Sunday, October 20, 2013

“La curia romana debe cambiar de mentalidad”


Entrevista con el card. Walter Kasper en La Vanguadia de Barcelona, Oct-20-2013, pág 48. No es que diga nada realmente nuevo o llamativo, hacemos disponible esta entrevista dado que no aparece accesible libremente en el sitio de internet del periódico en mención.

“La curia romana debe cambiar de mentalidad”

Walter Kasper, cardenal presidente emérito de Unidad de los Cristianos

MARÍA-PAZ LÓPEZ
BARCELONA


El cardenal alemán Walter Kasper, residente en Roma, entró por poco en el cónclave que eligió Papa a Jorge Mario Bergoglio el pasado marzo. Kasper cumplió 80 años –edad a la que un cardenal ya no puede ser elector– apenas iniciados los trabajos; si hubiera sido su cumpleaños un par de días antes, se habría quedado fuera. Especialista en Teología Dogmática, fue obispo de Rottenburg-Stuttgart (1989-2001), y luego en Roma presidente del Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos, puesto del que se jubiló en el 2010. La semana pasada abrió el curso del Institut Superior de Ciències Religioses de Barcelona (Iscreb) con una conferencia sobre ecumenismo y paz.

El Papa ha concedido dos entrevistas largas (a Antonio Spadaro de ‘La Civiltà Cattolica’ y a Eugenio Scalfari de ‘La Repubblica’), y en agosto habló con TV Globo, y dio una rueda de prensa a bordo del avión papal de regreso de Brasil. Por qué el Papa elige a los medios de comunicación para decir cosas que podría decir en las homilías o en los ángelus?

El Papa busca una relación lo más directa posible con las personas. Por eso le importan los medios de comunicación; hoy no se puede contar sólo con decir las cosas en las homilías o en la catequesis. Si se quiere llegar a la gente, hay que usar estos medios, y en lenguaje comprensible, no sólo lenguaje dogmático oficial.

¿Qué le ha sorprendido más de lo dicho en esas entrevistas?

Francisco está en la misma línea que Benedicto XVI y Juan Pablo II, la de la doctrina de la Iglesia, pero quiere traducir esa doctrina a la comprensión de la gente de hoy, con gran respeto por la conciencia de cada persona. Esto es muy importante; incluso si la decisión de una persona, a juicio de la Iglesia, es equivocada, debemos respetarla. Me sorprendió mucho lo de la conciencia. Francisco no quiere ser sólo un profesor que alza el dedo para reñir. Ha sorprendido a muchos también lo que dijo sobre los homosexuales, que va en esta misma dirección, y se fundamenta en el catecismo. Si una persona hace una elección sincera, no superficial, se debe respetar, y entonces ayudarla a dar pasos hacia el mensaje cristiano..

En España impactó que el Papa dijera que nunca había sido de derechas.

Nosotros los europeos tenemos una idea de la distinción entre derecha e izquierda, pero aquí se trata de la visión que tiene el hemisferio sur. El Papa se refería al contexto argentino. Francisco nos recuerda que más de dos tercios de los católicos viven en el hemisferio sur, y tienen otros problemas, que no son los problemas europeos. Es un mundo más pobre, pero con una Iglesia viva, y nosotros les necesitamos.

“La corte es la lepra del papado”, afirmó el Papa. ¿Cómo sentó eso en la curia, habituada a ser percibida como ‘mala’?

A mí también me sorprendió cuando llegué a Roma hace trece años. En la curia hay muchos hombres buenos, santos, que hacen su trabajo, quieren servir al Papa, quieren servir a la Iglesia; son la mayoría, pero no salen en los periódicos. Y luego están unos pocos, que no siempre han obrado adecuadamente, y se habla mucho de ellos en la prensa.

¿Por eso se precisa reformar la curia?

La curia romana debe cambiar de mentalidad, esa es la reforma necesaria, no la de las estructuras, aunque algunas se deban cambiar también. Pero lo que debe cambiar más es la mentalidad, que sea de servicio a la Iglesia universal, y también a las Iglesias locales, no de gobernar, de mandar. Es decir, tener una mentalidad no sólo política y diplomática, sino una mentalidad pastoral. Esto es lo que quiere el Papa, pero no puede hacerse de un día para otro. Es un proceso, que él ha comenzado. Ahora ha hecho una excelente elección con Pietro Parolin como secretario de Estado, como se decía hasta ahora. Y luego poco a poco se pueden sustituir algunas personas, crear una mentalidad. Pero una curia es necesaria, la Iglesia no puede llevar adelante su labor sin una curia.

Entonces, ¿van a cambiarle el nombre al cargo de secretario de Estado?

No es una declaración oficial. Pero lo de secretario de Estado viene históricamente de los Estados Pontificios, y sí, aún tenemos un pequeño Estado de la Ciudad del Vaticano, pero para eso basta un gobernador. En cambio, la figura del secretario de Estado tiene que ser un ayudante del Papa, no un secretario del Estado como cuando el Papa tenía poder temporal. La dimensión pastoral debe superar la dimensión política y diplomática; que sea de menos poderes y más un servicio, un ministerio; puede ayudar a los obispos para que esté informados, servirles de conexión, de consulta mutua. Claro, tenemos también la Santa Sede, una institución muy antigua, la más antigua de Europa, y los embajadores son embajadores ante la Santa Sede. Peso eso es otra cosa; es una realidad moral, no geográfica, y hay que mantenerla, por supuesto.

Pero el Papa ha hablado de una corte que existe.

Con el tiempo, el primado adquirió un aire de monarca, como un emperador, y asumió formas de cultura medieval, que hoy ya han pasado. Y el Papa dice basta; no necesitamos eso, no es constructivo para el primado tener una corte. A mí la verdad es que eso nunca me había gustado. El Papa quiere una vida apostólica. De hecho, su propia vida es muy simple, quiere ser un pastor.

Parece que las estructuras se han autoalimentado.

No se trata sólo de los problemas estructurales, aunque sean importantes; está la cuestión de una nueva visión, un nuevo impulso, una nueva esperanza de la Iglesia. Pienso que en eso el papa Francisco ha dado un nuevo aliento, y una nueva concentración no sobre la curia, sino sobre Cristo, que es el centro del Evangelio. Él quiere una Iglesia cristocéntrica, y luego Cristo se hizo pobre, por eso la Iglesia debe ser pobre. El mensaje del Evangelio, y el de la misericordia, deben estar en primera línea. Las estructuras son secundarias.