Saturday, September 08, 2012

Por cuanto respecta a una próxima definición del 5° dogma mariano...


En el Concilio, del cual participé como joven teólogo en calidad de experto, tuve la oportunidad de ver las diferentes maneras afrontar las temáticas sobre la figura y el papel de la Santísima Virgen María en la historia de la salvación. En la segunda sesión del Concilio un nutrido grupo de Padres quería la Virgen se tratase en el seno de la Constitución sobre la Iglesia, mientras que un igualmente numeroso grupo sostenía la necesidad de un documento específico que pusiera adecuadamente a la luz su dignidad, los privilegios y el singular papel de María en la redención operada por Cristo. Con la votación del 29 de octubre de 1963 se decidió optar por la primera propuesta y el esquema de la Constitución Dogmática sobre la Iglesia fué enriquecido con el capítulo dedicado a la Madre de Dios, en el cual la figura de María, reinterpretada y repropuesta a partir de de la Palabra de Dios, de los textos de la tradición patrística y litúrgica, así como de la amplia reflexión teológica y espiritual, aparece en toda su belleza y singularidad y estrechamente inserta en los misterios fundamentales de la fe cristiana. María, de quien es subrayada sobre todo la fe, está comprendida en el misterio de amor y de comunión de las SS. Trinidad; su cooperación al plan divino de la salvación y a la única mediación de Cristo es claramente afirmada y puesta en el justo relieve, haciéndose así un modelo y un punto de referencia para la Iglesia, que en Ella se reconoce a sí misma, la propia vocación y la propia misión. La piedad popular, desde siempre dirigida a María, resulta finalmente nutrida de referencias bíblicas y patrísticas. Por supuesto, el texto Conciliar no ha agotado toda la problemática relativa a la figura de la Madre de Dios, pero constituye el horizonte hermenéutico esencial para toda ulterior reflexión, sea de carácter teológico, sea de carácter más puramente espiritual y pastoral. Representa, entre otras, un precioso punto de equilibrio, siempre necesario, entre la racionalidad teológica y la afectividad creyente. La singular figura de la Madre de Dios debe ser cultivada y profundizada desde perspectivas diferentes y complementarias: mientras permanece siempre válida y necesaria la via veritatis, no se puede no recorrer también la via pulchritudini, y la via amoris para descubrir y contemplar incluso más profundamente la fe critalina y sólida de María, su amor por Dios, su esperanza inquebrantable. Por esta razón, en la Exhortación Apostólica Verbum Domini, he dirigido una invitación a proseguir la línea dictada por el Concilio Vaticano II (cf. n. 27), invitación que cordialmente dirijo a vosotros, queridos amigos y estudiosos.

Benedicto XVI
Sep-08-2012
Discurso a los participantes en el
23° Congreso Mariológico Mariano Internacional
“La mariología a partir del Concilio Vaticano II.
Recepción, evaluación y perspectivas”