Thursday, December 05, 2013

Card. Burke sobre comunión para los divorciados vueltos a casar: Situación con algunos obispos alemanes debe ser corregida

La revista Alfa Y Omega, Dic-05-2013, publica una entrevista con el Card. Raymond Leo Burke, Prefecto del Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica. En el curso de la misma, el Card. Burke es preguntado sobre la situación que ocurre en Alemania donde los Sres. Obispos están decididos a dar acceso a la Sagrada Comunión a los divorciados vueltos a casar (en realidad esto ya ocurre de facto), sobre lo cual afirma directamente que esa situación debe ser corregida y previene que esta desobediencia puede extenderse a otros lugares del planeta. Sobre esto hay un antecedente histórico nefasto: La Comunión en la mano. En efecto, a mediados de los años 60 ya está práctica fue introducida en Holanda, no por lo fieles que la solicitaban, sino por los pastores que inducían a los fieles. ¿Necesitamos decir lo que sucedió después y hasta nuestros días?

La entrevista completa se puede leer en la imágenes inferiores (click sobre ellas para ampliar), esta es la respuesta concreta del Card. Burke a la que estamos haciendo alusión.

En su discurso a la Signatura Apostólica, el Papa destacó el servicio del defensor del vínculo en los procesos de nulidad, lo que parece que no va tanto en la línea de los cambios que se propugnan desde algunos sectores en Europa central. ¿Cómo se concilian misericordia, verdad y justicia en temas como la comunión de los separados, en nuevas uniones?

Debe comprenderse que el primer ingrediente, el ingrediente mínimo y esencial en una respuesta pastoral de caridad, es la justicia de la verdad. Sólo puedo amar a alguien desde el respeto a la verdad. En relación con las personas divorciadas en nuevas uniones, la Iglesia tiene que ser misericordiosa, recibirlas y ayudarles a participar en la vida de la Iglesia lo máximo posible; pero no puede faltar a la verdad y pretender que la nueva unión está en orden. A menos de que haya habido una declaración de nulidad de lo que se presumía un matrimonio, el vínculo existe. La indisolubilidad del vínculo está claramente reconocida, desde la fundación de la Iglesia, en el evangelio de Mateo, por lo que la Iglesia tiene que respetar y promover la verdad del matrimonio de todos los modos posibles, como la unión indisoluble y abierta a la vida entre un hombre y una mujer. No puede haber cambios en eso. ¿Compasión? ¡Por supuesto! Pero la compasión no puede incluir que esa persona acceda a la Eucaristía. Lo que se está planteando en algunos ámbitos en Alemania, a mi juicio, es erróneo. El arzobispo Müller, Prefecto de la Doctrina de la Fe, ha dejado este punto muy claro, en un artículo en L’Osservatore Romano. No expresó su opinión personal, sino la enseñanza permanente de la Iglesia, que no puede alterarse. Propagar la idea de que habrá un cambio radical, y de que la Iglesia va a dejar de respetar la indisolubilidad del matrimonio es falso y muy dañino. Un cambio así no está en manos de la Iglesia. La Iglesia debe ser obediente a las palabras de Cristo. Esta situación con algunos obispos en el alto Rin debe ser corregida. Si esa actitud se extiende a otros lugares, estaríamos fallando en la defensa de una verdad fundamental para la fe.