Wednesday, August 01, 2012

Familia de Tarragona, España, no quiere que beatifiquen a su padre


La cuestiónn es muy sencilla, no quieren porque simplemente es un homónimo de un sacerdote, quien es el que realmente debe ser beatificado.

Al respecto dos cables de agencia EFE, Jul-31-2012.

Primer cable.

Una familia de Santa Bàrbara ha tenido que demostrar ante el Vaticano que su padre, republicano, no era la persona a la que la Santa Sede pretendía beatificar.

La Iglesia católica ha iniciado el proceso de canonización de los religiosos muertos en la Guerra Civil y una coincidencia de nombres ha llevado a esta curiosa confusión.

El lío, que apenas se solucionó hace una semana, comenzó hace tres meses, cuando la oficina del Vaticano llamó a Pepita Pla con la intención de beatificar a un hombre que llevaba el mismo nombre y apellidos que su padre, un republicano que llegó a ser encarcelado por los franquistas en Zaragoza y Madrid.

"Mi padre era republicano, pero no era de los fanáticos. Era muy buen hombre. Lo tuvieron encarcelado hasta que acabó la guerra. Primero se lo llevaron a Alcanar, después a Zaragoza y también a Madrid, y después de la guerra volvió a casa. Tenía fama de muy trabajador. Nunca hizo daño a nadie", ha explicado a Efe su hija.

Tanto es así que Josep Pla Arasa, herrero de profesión, llegó a construir el andamio sobre el que se sostuvo el Generalísimo en su visita a las Tierras del Ebro en plena dictadura.

"Me llamaron por teléfono y primero pensé que era una broma", relata esta vecina de Santa Bàrbara. "La primera vez les colgué casi de malas maneras. Pero, a partir de entonces, empezó a llamar el mosén del pueblo".

Después de tres meses de estira y afloja, Pepita Pla y su hermano han tenido que aportar las partidas de nacimiento y defunción de su padre.

"Por suerte lo hemos podido solucionar, pero hemos tenido que demostrar que mi padre tuvo familia, que no tenía nada que ver con la Iglesia y que nosotros nacimos pasada la guerra", relata Pepita en tono de broma, ya aliviada.

En la resolución del entuerto ha actuado de intermediario el cura del pueblo, ante el cual han firmado la veracidad de la documentación.

El mosén al que en realidad ser quiere beatificar, también de nombre Josep Pla Arasa, era, como el herrero, originario de Santa Bàrbara, aunque era conocido como mosén Flores.

"Recuerdo que cuando era pequeña, delante de la iglesia del pueblo, había un cartel con un listado de los nacionales que mataron en la guerra y había uno que se llamaba igual que mi padre. Él siempre decía: ¡No! ¡No soy yo!, cuando le preguntaba", relata Pepita Pla.

De hecho, por lo que ha revelado la investigación, los dos hombres llevaron vidas paralelas, pues ambos estuvieron en Zaragoza y Madrid.

Desde hace algunos años, la Iglesia ha iniciado un proceso de beatificación de los sacerdotes muertos en la guerra y, en concreto, en Santa Bàrbara se beatificaron dos: Josep Pla Arasa y José Tarin.

En 1948, la Orden de los Operarios (creada por el padre de Tortosa Manuel Domingo i Sol) inició el estudio de los religiosos desaparecidos durante la guerra en esta zona con el objetivo de que fueran beatificados.

Segundo cable.

"La primera vez les colgué casi de malas maneras. Pero, a partir de entonces, empezó a llamar el cura del pueblo", relata Pepita Pla. Hace tres meses, esta vecina de la localidad tarraconense de Santa Bárbara recibió una llamada del Vaticano en la que se le informaba de que su padre iba a ser beatificado. Algo que extrañó mucho a su hija, pues su padre era republicano y llegó a ser encarcelado por los franquistas en Zaragoza y Madrid.

Efectivamente, el beato que buscaba el Vaticano no era el padre de Pepita Pla, sino un sacerdote que se llamaba igual que él, Josep Pla Arasa, al que se conocía como "mosén Flores". Pepita y su hermano han tenido que demostrar con documentos que su padre no era la persona que la Santa Sede creía. Le llevaron las partidas de nacimiento y defunción al cura del pueblo, que actuó como intermediario y firmó la veracidad de la documentación, y acabaron con el lío después de tres meses de conversaciones con la Santa Sede. "Por suerte lo hemos podido solucionar, pero hemos tenido que demostrar que mi padre tuvo familia, que no tenía nada que ver con la Iglesia y que nosotros nacimos pasada la guerra", relata Pepita en tono de broma.

"Mi padre era republicano, pero no era de los fanáticos. Era muy buen hombre. Lo tuvieron encarcelado hasta que acabó la guerra. Primero se lo llevaron a Alcanar (Tarragona), después a Zaragoza y también a Madrid, y tras la guerra volvió a casa. Tenía fama de muy trabajador. Nunca hizo daño a nadie", prosigue la hija. "Recuerdo que cuando era pequeña, delante de la iglesia del pueblo, había un cartel con un listado de los nacionales que mataron en la guerra y había uno que se llamaba igual que mi padre. Él siempre decía: ¡No! ¡No soy yo!", añade.