Sunday, January 27, 2013

De cómo el poder de los exorcistas en la Iglesia es cada vez menor, según el P. Amorth

Enzo Di Frenna, escribe hoy en su blog de el sitio de internet de Il Fatto Quotidiano, sobre una reciente entrevista que le concedió el P. Gabriele Amorth, el exorcista más reputado en la actualidad. No queda claro si dentro esa conversación el P. Amorth afirmó que “La Iglesia ha debilitado el poder de los exorcistas,” o es una mera inferencia del autor sobre algo que afirmó el sacerdote. Lo que sí es claro es que el P. Amorth ve a futuro un más amplio debilitamiento del poder de los exorcistas. En todo caso, aquí les traducimos el aparte correspondiente, en el cual, de paso, el P. Amorth reafirma una vez más la ineficacia del Nuevo Ritual de Exorcismos.

La Iglesia ha debilitado el poder de los exorcistas, modificando su “Ritual”. Una comisión del Vaticano ha estudiado e impuesto un nuevo texto, no empero resulta ineficaz en la lucha para liberar a los endemoniados y víctimas de la posesión. El Padre Amorth y un grupo de exorcistas hizo notar la grave anomalía, entre las cuales la prohibición de “hacer exorcismos en caso de maleficio”, es decir, [en] la gran mayoría de los casos. Aquel texto, señalaron, había sido escrito por personas con poca experiencia y por académicos, que no sabían nada de la lucha “en el campo” contra de Satanás. Después de muchas batallas el cardenal Jorge Arturo [Medina] Estévez, en su calidad de prefecto de la Congregación para el Culto Divino, pudo insertar en el nuevo ordenamiento la facultad para que los exorcistas usaran contemporáneamente el antiguo y el nuevo “Ritual”.

“Yo soy viejo”, dice el Padre Amorth, “y me temo que en la era digital los exorcistas puedan ser debilitados aún más, difundiendo la creencia de que los demonios no existen. Es el enésimo truco de Satanás, que ha entendido bien cómo utilizar las pantallas para encadenar nuevas almas”.

La apertura del Papa sobre la nulidad matrimonial


Artículo de Andrea Tornielli en Vatican Insider, Ene-27-2013.


01/27/2013
La apertura del Papa sobre la nulidad matrimonial

Benedicto XVI pidió a la Rota Romana que reflexione sobre la falta de fe de los esposos como una de las causas para declarar nulo un matrimonio

ANDREA TORNIELLI
Ciudad del Vaticano


La señal que llegó mediante las palabras que pronunció Benedicto XVI en la audiencia a la Rota Romana no debe ser enfatizada demasiado, pero tampoco menospreciada. El Papa pidió a los jueces eclesiásticos y “rotales” «más reflexiones» sobre la falta de fe de los esposos como posible causa de nulidad del matrimonio. «No pretendo sugerir –precisó– ningún automatismo fácil entre la carencia de fe y la invalidez de la unión matrimonial, sino más bien indicar que tal carencia puede, aunque no necesariamente, herir incluso los bienes del matrimonio». Se trata de una espiral importante, que podría llevar a la reflexión sobre algunos criterios con los que se juzgan estas causas, ante el «cisma silencioso» de los divorciados que se han vuelto a casar y de tantas personas excluidas de la comunión aucarística por la «irregularidad» de su nueva relación.

No es la primera vez que el Pontífice afronta este argumento. En julio de 2005, mientras se encontraba de vacaciones en Les Combes, respondió a una pregunta relacionada mientras platicaba con unos sacertores del lugar. «Ninguno de nosotros –dijo– tiene una receta ya lista, sobre todo porque las situaciones siempre son diferentes. Me parece particularmente dolorosa la situación de todos los que se casaron en la Iglesia, pero que no eran verdaderamente creyentes y lo hicieron por tradición, y después, al encontrarse en un nuevo matrimonio no válido, se convierten, encuentran la fe y se sienten exluidos del sacramento. Este es verdaderamente un sufrimiento grande y cuando fui Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe invité a diferentes Conferencias Episcopales y a especialistas a que estudiaran este problema: un sacramento celebrado sin fe. Si fuera posible encontrar, realmente, un momento de invalidez porque al sacramento le faltaba una dimensión fundamental, no osaría decirlo. Yo, personalmente, lo creía, pero de las discusiones que hemos tenido al respecto entendí que el problema es muy difícil y que todavía debe ser analizado profundamente. Pero, dada la situación de sufrimiento de estas personas, hay que analizarlo».

En 1972, como teólogo, Joseph Ratzinger había indicado los límites de las demostraciones procesuales que declaran la nulidad matrimonial. Como cardenal arzobispo de Mónaco, durante el Sínodo sobre la familia de 1980, Ratzinger escribió a los agentes pastorales de su diócesis: «El Sínodo indica como una categoría aparte a todos los que han llegado a la motivada convicción de consciencia, con respecto a su primer matrimonio, aunque no sea posible la prueba judicial a su favor. En un caso semejante se puede, evitando el escándalo, conceder la autorización para recibir la comunión».

En octubre del año siguiente, con una carta a “The Tablet”, Ratzinger rectificó las interpretaciones demasiado aperturistas de sus palabras, explicando que en 1972 había hablado como teólogo y que entonces, como Prefecto del ex Santo Oficio, creía que la solución de la consciencia del individuo era impracticable, dado que el matrimonio no es un acto privado y tiene repercusiones en la vida del cónyuge, de los hijos, de la sociedad civil y eclesial. Pero también en aquella ocasión concluyó diciendo que en algunos casos excepcionalmente raros se podía recurrir a la Penitenciaría apostólica después del fracaso de los procesos canónicos.

Ratzinger volvió a hablar sobre el argumento en el libro-entrevista del periodista Peter Seewald, “La sal de la tierra” (1997). Afirmó que «En un futuro se podría incluso llegar a una constatación extrajudicial de la nulidad del matrimonio. Esta podría, tal vez, ser constatada por los que tienen la responsabilidad pastoral en el lugar». Una apertura sobre la posibilidad de que la última palabra sobre la nulidad matrimonial recaiga en el obispo, con una mayor atención a cada una de las situaciones, y no solo en los tribunales eclesiásticos.

En fin, en 1999, en la instrucción de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre la pastoral de los divorciados que se han vuelto a casar, que insistía en la exclusión de la comunión sacramental, Ratzinger observó: «Debería aclararse si verdaderamente cada matrimonio entre dos bautizados es ipso facto un matrimonio sacramental. La fe pertenece a la escencia del sacramento».

Como se ve, un recorrido que atribuye un significado más profundo de lo que parece a lo que dijo el Papa ante la Rota Romana. El hecho de que el Papa pida nuevas reflexiones indica que el problema está abierto y que se pueden explorar nuevas vías.