Wednesday, February 27, 2013

Cardenal Arzobispo de Sydney critíca decisión papal de renunciar


El cardenal Arzobispo de Sydney, Australia, Mons. George Pell (imágen), en una entrevista concedida a 7 News de Australia, ha criticado la decisión de Benedicto XVI de renunciar, diciéndo que ello deja vulnerable a un futuro Papa.

Las personas que, por ejemplo, puedan estar en desacuerdo con un futuro Papa montarán una campaña para conseguir que renuncie”, dijo.

Hasta donde sabemos, es la primera declaración abierta de un personaje de tanta relevancia en la Iglesia, que centra la renuncia papal en dicha proporción: El debilitamiento de la institución del papado.

En el curso de la misma entrevista se le pregunta sobre su condición de ‘papable’ pero como es obvio se autodescarta como posibilidad.



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Renuncia papal incrementa interés en Italia

O por lo menos eso es lo que muestran las tendencias de Google. En una busqueda referente a la busqueda en la categoría de personas y sociedad en Italia, los principales lugares de incremento los ocupan temas relacionados con la renuncia papal; en una reciente busqueda (gráfico) el primer lugar lugar lo ocupa “Celestino V”, el cual fue el último Papa en renunciar.


La fecha del cónclave, con toda probabilidad, se sabrá a comienzos de la semana entrante, P. Lombardi

En su más reciente conferencia de prensa, Feb-27-2013, el Director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, P. Federico Lombardi, se ha referido nuevamente a la fecha de inicio del cónclave. Esto es lo que estractamos de cuanto reporta Radio Vaticano (italiano), Feb-27-2013. Traducción de Secretum Meum Mihi.

“En marzo, el Cardenal Decano [Mons. Angelo Sodano] convoca a las congregaciones generales de los cardenales. Verosímilmente, como reuniones, se convocan del 4 en adelante. En el ámbito de estas reuniones, los Cardenales establecen la fecha de inicio del Cónclave. Así que ahora no podemos saberlo. La fecha la sabremos en los primeros días de la semana siguiente por decisión de la Congregación de los Cardenales”.

Cabildeo de universidad rebelde peruana en el Vaticano. Mons. Müller y Mons. Grocholewski los apoyan

La antigua Pontificia Universidad Católica de Perú, ahora impedida de usar ese nombre, anunció, Feb-22-2013, en su sitio de internet lo siguiente (énfasis originales):


22 de febrero del 2013
Autoridades PUCP en el Vaticano

El viernes 22 de febrero, miembros del equipo rectoral de la Universidad acudieron a una reunión en el Vaticano convocados por altas autoridades de la Iglesia.

El Rector Marcial Rubio Correa y el Vicerrector Académico Efraín Gonzales de Olarte sostuvieron una cordial conversación sobre la Pontificia Universidad Católica del Perú con el Cardenal Zenon Grocholewski, Prefecto de la Congregación para la Educación Católica, y el Arzobispo Gerhard Müller, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. En la foto aparecen acompañados de los secretarios de ambas congregaciones.

Ahora bien, al respecto Andrés Beltramo en Vatican Insider, Feb-26-2013, añade otros detalles.

02/26/2013
Perú; Müller y Grocholewski apoyan a la “universidad rebelde”

La reunión, al parecer sin la aprobación de la Secretaría de Estado, con las autoridades de la ex PCUP

ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ
CIUDAD DEL VATICANO


Es la “universidad rebelde” de Perú. Sobre ella pesa una sanción emitida por la Santa Sede. Por voluntad papal tiene prohibido ostentar sus títulos de “Pontificia” y “Católica”. Todos sus profesores de teología se encuentran inhabilitados. Pero nada de eso ha impedido a sus autoridades recibir el apoyo explícito de dos personajes de primer nivel en El Vaticano: los prefectos de las congregaciones para la Doctrina de la Fe y para la Educación Católica, Gerhard Ludwig Müller y Zenon Grocholewski.

El pasado viernes 22 de febrero, a escasos seis días de la conclusión del presente pontificado, ambos prefectos recibieron en audiencia al rector de esa casa de estudios, Marcial Rubio Correa, y al vicerrector académico, Efraín Gonzales de Olarte. Estuvieron presentes también los secretarios de la Doctrina de la Fe, Luis Francisco Ladaria, y de la Educación Católica, Angelo Vincenzo Zani.

La cita fue publicitada por el sitio web institucional de la ex Pontificia Universidad Católica del Perú, que difundió una fotografía. Pero no precisó el contenido la “cordial conversación”, como la calificó en un breve comunicado.

El encuentro sorprendió a propios y extraños en la Curia Romana. Todo parece indicar que se llevó a cabo sin la aprobación de la Secretaría de Estado. Lo cual podría configurarse en una clamorosa desobediencia. Especialmente después de la reunión de alto nivel que tuvo lugar a inicios de febrero pasado y de la cual salió muy mal parado el prefecto Müller.

Se trató de una “interdicasterial” convocada por el secretario de Estado, Tarcisio Bertone, cuyo principal objetivo fue analizar la validez de una carta enviada por el “guardián de la ortodoxia” al arzobispo limeño y gran canciller de la universidad, Juan Luis Cipriani Thorne, a fines de enero.

Con esa carta el prefecto pretendió echar abajo la decisión de Cipriani de no renovar el permiso eclesiástico para dictar clases a todos los profesores del Departamento de Teología de la ex PUCP. Pero la misiva estaba viciada de origen. Porque no respetó ninguno de los requisitos de una comunicación oficial, ni desde el punto de vista formal ni desde el punto de vista jurídico. Por lo tanto la “interdicasterial” la consideró inválida.

Por eso y como resultado de ese análisis, la Santa Sede mandó a Perú una carta que declaró legítima la determinación del arzobispo de no conceder los permisos para enseñar teología católica a los profesores de ese claustro universitario.

Todo basado en una sanción aplicada con el aval del Papa y que mantiene su plena vigencia jurídica por la contumaz negativa de la Asamblea Universitaria a reformar sus estatutos para adherir a la normatividad vaticana sobre las instituciones de educación superior católicas: la constitución apostólica “Ex Corde Ecclesiae”.

Según pudo confirmar el Vatican Insider, desde hace ya varios meses y desde sus posiciones en El Vaticano, tanto Müller y Grocholewski han intentado por varios medios revertir la sanción contra la universidad, para lograr que recupere el uso de sus títulos. Sobre este tema los prefector han tenido una fluida comunicación con el prepósito general de la Compañía de Jesús, la orden de los jesuitas, Adolfo Nicolás Pachón.

“No abandono la cruz, sino que permanezco en modo nuevo adherido al crucifijo”. Última Audiencia General de Benedicto XVI

[Gracias por haber venido en tan gran número a esta mi última Audiencia general.

¡Gracias de corazón! ¡Estoy realmente conmovido! ¡Y veo a la Iglesia viva! Y pienso que deberíamos también dar gracias al Creador por el buen tiempo que nos da ahora en el invierno.]

Como el apóstol Pablo en el texto bíblico que hemos escuchado, yo también siento en mi corazón que ante todo tengo que dar gracias a Dios que guía a la Iglesia y la hace crecer, que siembra su Palabra y alimenta así la fe en su Pueblo. En este momento mi corazón se expande y abraza a la Iglesia extendida por todo el mundo, y doy gracias a Dios por las "noticias" que en estos años de ministerio petrino he recibido sobre la fe en el Señor Jesucristo, y sobre la caridad que circula realmente en el cuerpo de la Iglesia y hace que viva en el amor, y sobre la esperanza que nos abre y nos orienta hacia la plenitud de la vida, hacia la patria celestial”.

Siento que os llevo a todos conmigo en la oración, en un presente que es de Dios, en el que recojo cada uno de los encuentros, cada uno de los viajes, cada visita pastoral. Todo y todos reunidos en oración para confiarlos al Señor, porque tenemos pleno conocimiento de su voluntad, en toda sabiduría e inteligencia espiritual, y por qué nos comportamos de una manera digna de Él y de su amor, llevando fruto en toda buena obra (cfr Col 1,9-10).

En este momento, dentro de mí hay mucha confianza, porque sé, porque todos sabemos que la palabra de verdad del Evangelio es la fuerza de la Iglesia, es su vida. El Evangelio purifica y renueva, da fruto, en todo lugar donde la comunidad de los creyentes lo escucha y recibe la gracia de Dios en la verdad y en la caridad. Esta es mi confianza, esta es mi alegría.

Cuando, el 19 de abril de hace casi ocho años, acepté asumir el ministerio petrino, tenía esta firme certeza que siempre me ha acompañado ,esta certeza de la vida de la Iglesia, de la Palabra de Dios. En aquel momento, como ya he dicho varias veces, las palabras que resonaban en mi corazón eran: Señor, ¿ por qué me pides esto ? Y ¿que me pides? Es un gran peso el que colocas sobre mis hombros, pero si Tu me lo pides, con tu palabra, echaré las redes, seguro de que me guiarás, también con todas mis debilidades. Y ocho años después puedo decir que el Señor realmente me ha guiado, ha estado cerca de mí, he podido percibir su presencia todos los días. Ha sido un trozo de camino de la Iglesia, que ha tenido momentos de alegría y de luz, pero también momentos difíciles; me he sentido como San Pedro con los Apóstoles en la barca del lago de Galilea: el Señor nos ha dado muchos días de sol y de brisa ligera, días en que la pesca ha sido abundante; también ha habido momentos en que las aguas estaban agitadas y el viento contrario, como en toda la historia de la Iglesia, y el Señor parecía dormir. Pero siempre supe que en aquella barca estaba el Señor y siempre he sabido que la barca de la Iglesia no es mía, no es nuestra, sino que es suya. Y el Señor no deja que se hunda: es El quien conduce, ciertamente también a través de los hombres que ha elegido, porque así lo quiso. Esta ha sido una certeza que nada puede empañar. Y por eso hoy mi corazón está lleno de gratitud a Dios porque no ha dejado nunca que a su Iglesia entera y a mí, nos faltasen su consuelo, su luz, su amor.

Estamos en el Año de la fe, que he proclamado para fortalecer nuestra fe en Dios en un contexto que parece dejarlo cada vez más en segundo plano. Me gustaría invitar a todos a renovar la firme confianza en el Señor, a confiarnos como niños en los brazos de Dios, seguros de que esos brazos nos sostienen siempre y son lo que nos permiten caminar todos los días, también entre las fatigas. Me gustaría que cada uno se sintiera amado por ese Dios que ha dado a su Hijo por nosotros y nos ha mostrado su amor sin límites. Quisiera que cada uno de vosotros sintiera la alegría de ser cristiano. Hay una hermosa oración que se reza todas las mañanas y dice: "Te adoro, Dios mío, y te amo con todo mi corazón. Te doy gracias por haberme creado, hecho cristiano... " Sí, alegrémonos por el don de la fe; es el don más precioso, que ninguno puede quitarnos! Demos gracias al Señor por ello todos los días, con la oración y con una vida cristiana coherente. !Dios nos ama, pero espera que también nosotros lo amemos¡

Pero no es sólo a Dios, a quien quiero dar las gracias en este momento. Un Papa no está sólo en la guía de la barca de Pedro, aunque sea su principal responsabilidad, y yo no me he sentido nunca solo al llevar la alegría y el peso del ministerio petrino, el Señor me ha puesto al lado a tantas personas que, con generosidad y amor a Dios y a la Iglesia, me han ayudado y han estado cerca de mi. Ante todo. Vosotros, queridos hermanos cardenales: vuestra sabiduría y vuestros consejos, vuestra amistad han sido preciosos para mí. Mis colaboradores, empezando por mi Secretario de Estado, quien me ha acompañado fielmente en estos años; la Secretaría de Estado y toda la Curia Romana, así como a todos aquellos que, en diversos ámbitos, prestan su servicio a la Santa Sede: tantos rostros que no se muestran, que permanecen en la sombra, pero que en silencio, en su trabajo diario, con espíritu de fe y de humildad han sido para mí un apoyo seguro y confiable. Un recuerdo especial para la Iglesia de Roma, !mi diócesis! No puedo olvidar a los hermanos en el episcopado y en el sacerdocio, a las personas consagradas y a todo el Pueblo de Dios en las visitas pastorales, en los encuentros, en las audiencias, en los viajes, siempre he recibido mucha atención y un afecto profundo. Pero yo también os he querido, a todos y a cada uno de vosotros sin excepción, con la caridad pastoral, que es el corazón de cada pastor, especialmente del Obispo de Roma, del Sucesor del Apóstol Pedro. Todos los días he tenido a cada uno de vosotros en mis oraciones, con el corazón de un padre.

Querría que mi saludo y mi agradecimiento llegase a todos: el corazón de un Papa se extiende al mundo entero. Y me gustaría expresar mi gratitud al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, que hace presente la gran familia de las Naciones. Aquí también pienso en todos los que trabajan para una buena comunicación y les doy las gracias por su importante servicio.

Ahora me gustaría dar las gracias de todo corazón a tanta gente de todo el mundo que en las últimas semanas me ha enviado pruebas conmovedoras de atención, amistad y oración. Sí, el Papa nunca está solo, ahora lo experimento de nuevo en un modo tan grande que toca el corazón. El Papa pertenece a todos y tantísimas personas se sienten muy cerca de él. Es cierto que recibo cartas de los grandes del mundo – de los Jefes de Estado, líderes religiosos, representantes del mundo de la cultura, etc.-. Pero también recibo muchas cartas de gente ordinaria que me escribe con sencillez, desde lo más profundo de su corazón y me hacen sentir su cariño, que nace de estar juntos con Cristo Jesús, en la Iglesia. Estas personas no me escriben como se escribe a un príncipe o a un gran personaje que uno no conoce. Me escriben como hermanos y hermanas, hijos e hijas, con un sentido del vínculo familiar muy cariñoso. Así, se puede sentir que es la Iglesia - no es una organización, no es una asociación con fines religiosos o humanitarios, sino un cuerpo vivo, una comunidad de hermanos y hermanas en el Cuerpo de Jesucristo, que nos une a todos. Experimentar la Iglesia de esta manera y casi poder tocar con las manos la fuerza de su verdad y de su amor es una fuente de alegría, en un tiempo en que muchos hablan de su decadencia. Y, sin embargo, vemos como la Iglesia hoy está viva.

En estos últimos meses, he sentido que mis fuerzas han disminuido, y he pedido a Dios con insistencia en la oración que me iluminase con su luz para que me hiciera tomar la decisión más justa no para mi bien, sino para el bien de la Iglesia. He dado este paso con plena conciencia de su gravedad y también de su novedad, pero con una profunda serenidad de ánimo. Amar a la Iglesia significa también tener el valor de tomar decisiones difíciles, sufridas, teniendo siempre delante el bien de la Iglesia y no el de uno mismo.

Permitid que vuelva una vez más al 19 de abril de 2005. La gravedad de la decisión reside precisamente en el hecho de que a partir de aquel momento yo estaba ocupado siempre y para siempre por el Señor. Siempre - quien asume el ministerio petrino ya no tiene ninguna privacidad [lit. privacy]-. Pertenece siempre y totalmente a todos, a toda la Iglesia. Su vida es, por así decirlo, totalmente carente de la dimensión privada. He podido experimentar, y lo experimento precisamente ahora, que uno recibe la propia vida cuando la da. Dije antes que mucha gente que ama al Señor ama también al Sucesor de San Pedro y le quieren; que el Papa tiene verdaderamente hermanos y hermanas, hijos e hijas en todo el mundo, y que él se siente seguro en el abrazo de su comunión, porque ya no se pertenece a sí mismo, pertenece a todos y todos le pertenecen.

El "siempre" es también un "para siempre" - no existe un volver al privado. Mi decisión de renunciar al ejercicio del ministerio activo, no lo revoca. No regreso a la vida privada, a una vida de viajes, reuniones, recepciones, conferencias, etc. No abandono la cruz, sigo de un nuevo modo junto al Señor Crucificado. No ostento la potestad del oficio para el gobierno de la Iglesia, sino que resto al servicio de la oración, por así decirlo, en el recinto de San Pedro. San Benito, cuyo nombre llevo como Papa, me servirá de gran ejemplo en esto. Él nos mostró el camino a una vida que, activa o pasiva, pertenece totalmente a la obra de Dios.

Doy las gracias a todos y cada uno, también por el respeto y la comprensión con la que habéis acogido esta decisión tan importante. Seguiré acompañando el camino de la Iglesia con la oración y la reflexión, con la dedicación al Señor y a su Esposa, que he tratado de vivir hasta ahora cada día y quisiera vivir siempre. Os pido que os acordéis de mí delante de Dios, y sobre todo que recéis por los Cardenales, llamados a un cometido tan importante, y por el nuevo Sucesor del Apóstol Pedro: el Señor le acompañe con la luz y el poder de su Espíritu.

Invoquemos la intercesión maternal de la Virgen María, Madre de Dios y de la Iglesia para que acompañe a cada uno de nosotros y toda la comunidad eclesial; a Ella nos encomendamos con profunda confianza.

¡Queridos amigos y amigas! Dios guía a su Iglesia, la sostiene siempre, y especialmente en tiempos difíciles. No perdamos nunca esta visión de fe, que es la única verdadera visión del camino de la Iglesia y del mundo. En nuestro corazón, en el corazón de cada uno de vosotros, haya siempre la gozosa certeza de que el Señor está a nuestro lado, no nos abandona, está cerca de nosotros y nos envuelve con su amor. ¡Gracias!

Benedicto XVI
Audiencia General
Plaza de San Pedro en el Vaticano
Feb-27-2013
[Traducción con algunas adaptaciones de V.I.S., Feb-27-2013.
El texto inicial en corchetes ha sido traducido por
Secretum Meum Mihi.]


Al final de la Audiencia, el Santo Padre se ha dirigido así a los peregrinos hispanoparlantes:




Queridos hermanos y hermanas:

Muchas gracias por haber venido a esta última audiencia general de mi pontificado. Asimismo, doy gracias a Dios por sus dones, y también a tantas personas que, con generosidad y amor a la Iglesia, me han ayudado en estos años con espíritu de fe y humildad. Agradezco a todos el respeto y la comprensión con la que han acogido esta decisión importante, que he tomado con plena libertad.

Desde que asumí el ministerio petrino en el nombre del Señor he servido a su Iglesia con la certeza de que es Él quien me ha guiado. Sé también que la barca de la Iglesia es suya, y que Él la conduce por medio de hombres. Mi corazón está colmado de gratitud porque nunca ha faltado a la Iglesia su luz. En este Año de la fe invito a todos a renovar la firme confianza en Dios, con la seguridad de que Él nos sostiene y nos ama, y así todos sientan la alegría de ser cristianos.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y de los países latinoamericanos, que hoy han querido acompañarme. Os suplico que os acordéis de mí en vuestra oración y que sigáis pidiendo por los Señores Cardenales, llamados a la delicada tarea de elegir a un nuevo Sucesor en la Cátedra del apóstol Pedro. Imploremos todos la amorosa protección de la Santísima Virgen María, Madre de la Iglesia. Muchas gracias. Que Dios os bendiga.