Saturday, February 02, 2013

Mahony trata de inculpar a Gómez: Ud. estaba enterado y nunca se quejó

Con respecto a los recientes sucesos ocurridos en la Arquidiócesis de Los Ángeles, California, Estados Unidos, relacionados con la publicación de archivos con nombres de sacerdotes implicados en abusos sexuales (ver aquí, aquí y aquí); el Cardenal Mahony, Arzobispo Emérito de Los Ángeles, ha escrito una entrada en su blog, Feb-01-2013, delineando los acontecimientos, al final Mahony trata de echar algo del agua sucia a su sucesor. Traducción de Secretum Meum Mihi.

Cuando Ud. fue formalmente recibido como nuestro Arzobispo el 26 de Mayo de 2010, comenzó a ser enterado de todo lo que se había hecho aquí en los últimos años para la protección de los niños y jóvenes. Usted se convirtió en nuestro Arzobispo oficial el 1 de Marzo de 2011 y usted estuvo de nuevo involucrado personalmente con la Auditoría de Cumplimiento de 2012, en la cual fuimos considerados en total conformidad.

Ni una sola vez en estos últimos años Ud. alguna vez elevó ningún cuestionamiento sobre nuestras políticas, prácticas o procedimientos para tratar con el problema de la mala conducta sexual del clero que involucraba menores de edad.

Obispo de Lausana, Suiza, recuerda que está prohibido a los sacerdotes de la FSSPX/SSPX la utilización de templos y capillas católicos

El obispo de Lausana-Ginebra-Friburgo, Suiza, Mons. Charles Morerod (imágen izquierda), quien en 2009 fue uno de los teólogos designados por la Santa Sede para los llamados ‘diálogos doctrinales’ con la FSSPX/SSPX (ver aquí), ha escrito un decreto, Ene-20-2013, con el título “Decreto sobre la admisión de otras religiones, confesiones o agrupaciones religiosas, así como la Fraternidad Sacerdotal San Pío X y teólogos independientes en las iglesias y capillas católico-romanas” (PDF); como la parte que más atención ha llamado a la prensa es la correspondiente a la FSSPX/SSPX (ver aquí, aquí y aquí), presentamos la traducción de Secretum Meum Mihi del aparte correspondiente a ella.

3. Empleo por parte de miembros de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X

3.1 La Excomunión formulada contra los obispos de la Fraternidad Sacerdotal del 30 de junio de 1988, fue levantada por decreto de la Congregación para los Obispos del 21 de Enero de 2009.

3.2 En su carta “sobre la remisión de la excomunión de los cuatro Obispos consagrados por el Arzobispo Lefebvre” del 10 de Marzo 10 de 2009, el Papa Benedicto XVI escribió a los obispos: El hecho de que la Fraternidad San Pío X no posea una posición canónica en la Iglesia, no se basa al fin y al cabo en razones disciplinares sino doctrinales. Hasta que la Fraternidad non tenga una posición canónica en la Iglesia, tampoco sus ministros ejercen ministerios legítimos en la Iglesia (suspensio a divinis).

3.3 De acuerdo con las razones dichas, está prohibido a los sacerdotes de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X utilizar las iglesias y capillas católicas para todo servicio sacerdotal, particularmente para la dispensación de los sacramentos.



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Declaración del Arzobispo de Los Ángeles, José H. Gómez, sobre el estado sacerdotal del Cardenal Mahony y el Obispo Thomas Curry

[Inglés, Español]

Las preguntas de los fieles y algunos miembros de los medios de comunicación indican que sería útil que yo aclarara la situación del Cardenal Roger Mahony y del Obispo Thomas Curry.

El Cardenal Mahony, como arzobispo emérito, y el obispo Curry, como obispo auxiliar, siguen siendo obispos con facultades en la Arquidiócesis de Los Ángeles, con plenos derechos para celebrar los Sacramentos de la Iglesia y servir a los fieles sin restricción.


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El Nihil Obstat del card. Meisner a la ‘píldora del día después’

Por eso Dios les envía un poder seductor que les hace creer en la mentira

2 Tes 2,11


El cardenal Arzobispo de Colonia, Joachim Meisner (imágen), ante recientes hechos ocurridos, ha hecho una sorprendente declaración, Ene-31-2013. Para ponerlos en contexto reproducimos dos artículos de Deutsche Welle, en el primero de ellos encontrarán el motivo por el cual el card. Meisner ha hecho esta declaración; el segundo de los cuales habla de la extrañísima declaración del Card. Meisner. Al final reproducimos el “Comunicado sobre la llamada píldora del día siguiente” de la Pontificia Academia para la Vida, Oct-31-2000.


SOCIEDAD
La Iglesia Católica y la "píldora del día después"

25.01.23

Dos hospitales católicos de Colonia le negaron la “píldora del día después” a una mujer que fue violada. ¿Qué doctrina moral justifica ese proceder, y cómo es la realidad en otras clínicas católicas?

Luego de haberse dado a conocer el caso en que dos hospitales de Colonia le negaron a una mujer violada llevar a cabo los peritajes solicitados por su médico de cabecera, aduciendo que no podrían prescribirle la “píldora del día después”, el tema de la moral católica y sus consecuencias a nivel social vuelve a estar sobre el tapete. El cardenal Joachim Meisner, arzobispo de Colonia, se disculpó por la falta de apoyo de los médicos del Hospital St. Vinzenz y del Hospital del Espíritu Santo, ambos situados en esa ciudad, a la mujer que solicitó ayuda en una situación extrema. Pero Meisner rechaza categóricamente el uso de la “píldora del día después”, que evita la ovulación. La sustancia activa, el levonorgestrel, es semejante a la de los anticonceptivos, solo que contiene una dosis más alta y su ingesta es postcoital.

“Ya con eso la Iglesia Católica tiene problemas”, dice Antonio Autiero, profesor de Teología Moral en la Facultad de Teología Católica de la Universidad de Münster. Desde la publicación de la famosa encíclica “Humanae Vitae”, en 1968, los católicos tienen prohibido el uso de los “métodos anticonceptivos artificiales”. Y eso “no ha cambiado hasta el día de hoy”, afirma Autiero. Pero esa norma es muy discutida entre los feligreses, y hay muchos que no se atienen a ella. El hecho de impedir que se inicie una nueva vida humana es un tema que divide hasta hoy a científicos y teólogos, y también a la sociedad.

Efecto antiovulatorio y antiimplantatorio

¿Qué sucede cuando se produce la ovulación poco antes del coito, es decir, cuando la píldora no tiene un efecto antiovulatorio? Entonces se activa el efecto antianidatorio o antiimplantatorio del levonorgestrel, o sea, el que impide que un óvulo ya fecundado se anide en el útero. “Desde el punto de vista científico médico, no se sabe con seguridad si la píldora del día después solo evita la ovulación, o si también impide que se anide el óvulo fecundado en el útero. Si se confirmara esto último, entonces estaríamos frente a un aborto”, explica Antonio Autiero. “La doctrina católica es muy clara en ese aspecto, es decir, que la vida –y con ella la dignidad humana- comienzan con la fusión del óvulo y el espermatozoide. Por eso, si ese medicamento impide que el óvulo ya fecundado se implante en el útero, se está llevando a cabo una forma de aborto”, subraya el teólogo. Y todo lo que sea abortar o impedir el surgimiento de la vida humana, por más ínfima que ésta sea en sus comienzos, no es compatible con las normas del catolicismo. Esa sería la respuesta a la conducta de los médicos de los hospitales católicos de Colonia. Pero, ¿hay excepciones?

¿Cómo procede la Iglesia Católica en casos de violación?

¿Qué hacer en casos en los que la mujer se encuentra en una situación física y psíquica extrema, como sucede luego de una violación? “La respuesta de la doctrina católica es clara”, señala Autiero, “los métodos anticonceptivos y el aborto son en sí mismos reprobables, y, por ende, injustificados éticamente en cualquier tipo de situación”. Según el experto, esa “normativa ética”, que no permite ninguna excepción a los principios más fundamentales, se ha radicalizado en los últimos años. Pero la ciencia de la teología moral sigue confrontada con una ética inquebrantable que “está relacionada con los fines y el contexto de una acción”. Es decir, que allí empiezan a jugar un papel importante otras cuestiones además de los fundamentos de la doctrina, por ejemplo, la situación concreta desde el punto de vista de la medicina o de la psicología, la compasión, el apoyo en situaciones difíciles, la propia conciencia y la ética profesional. La cuestión esencial, para Autiero, es si la Iglesia actúa basándose en el apoyo y en la ayuda a quien lo necesita, o si actúa basándose en los principios.

Lo que realmente sucede

En la práctica, ese planteamiento se vive de diferentes maneras. En el caso de los hospitales de Colonia, la Iglesia reaccionó de acuerdo a los principios, en parte también debido a la inseguridad de médicos y enfermeras, dice Autiero. “Hace pocos meses, una médica tuvo graves problemas laborales porque cayó en la trampa tendida por una denunciante ultraconservadora, y eso hace que el miedo aumente”, explica el teólogo. Para los teólogos, por tanto, la cúpula eclesiástica estaría enviando “una importante señal si no se tomaran medidas legales contra los trabajadores cuando se llevan a cabo determinadas decisiones individuales”. De acuerdo con Autiero, eso significaría que se estaría respetando la conciencia y la ética profesional del individuo.

El problema de la gran inseguridad reinante en los hospitales católicos es algo que Markus Jüngerhans conoce bien. Jüngernhans es director de la Asociación de Hospitales Católicos de la Diócesis de Osnabrück, y responsable de 19 clínicas, de las cuales ocho cuentan con secciones de Ginecología. “No tengo conocimiento hasta el momento de normas fijadas por escrito para el manejo de la píldora del día después”, subraya, algo que representa una ventaja en casos en los que la decisión depende del médico. Pero también puede ser una desventaja. Según él, justamente las comisiones de ética de los hospitales deberían “intensificar el debate y reelaborar las recomendaciones al respecto”. La Iglesia solo pone un claro límite en el caso de los medicamentos con un efecto abortivo probado y bien definido clínicamente. “Eso sí que no podemos permitirlo”, dice Jüngerhans. Sin embargo, el especialista considera que hay un cierto margen de maniobra si se está hablando de un medicamento que evita la ovulación luego del coito: “Según el grado de gravedad y urgencia de la situación, administrar ese tipo de medicamentos puede estar justificado desde el punto de vista médico y moral”.


ALEMANIA
Cardenal autoriza la píldora del día después en caso de violación

01.02.2013

Después de que dos hospitales católicos negaran “la píldora del día después” a una joven violada, el arzobispo de Colonia, cardenal Joachim Meisner, autorizó su uso a mujeres víctimas de abusos.

El cardenal Joachim Meisner, arzobispo de Colonia, que ya se había disculpado por que dos hospitales católicos de Colonia rechazaran atender a una mujer violada, fue aún más lejos al declarar que será permitido el uso de la "píldora del día después" en el caso de mujeres víctimas de abusos. “Si tras una violación se aplica un medicamento cuyo efecto es evitar una fecundación, entonces desde mi punto de vista es justificable”, hizo saber Meisner a través de su portavoz, Christoph Heckeley. La máxima autoridad de la arquidiócesis hizo hincapié en que todo medicamento que tenga como efecto un aborto tras una fecundación sigue estando prohibido por la Iglesia.

Meisner reconoció que se asesoró con expertos, lo que le permitió llegar a la certidumbre de que “la píldora del día después” es anticonceptiva y no abortiva. El anuncio del cardenal permitirá claridad para que los servicios sanitarios de los hospitales católicos trabajen mejor. Las ginecólogas justificaron su negativa por miedo a ser despedidas ya que en su contrato incluye respetar los principios de la Iglesia Católica.

Drogada y luego violada

Irmgard Maiworm, una médico de un centro de emergencias de Colonia, atendió a una joven de 25 años en la madrugada del 15 de diciembre que dijo sospechar que había sido drogada con algún líquido en su bebida y luego violada. Maiworm llamó al cercano hospital de St. Vinzenz, manejado por una fundación católica de la orden de las Hermanas Celitinas. Le informaron que no recibían a mujeres violadas porque se planteaba el dilema de expedir “la píldora del día después”, que contradecía los principios de la Iglesia católica. Otro hospital cercano rehusó dar atención a la joven explicando las mismas razones.

El caso recibió una amplia cobertura en los medios alemanes, y provocó que tanto la Fundación Celitina como la Arquidiócesis de Colonia rechazaron que hubieran dado instrucciones de negar la atención a mujeres violadas. “Lamentamos profundamente haber dado la impresión al público de que las víctimas de violación no puedan ser tratadas en hospitales católicos. Eso no es cierto”, dijo la arquidiócesis en un comunicado, que subrayó que las víctimas de abusos recibirían todo el tratamiento necesario. La Fundación Celitina dijo que era un “malentendido”.

El escándalo provocó indignación en Alemania y sucede en un momento difícil para la Iglesia católica, que ha enfrentado acusaciones recientes de haber impedido investigaciones de abusos sexuales en instituciones católicas. Eso, sumado a un declive en el número de creyentes.


Pontificia Academia para la Vida

Comunicado sobre la llamada “píldora del día siguiente”

Como es sabido, desde hace tiempo, en las farmacias italianas está a la venta la llamada «píldora del día siguiente», un producto químico muy conocido (de tipo hormonal) que con frecuencia -también en estos últimos días- ha sido presentado por muchos implicados en su elaboración y por numerosos medios de comunicación como un simple anticonceptivo, o más precisamente como un «anticonceptivo de emergencia», al que se podría recurrir poco después de una relación sexual, considerada como presumiblemente fecundante, siempre que se quisiese impedir la continuación de un embarazo no deseado. A las inevitables reacciones polémicas de quienes han manifestado serias dudas sobre el mecanismo de acción de este producto, que no sería simplemente «anticonceptivo»sino «abortivo», se ha respondido -de manera totalmente expeditiva- que semejante preocupación es infundada porque la «píldora del día siguiente»tiene una acción «anti-implantatoria», sugiriendo así implícitamente una neta separación entre aborto e interceptación (impedir que ocurra la implantación del óvulo fecundado, es decir, el embrión, en la pared uterina).

Considerando que el uso de estos productos atañe a bienes y valores humanos fundamentales, hasta el punto de afectar a la misma vida humana en su aparición, esta Academia Pontificia para la Vida siente el apremiante deber y la convencida exigencia de ofrecer algunas puntualizaciones y consideraciones sobre el argumento, confirmando, al mismo tiempo, posiciones éticas ya conocidas, apoyadas por precisos datos científicos, y consolidadas en la doctrina católica.

1. La «píldora del día siguiente» es un preparado a base de hormonas (puede contener estrógenos, estroprogestacionales, o bien sólo progestacionales) que, tomada dentro y no rebasando las 72 horas después de una relación sexual presumibiemente fecundante, activa un mecanismo prevalentemente de tipo «anti-implantatorio», es decir, impide que el eventual óvulo fecundado (que es un embrión humano), ya llegado en su desarrollo al estadio de blastocisto (5ª-6ª día después de la fecundación), se implante en la pared uterina, mediante un mecanismo de alteración de la pared misma.

El resultado final será, por lo tanto, la expulsión y la pérdida de este embrión.

Sólo en el caso de que la asunción de tal píldora precediera en algunos días a la ovulación, podría a veces actuar con un mecanismo de bloqueo de esta última (en ese caso, se trataría de una acción típicamente «anticonceptivo»).

Sin embargo, la mujer que recurre a este tipo de píldora, lo hace por miedo a estar en el período fecundo y, por lo tanto, con la intención de provocar la expulsión del eventual recién concebido. Y, además, sería utópico pensar que una mujer, encontrándose en las condiciones de querer recurrir a un anticonceptivo de emergencia tenga la posibilidad de conocer con exactitud y oportunidad su actual condición de fertilidad.

2. Decidir utilizar la expresión «óvulo fecundado» para indicar las primerísimas fases del desarrollo embrionario, no puede llevar de ningún modo a crear artificialmente una discriminación de valor entre momentos diversos del desarrollo de un mismo individuo humano. En otras palabras, si puede ser útil, por motivos de descripción científica, distinguir con términos convencionales (óvulo fecundado, embrión, feto, etc.) diferentes momentos de un único proceso de crecimiento, no puede ser nunca lícito decidir arbitrariamente que el individuo humano tenga mayor o menor valor (con la consiguiente fluctuación del deber a su tutela) según el estado de desarrollo en que se encuentre.

3. Por consiguiente, resulta claro que la llamada acción «anti-implantatoria» de la «píldora del día siguiente», en realidad, no es otra cosa que un aborto realizado con medios químicos. Es incoherente intelectualmente, e injustificable científicamente, afirmar que no se trata de la misma cosa.

Por otra parte, está bastante claro que la intención de quien pide o propone el uso de dicha píldora tiene como finalidad directa la interrupción de un eventual embarazo, exactamente como en el caso del aborto. El embarazo, en efecto, comienza desde el momento de la fecundación y no desde la implantación del blastocisto en la pared uterina, como en cambio se intenta sugerir implícitamente.

4. Por lo tanto, desde un punto de vista ético, la misma ilicitud absoluta de proceder a prácticas abortivas subsiste también para la difusión, la prescripción y la toma de la «píldora del día siguiente». Son también moralmente responsables todos aquellos que, compartiendo la intención o no, cooperan directamente con tal procedimiento.

5. Debe hacerse una ulterior consideración a propósito del uso de la «píldora del día siguiente» con relación a la aplicación de la ley que, en Italia, regula las condiciones y los procedimientos para la interrupción voluntaria del embarazo.

Definir el producto en cuestión como un «anti-implantatorio» en lugar de, con una terminología más transparente, como un «abortivo», permite, en efecto, evitar todos los procedimientos obligatorios que la ley prevé para poder acceder a la interrupción del embarazo (entrevista previa, verificación del embarazo, determinación del momento de desarrollo, período de reflexión, etc.), realizando una forma de aborto totalmente oculta y no registrable por ninguna institución. Todo esto está, por consiguiente, en clara contradicción con la correcta, aunque contestable, aplicación de la ley 194.

6. Por último, ante la difusión de tales procedimientos, exhortamos vivamente a todos los agentes del sector a poner en práctica con firmeza la objeción de conciencia moral, que testimonie valientemente, en los hechos, el valor inalienable de la vida humana, sobre todo frente a nuevas formas ocultas de agresión a los individuos más débiles e indefensos, como es es el caso del embrión humano.

Ciudad del Vaticano, 31 de octubre de 2000


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