de san Pablo, un humilde y gran Apóstol del Señor, que lo ha anunciado con la palabra, ha dado testimonio de él con el martirio y lo ha adorado con todo el corazón. Estos son precisamente los tres verbos sobre los que quisiera reflexionar a la luz de la Palabra de Dios que hemos escuchado: anunciar, dar testimonio, adorar.

En la Primera Lectura llama la atención la fuerza de Pedro y los demás Apóstoles. Al mandato de permanecer en silencio, de no seguir enseñando en el nombre de Jesús, de no anunciar más su mensaje, ellos responden claramente: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres». Y no los detiene ni siquiera el ser azotados, ultrajados y encarcelados. Pedro y los Apóstoles anuncian con audacia, con parresia, aquello que han recibido, el Evangelio de Jesús. Y nosotros, ¿somos capaces de llevar la Palabra de Dios a nuestros ambientes de vida? ¿Sabemos hablar de Cristo, de lo que representa para nosotros, en familia, con los que forman parte de nuestra vida cuotidiana? La fe nace de la escucha, y se refuerza con el anuncio. Pero demos un paso más: el anuncio de Pedro y de los Apóstoles no consiste sólo en palabras, sino que la fidelidad a Cristo entra en su vida, que queda transformada, recibe una nueva dirección, y es precisamente con su vida con la que dan testimonio de la fe y del anuncio de Cristo. En el Evangelio, Jesús pide a Pedro por tres veces que apaciente su grey, y que la apaciente con su amor, y le anuncia: «Cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras» (Jn 21,18). Esta es una palabra dirigida a nosotros, los Pastores: no se puede apacentar el rebaño de Dios si no se acepta ser llevados por la voluntad de Dios incluso donde no queremos, si no hay disponibilidad para dar testimonio de Cristo con la entrega de nosotros mismos, sin reservas, sin cálculos, a veces a costa incluso de nuestra vida. Pero esto vale para todos: el Evangelio ha de ser anunciado y testimoniado. Cada uno debería preguntarse: ¿Cómo doy yo testimonio de Cristo con mi fe? ¿Tengo el valor de Pedro y los otros Apóstoles de pensar, decidir y vivir como cristiano, obedeciendo a Dios? Es verdad que el testimonio de la fe tiene muchas formas, como en un gran mural hay variedad de colores y de matices; pero todos son importantes, incluso los que no destacan. En el gran designio de Dios, cada detalle es importante, también el pequeño y humilde testimonio tuyo y mío, también ese escondido de quien vive con sencillez su fe en lo cotidiano de las relaciones de familia, de trabajo, de amistad. Hay santos del cada día, los santos «ocultos», una especie de «clase media de la santidad», de la que todos podemos formar parte. Pero en diversas partes del mundo hay también quien sufre, como Pedro y los Apóstoles, a causa del Evangelio; hay quien entrega la propia vida por permanecer fiel a Cristo, con un testimonio marcado con el precio de su sangre. Recordémoslo bien todos: no se puede anunciar el Evangelio de Jesús sin el testimonio concreto de la vida. Quien nos escucha y nos ve, debe poder leer en nuestros actos eso mismo que oye en nuestros labios, y dar gloria a Dios. La incoherencia de los fieles y los Pastores entre lo que dicen y lo que hacen, entre la palabra y el modo de vivir, minan la credibilidad de la Iglesia.

Pero todo esto solamente es posible si reconocemos a Jesucristo, porque es él quien nos ha llamado, nos ha invitado a recorrer su camino, nos ha elegido. Anunciar y dar testimonio es posible únicamente si estamos junto a él, justamente como Pedro, Juan y los otros discípulos estaban en torno a Jesús resucitado, como dice el pasaje del Evangelio de hoy; hay una cercanía cotidiana con él, y ellos saben muy bien quién es, lo conocen. El Evangelista subraya que «ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor» (Jn 21,12). Esto es un punto importante para nosotros: vivir una relación intensa con Jesús, una intimidad de diálogo y de vida, de tal manera que lo reconozcamos como «el Señor», lo adoremos. El pasaje del Apocalipsis que hemos escuchado nos habla de la adoración: miríadas de ángeles, todas las creaturas, los vivientes, los ancianos, se postran en adoración ante el Trono de Dios y el Cordero inmolado, que es Cristo, a quien se debe alabanza, honor y gloria (cf. Ap 5,11-14). Quisiera que nos hiciéramos todos una pregunta: Tú, yo, ¿adoramos al Señor? ¿Acudimos a Dios sólo para pedir, para agradecer, o nos dirigimos a él también para adorarlo? Pero, entonces, ¿qué quiere decir adorar a Dios? Significa aprender a estar con él, a pararse a dialogar con él, sintiendo que su presencia es la más verdadera, la más buena, la más importante de todas. Cada uno de nosotros, en la propia vida, de manera consciente y tal vez a veces sin darse cuenta, tiene un orden muy preciso de las cosas consideradas más o menos importantes. Adorar al Señor quiere decir darle a él el lugar que le corresponde; adorar al Señor quiere decir afirmar, creer – pero no simplemente de palabra – que únicamente él guía verdaderamente nuestra vida; adorar al Señor quiere decir que estamos convencidos ante él de que es el único Dios, el Dios de nuestra vida, de nuestra historia.

Esto tiene una consecuencia en nuestra vida: despojarnos de tantos ídolos, pequeños o grandes, que tenemos, y en los cuales nos refugiamos, en los cuales buscamos y tantas veces ponemos nuestra seguridad. Son ídolos que a menudo mantenemos bien escondidos; pueden ser la ambición, el gusto del éxito, el poner en el centro a uno mismo, la tendencia a estar por encima de los otros, la pretensión de ser los únicos amos de nuestra vida, algún pecado al que estamos apegados, y muchos otros. Esta tarde quisiera que resonase una pregunta en el corazón de cada uno, y que respondiéramos a ella con sinceridad: ¿He pensado en qué ídolo oculto tengo en mi vida que me impide adorar al Señor? Adorar es despojarse de nuestros ídolos, también de esos más recónditos, y escoger al Señor como centro, como vía maestra de nuestra vida. Queridos hermanos y hermanas, el Señor nos llama cada día a seguirlo con valentía y fidelidad; nos ha concedido el gran don de elegirnos como discípulos suyos; nos envía a proclamarlo con gozo como el Resucitado, pero nos pide que lo hagamos con la palabra y el testimonio de nuestra vida en lo cotidiano. El Señor es el único, el único Dios de nuestra vida, y nos invita a despojarnos de tantos ídolos y a adorarle sólo a él. Que la Santísima Virgen María y el Apóstol Pablo nos ayuden en este camino, e intercedan por nosotros.

S.S. Francisco
Homilía durante la Santa Misa celebrada
en la Basílica de San Pablo Extramuros
Abr-14-2013.

Reaparece férula de Lello Scorzelli




Al inicio de la Misa de toma de posesión de la basílica de San Pablo Extramuros, Abr-14-2013, el Papa Francisco ha reaparecido usando por segunda vez la férula de Lello Scorzelli tal como había ocurrido hace una semana durante la Misa de toma de posesión como Obispo de Roma en la Basílica Lateranense. La Oficina de de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontifice ha anunciado que la intención del Papa es intercalar el uso de la férula Scorzelliana con aquella que usó Benedicto XVI en la última etapa de su Pontificado.