Thursday, June 07, 2012

Culto eucarístico y su sacralidad, homilía de Benedicto XVI durante el Corpus Christi


¡Queridos hermanos y hermanas!

Esta tarde, quisiera meditar con vosotros sobre dos aspectos, entrelazados entre sí, del Misterio eucarístico: el culto de la Eucaristía y su sacralidad. Es importante volver a tomarlos en consideración para preservarlos de visiones incompletas del mismo Misterio, como las que se han verificado en el pasado reciente.

Ante todo, una reflexión sobre el valor del culto eucarístico, en particular de la adoración del Santísimo Sacramento. Es la experiencia, que viviremos también esta tarde, después de la Misa, antes de la procesión, durante su desarrollo y cuando termine. Una interpretación unilateral del Concilio Vaticano II ha penalizado esta dimensión, restringiendo prácticamente la Eucaristía al momento de la celebración. En efecto, fue muy importante reconocer la centralidad de la celebración, en la que el Señor convoca a su pueblo, lo reúne alrededor de la dúplice mesa de la Palabra y del Pan de vida, lo alimenta y lo une a Sí, en la oferta del Sacrificio. Esta valoración de la asamblea litúrgica, en la que el Señor obra y realiza su misterio de comunión, permanece naturalmente válida, pero se debe colocar en su justo equilibrio. En efecto – como sucede a menudo – queriendo subrayar un aspecto, se acaba con sacrificar otro. En este caso, la acentuación realizada sobre la celebración de la Eucaristía ha disminuido la adoración, como acto de fe y de oración dirigido al Señor Jesús, realmente presente en el Sacramento del altar. Este desequilibrio ha tenido repercusiones también sobre la vida espiritual de los fieles. En efecto, concentrando toda la relación con Jesús eucaristía sólo en el momento de la Santa Misa, se corre el riesgo de vaciar de su presencia el resto del tiempo y del espacio existenciales. Y, de este modo, se percibe menos el sentido de la presencia constante de Jesús en medio de nosotros y con nosotros – una presencia concreta, cercana, entre nuestras casas, como «Corazón que late» de la ciudad, del país y del territorio, con sus distintas expresiones y actividades. El Sacramento de la Caridad de Cristo debe permear toda la vida cotidiana.

En realidad, es un error contraponer la celebración y la adoración, como si estuvieran en competencia la una contra la otra. Es precisamente, todo lo contrario: el culto del Santísimo Sacramento constituye el ‘ambiente’ espiritual en el cual la comunidad puede celebrar bien y en verdad la Eucaristía. Sólo si está precedida, acompañada y seguida por esta conducta interior de fe y de adoración, la acción litúrgica puede expresar su pleno significado y valor. El encuentro con Jesús en la Santa Misa se realiza verdadera y plenamente cuando la comunidad es capaz de reconocer que Él, en el Sacramento, habita su casa, nos espera, nos invita a su mesa y, luego, una vez que la asamblea se ha disuelto, permanece con nosotros, con su presencia discreta y silenciosa, y nos acompaña con su intercesión, y sigue recogiendo nuestros sacrificios espirituales y ofreciéndolos al Padre.

En este contexto, me complace subrayar la experiencia que viviremos esta tarde juntos. En el momento de la adoración, estamos todos en el mismo plano, de rodillas ante el Sacramento del Amor. El sacerdocio común y el ministerial se encuentran unidos en el culto eucarístico. Es una experiencia muy bella y significativa, que hemos vivido varias veces en la Basílica de San Pedro y también en las inolvidables vigilias con los jóvenes – recuerdo, por ejemplo las de Colonia, Londres, Zagreb y Madrid. Es evidente para todos que estos momentos de vigilia eucarística preparan la celebración de la Santa Misa, preparan los corazones al encuentro, de forma que éste resulta más fructuoso. Estar todos en silencio prolongado ante el Señor presente en su Sacramento es una de las experiencias más auténticas de nuestro ser Iglesia, que se acompaña de forma complementaria con la de celebrar la Eucaristía, escuchando la Palabra de Dios, cantando, acercándose juntos a la mesa del Pan de vida. No se pueden separar – van juntas - la comunión y la contemplación. Para comunicar verdaderamente con otra persona, tengo que conocerla, saber estar en silencio cerca de ella, escucharla, mirarla con amor. El verdadero amor y la verdadera amistad viven siempre esta reciprocidad de miradas, de silencios intensos, elocuentes, llenos de respeto y de veneración, de forma que el encuentro se viva profundamente, de modo personal y no superficial. Y, lamentablemente, si falta esta dimensión, también la misma comunión sacramental puede llegar a ser, de parte nuestra, un gesto superficial. Sin embargo, en la verdadera comunión, preparada por el coloquio de la oración y de la vida, podemos decirle al Señor palabras de confianza, como las que resonaron hace poco en el Salmo responsorial: «Yo, Señor, soy tu servidor, tu servidor, lo mismo que mi madre: por eso rompiste mis cadenas. Te ofreceré un sacrificio de alabanza, e invocaré el nombre del Señor (Sal 116, 16-17).

Ahora quisiera pasar, brevemente, al segundo aspecto: la sacralidad de la Eucaristía. También aquí hemos sufrido, en el pasado reciente, un malentendido sobre el mensaje auténtico de la Sagrada Escritura. La novedad cristiana en lo que respecta al culto recibió el influjo de cierta mentalidad secularista, de los años sesenta y setenta del siglo pasado. Es verdad, y permanece siempre válido, que el centro del culto ya no está en los ritos y en los sacrificios antiguos, sino en Cristo mismo, en su persona, en su vida, en su misterio pascual. Y, sin embargo, de esta novedad fundamental no se debe deducir que lo sagrado ya no existe, sino que ha encontrado su cumplimiento en Jesucristo, Amor divino encarnado. La Carta a los Hebreos, que escuchamos esta tarde en la segunda Lectura, nos habla precisamente de la novedad del sacerdocio de Cristo, «Sumo Sacerdote de los bienes futuros» (Hb 9,11), pero no dice que el sacerdocio haya terminado. Cristo «es mediador de una Nueva Alianza» (Hb 9,15), establecida en su sangre, que purifica «nuestra conciencia de las obras que llevan a la muerte» (Hb 9,14). Él no abolió lo sagrado, sino que lo llevó a su cumplimiento, inaugurando un culto nuevo, que aun siendo verdaderamente espiritual, mientras estemos en camino en el tiempo, se sirve todavía de signos y de ritos, que desaparecerán sólo al final, en la Jerusalén celeste, donde ya no habrá ningún templo (cfr Ap 21,22) ¡Gracias a Cristo, la sacralidad es más verdadera, más intensa, y, como sucede para los mandamientos, más exigente! No basta la observancia ritual, sino que se requiere la purificación del corazón y la implicación de la vida.

Me complace también subrayar que lo sagrado tiene una función educativa y que su desaparición empobrece, inevitablemente, la cultura, en particular, la formación de las nuevas generaciones. Si, por ejemplo, en nombre de una fe secularizada, que no requiera signos sagrados, se aboliera esta procesión ciudadana del Corpus Domini, el perfil espiritual de Roma quedaría ‘mermado’ y nuestra conciencia personal y comunitaria quedaría debilitada. O, pesemos también en una mamá y en un papá que, en nombre de una fe desacralizada, privaran a sus hijos de toda ritualidad religiosa: en realidad, acabarían por dejar el campo libre a tantos subrogados presentes en la sociedad del consumo, a otros ritos y a otros signos, que con mayor facilidad se pueden volver ídolos. Dios, nuestro Padre, no hizo lo mismo con la humanidad: envió a su Hijo al mundo, no para abolir, sino para dar cumplimiento también a lo sagrado. En el culmen de esta misión, en la Última Cena, Jesús instituyó el Sacramento de su Cuerpo y de su Sangre, el Memorial de su Sacrificio pascual. De este modo, Él se puso a Sí mismo en lugar de los sacrificios antiguos, pero lo hizo en el interior de un rito, que mandó perpetuar a los Apóstoles, como signo supremo y verdadero de lo Sagrado, que es Él mismo. Con esta fe, queridos hermanos y hermanas, nosotros celebramos hoy y cada día el Misterio eucarístico y lo adoramos como centro de nuestra vida y corazón del mundo. Amén.

Benedicto XVI
Homilía durante la Santa Misa en la
solemnidad del Corpus Domini
Basílica de San Juan de Letran
Jun-07-2012


Traducción de Radio Vaticano.

“Civilización del amor”: Sacerdotes y Diáconos de Alemania anuncian que admitirán a los Sacramentos a los divorciados y vueltos a casar


El diario Badische Zeitung, Jun-06-2012, informa que unos 150 clérigos de la Arquidiócesis de Friburgo han firmado una declaración en la cual afirman que admitirán a los Sacramentos a los divorciados y vueltos a casar; de hecho, afirman que esta práctica ya ha sido adoptada en su ministerior pastoral.

Si se nota bien, la maniobra es el misma que aplicaron en los años 60 los progresistas y liberales holandeses: primero introdujeron de facto la comunión en la mano, después lograron que “la Santa Sede” les aprobara la abominación para finalmente extender esa horrible abominación al planeta entero.

¿Qué dice la tal declaración?, aquí les traemos una traducción al español hecha por Secretum Meum Mihi.

¡Léela y llora!


Los Divorciados y Vueltos a Casar en Nuestra Iglesia

Bajo el tema “Los Divorciados y Vueltos a Casar” tomamos de entre los temas del “Memorandum de los Teólogos” una particular candente preocupación que no puede ser postergada más.

Nos unimos así con las iniciativas, en algunos casos de hace décadas, las cuales han llamado a esto un urgente problema pastoral. Por ejemplo:

• Sínodo de Wurzburg, 1975;
• Provincia de obispos de Oberrhein, 1993;
• Asociación de Mujeres Católicas de Alemania [Katholische Frauengemeinschaft Deutschlands] después de la visita papal de 2011.
• También el libro de Eberhard Schockenhoff, “¿Oportunidades para una Reconciliación?” [“Chancen zur Versöhnung?”].

En todos estos documentos y publicaciones, se dan multiples razones del por qué las personas que han entrado en una nueva relación después de su divorcio, deben ser tratadas con gran confianza y respeto por sus nuevas relaciones, y por qué no deberían ser excluidos de la recepción de los sacramentos.

¡Llamémosle como es!

Con nuestra firma traemos la expresion de que debemos dejarnos guiar por la misericordia en nuestra acción pastoral con los divorciados y vueltos a casar (salus animarum suprema lex). Estamos completamente advertidos de que así a menudo actuamos en contra de la prescripción de la ley canónica actualmente en vigor en la Iglesia Católica Romana.

Con ello tomamos así en cuenta la decision en conciencia de las personas afectadas y de su situación real de vida resultante. En nuestras comunidades, los divorciados y vueltos a casar comulgan y reciben los Sacramentos de la Penitencia y de la Unción de Enfermos con nuestra aprobación. Están activos como colaboradores en consejos parroquiales, en la formación catequética, y en otros servicios.

Hasta ahora hemos vivido con este acto de equilibrio con la esperanza de que pronto habrá una decision que dará a estas personas, oficialmente y sin discriminación, un lugar en nuestra Iglesia, de acuerdo con el Evangelio.

Creemos que nuevas regulaciones son urgentemente necesarias para el bien de las personas y de nuestra Iglesia. Ya no deseamos mantener y soportar este acto de equilibrio.

Los Sacerdotes y Diáconos de la Arquidócesis de Friburgo.

[Fimado por 163 clérigos a fecha Jun-07-2012]


Entradas Relacionadas: Vicario General de Friburgo escribe a los sacerdotes y diáconos rebeldes.

Bernard Tissier De Mallerais llama nestoriano a Benedicto XVI, invita a no firmar nada ambigüo


Sermon del Obispo Bernard Tissier de Mallerais de la FSSPX/SSPX en Saint-Nicolas de Chardonnet, Jun-03-2012, traducción de Ecce Christianus. Respecto de que llama nestoriano a Benedicto XVI, fíjense en esa parte en donde habla de “un cierto profesor de Ratisbona, hace cuarenta años”.

«En el nombre de Espíritu Padre, Hijo y Espíritu Santo, Amén».

«Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo». Ésta es la misión de la Iglesia y la misión de la Fraternidad de San Pío X. Y la fe que tenemos está en el poder de Nuestro Señor Jesucristo, en el poder de Cristo Rey y Cristo Sacerdote. Esto es lo que nos motiva desde nuestra fundación. Llevamos a cabo esta batalla por Cristo Sacerdote, por su sacerdocio, por sus sacerdotes, y Cristo Rey, por una civilización católica, por un Estado católico. Vamos a seguir luchando queridos fieles, al igual que los santos de los primeros siglos de la Iglesia contra las herejías que amenazaban la fe católica como las hay ahora.

Tenemos que hacer una comparación entre la herejía arriana, en contra de la Santísima Trinidad, la herejía contra el sacerdocio actual y el Reinado de Jesucristo. Iniciaremos ésta comparación con la exposición de tres herejías de la antigüedad, que fueron ganadas por los santos y sacerdotes.

Primero el arrianismo. Arrio, un sacerdote de Alejandría, en Egipto, se levantó contra el dogma católico, al declarar: “No el Verbo no es Dios, el Hijo no es igual al Padre, el Verbo de Dios no es una criatura”, y cita a San Pablo fuera de lugar diciendo que Él es el primogénito de todas las criaturas. San Pablo escribió que Jesús es el primogénito de toda criatura, teniendo en cuenta el plan de Dios, Dios lo ha visto por primera vez en su plan de la creación. Ha visto a su Hijo encarnado. Arrio dice “¡No, es indigno de que Dios se haga carne! He encontrado una nueva doctrina de la Palabra es Dios”. Entonces te encuentras con un Concilio, uno de verdad, el de Nicea que sirve para condenar a Arrio y declarar que la Palabra de Dios está en todo igual al Padre, (en un solo Señor Jesucristo, Hijo unigénito de Dios, engendrado por el Padre, de la sustancia del Padre), El Verbo es consubstancial con el Padre, como decimos todos los domingos en el Credo: consubstantialem Patri: La Palabra, Dios y el Hijo es consubstancial al Padre. Juntos forman una sustancia, un solo Dios y esta palabra filosófica en aquél entonces no existía en la Biblia y los Padres del Concilio dudaron en adoptar, ya que venía de la filosofía y del paganismo. Esto podría llevar a pensar en algo completamente descabellado, como el hecho de que Dios el Padre y el Hijo no son más que representaciones de una sola persona. Por lo tanto Dios no es una persona que tome de vez en cuando la máscara del Padre o el Hijo. San Atanasio también tuvo dificultades para tomar la palabra consustancial, pero fue finalmente aprobada, y se aplica el Concilio de Nicea.

Sufriendo y luchando, San Atanasio fue enviado al exilio, se refugió en el desierto, por la fe en la Santísima Trinidad, para defender la igualdad absoluta del Padre y del Hijo, para defender la divinidad de la Palabra de Dios, -lo que hacemos también queridos fieles-, la lucha contra los herejes arrianos fue sin piedad. San Atanasio era la fuerza que en gran medida ayudó a derrotar a la herejía arriana. Por lo tanto, no hay que parar la pelea que va a durar, en mi opinión, veinte años por la crisis que experimentamos hoy en día, es una grave crisis, una crisis muy larga.

La Historia de la Iglesia nos muestra que todas las grandes crisis han durado setenta años como el arrianismo o el Gran Cisma. Así que probablemente la crisis conciliar podría durar hasta setenta años, así que tenemos que esperar otros treinta años. No llevamos prisa para ganar. Lo conseguiremos, porque Jesús ha dado todo el poder a su Iglesia y lo creemos.

La segunda herejía fue contraída a través de la herejía nestoriana. Nestorio, obispo, patriarca de Constantinopla, declara que el decir «el Verbo se hizo carne», Verbum caro factum est, es un escándalo. “Decir que Dios se une a un cuerpo, es decir, al cuerpo de Jesús es un escándalo. Dios es espíritu puro, no puede unirse a un cuerpo”. “Esta es una filosofía repugnante, y yo, Nestorio, he encontrado otra solución. Jesús, el hombre Jesús, por sus obras merece la divinidad”. Así, Jesús se convirtió en Dios. Entonces Jesús es Dios. Decir que Jesús es Dios es perfectamente correcto. Pero, ¿podemos decir que Nestorio profesaba la fe católica? Él dice que Jesús es Dios, pero ¿cómo? Decimos que Dios fue quien se hizo hombre. “Jesús el hombre, se convirtió en Dios” ¿Quizá sea católica esta afirmación? Por supuesto que no. Es herejía.

Por desgracia, eso es lo que un cierto profesor de Ratisbona, hace cuarenta años, enseñó en sus conferencias, diciendo que Jesús iba más lejos fuera de sí mismo, a través de su caridad …, va más allá de sí mismo al unirse a todos, esta es una herejía, que se parecía a la nestoriana. Así que debemos tener cuidado, queridos fieles al profesar la fe católica como es debido. No basta con decir que Jesús es Dios, debemos afirmar que Dios se encarnó. Dios se hizo hombre. Ese es el misterio de la Encarnación.

Luego estaban los santos como San Cirilo de Alejandría, que luchó contra este error, porque si Jesús no es Dios, entonces es un hombre, por lo tanto la Santísima Virgen dio a luz a un hombre. Sería que la Santísima Virgen no es la Madre de Dios. “Santa María Madre de Dios, ruega Señora por nosotros, no, no puede ser verdad, la Santísima Virgen es Madre de Jesucristo hombre.

Afirmar esto se trata de herejía, una ofensa a la Virgen. ¿Cómo negar su maternidad divina? San Cirilo se levantó contra él, y con ella el Concilio de Éfeso, diciendo que la Santísima Virgen es verdaderamente la Madre de Dios que dio a luz a Aquel que es Dios desde toda la eternidad, el Hombre-Dios, Cristo Jesús.

María la santísima madre de Dios y hombre, la Madre de Dios, su Hijo es la segunda persona de la Santísima Trinidad, el Hijo de Dios. San Cirilo fue un santo que no dudó en refutar las herejías y por lo tanto, también fue perseguido. Él dijo que él refutó por la fe católica.

Así que vamos a explicar ahora, queridos fieles, la libertad religiosa, y explicar la fe católica. La libertad religiosa, es la que quiere respetar a todos aquellos que profesan los errores religiosos. Ella -la libertad religiosa- quiere que el Estado deje en libertad de propagar todos los errores, a todas las religiones falsas, en el nombre de la dignidad humana. Nosotros decimos que no. Que Jesucristo debe reinar, que ha de reinar en los corazones y públicamente debe reinar en el estado. El Estado debe ser católico. Nos dirigimos a refutar el error de esta falsa dignidad, la libertad de todas las religiones falsas y que el Estado debe respetar. Esto es imposible y falso. En su lugar, debemos afirmar la verdad, que sólo Cristo tiene el derecho a reinar públicamente y en el Estado.

Esto es lo que hacemos, siguiendo el ejemplo de san Cirilo de Alejandría. No creo que por el hecho de que Roma nos ofrece hoy un acuerdo, una posición oficial en la Iglesia, debemos dejar de proclamar estas verdades, evidentemente, lo haremos más fuerte, y contradiciendo al Concilio. No debemos renunciar a la lucha contra el Concilio y sus errores.

El tercer ejemplo que voy a hacer es que la herejía de los Pneumatomachi. Después del Concilio de Éfeso, algunos afirmaron que el Espíritu Santo no es Dios, nuestra tercera herejía: “El Padre es Dios, el Hijo es Dios, pero el Espíritu Santo, no lo es. El Espíritu Santo es una criatura. ¿La prueba? El hecho de que Jesús le envió: “el Paráclito, el Espíritu de la Verdad que le enviaremos cuando estoy con el Padre.” Si Jesús manda a alguien significa que es una criatura. ” Aquí está el error de Pneumatomachi. Por lo tanto, queridos hijos, ¿no es verdad que el Espíritu Santo no es Dios? Espero que estén listos para protestar y profesar su fe. Sí, el Espíritu Santo es Dios, el Padre y el Hijo. Hacemos la señal de la cruz en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo para demostrar que Dios son las tres personas divinas. “En el nombre del Padre,” sólo hay un nombre, el del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Un solo Dios en Tres Personas. El Espíritu Santo es Dios.

Así que San Basilio de Cesarea en el Ponto, se levantó para protestar contra este error y dijo: “El Espíritu Santo es verdaderamente Dios, debemos adorarlo como el Padre y el Hijo”. Él ha luchado y triunfado sobre este error. La solución de la crisis se dió después de tal vez veinte o treinta años, San Basilio vio que el hereje Pneumatomachi, empezó a convertirse, (sería bueno ahora que el Concilio se empiece a convertir, pero no es el caso. Ninguno. Ni Roma, ni las diócesis. Nadie.) al ver que comenzaron a regresar a la fe católica que no se decidió en insistir, obligándolos a decir que el Espíritu Santo es Dios, porque esto habría dudado de profesar.

A continuación, hizo uso de una fórmula más suave, diciendo que el Espíritu Santo es adorado con el Padre y el Hijo, y recibe la misma gloria del Padre y del Hijo: “Debemos adorar al Espíritu Santo como el Padre y el Hijo, tenemos que dar la misma gloria al Espíritu Santo que el Padre y el Hijo”. Más sutil, pero que así se profesaban la fe católica, sin equívocos. Si vamos a adorar al Espíritu Santo, porque es Dios y si tenemos en la misma gloria al Espíritu Santo que al Padre y el Hijo, es porque el Espíritu Santo es Dios.

San Basilio no utilizó palabras ambiguas sobre los herejes, para que volvieran a Iglesia. Exigió que la fe católica fuera profesada, pero con una fórmula más ligera. Hizo uso de la prudencia, cosa muy buena, pero para que profesaran la verdadera fe.

Neguémonos firmar ciertas cosas ambiguas. Esto es lo que hacemos hoy. Rechazar las fórmulas ambiguas ni dejar de condenar el error y adecuadamente profesar la fe católica. Cuando haya un Concilio dentro de veinticinco años se arrepentirán del Concilio pasado, porque verán que de seguir así veremos el desastre en los seminarios, estarán completamente vacíos, las iglesias en ruinas, la apostasía y la inmoralidad en todas partes, entonces querrán hacer penitencia, y reconocer los errores.

Cuando en la Iglesia comiencen a mostrar arrepentimiento, entonces podremos utilizar fórmulas para ayudarles a regresar de modo más moderado, pero no ahora, ya que la crisis está actualmente haciendo estragos en su totalidad. Ahora tenemos que proclamar y condenar los errores del Concilio, especialmente la negación de la realeza de Cristo, el rechazo de Cristo Rey. Así que, queridos fieles, este es nuestro plan de batalla. No nos hagamos ilusiones, la crisis está lejos de terminar. Debemos organizarnos y luchar por un largo tiempo para perseverar y continuar profesando la fe católica plenamente, con plena confianza en el poder de nuestro Señor Jesucristo.

“Me dieron todo el poder en el cielo y en la tierra, id por el mundo, predicando la verdad, predicando la Santísima Trinidad, a Cristo Rey, predicando, predicando a Cristo Sumo Sacerdote, también a mi Madre Divina, que tiene todas las gracias, que distribuye todas las gracias. Y gracias a ustedes que va a triunfar sobre mis enemigos, es gracias a ustedes que se formen íntegramente en la fe católica, en mi Iglesia. Confiemos en mi Madre, Virgen Inmaculada, en su fe. Que la Virgen Santa nos guarde la fe en su inmaculada santidad.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amén.

Relaciones Roma-FSSPX/SSPX, entrevista con Bernard Fellay, Superior General de la FSSPX/SSPX


La entrevista ha sido publicada hoy por agencia DICI, órgano de comunicación de la FSSPX/SSPX. Esta entrevista cuenta con la importancia de que trata del estado actual de las relaciones Roma-FSSPX/SSPX.


DICI: ¿Está usted preocupado por el retraso en la respuesta de Roma, que podría permitir a aquellos que están en contra de un reconocimiento canónico, alejar a los sacerdotes y fieles de la Fraternidad San Pío X?

Monseñor: Todo está en las manos de Dios. Confío en Dios y en su Divina Providencia, que sabe cómo manejar todo, incluso los retrasos, por el bien de los que le aman.

DICI: ¿La decisión del Papa fue postergada como algunas revistas lo han dicho? ¿La Santa Sede le hizo saber algo sobre un retraso a esperar?

Monseñor: No, yo no tenía conocimiento de ningún calendario. Incluso hay algunos que dicen que el Papa abordará esta cuestión en Castelgandolfo, en julio.

¿Una solución canónica antes de una solución doctrinal?

DICI: La mayoría de los que se oponen a la aceptación por parte de la Fraternidad de un eventual reconocimiento canónico, hacen resaltar que los debates doctrinales solo habrían podido conducir a esta aceptación [canónica] si hubieran desembocado en una solución doctrinal, es decir, en una “conversión” de Roma. ¿Su posición sobre este punto ha cambiado?

Monseñor: Debemos reconocer que estas reuniones fueron una oportunidad para exponer los diversos problemas que enfrentamos a propósito del Concilio Vaticano II. Lo que ha cambiado es que Roma ya no hace de una plena aceptación del Concilio Vaticano II una condición para la solución canónica. Hoy en día, en Roma, algunos consideran que una comprensión diferente del Concilio no es determinante para el futuro de la Iglesia, porque la Iglesia no es solo el Concilio. De hecho, la Iglesia no se limita solo al Concilio, ella es mucho más grande. Por lo tanto, hay que dedicarse a resolver problemas mayores. Esta toma de conciencia puede ayudarnos a entender lo que realmente está sucediendo: estamos llamados a ayudar a llevar a los demás el tesoro de la Tradición que hemos podido conservar.

Así pues, es la actitud de la Iglesia oficial la que ha cambiado, nosotros no. No somos nosotros los que hemos pedido un acuerdo, es el Papa el que quiere reconocernos. Podemos pues preguntarnos el porqué de este cambio. ¡Todavía no estamos de acuerdo doctrinalmente, y sin embargo el Papa quiere reconocernos! ¿Por qué? La respuesta es ésta: hay problemas tremendamente importantes en la Iglesia de hoy. Debemos hacer frente a estos problemas. Debemos dejar de lado los problemas secundarios y hacer frente a problemas mayores. Esta es la respuesta de tal o cual prelado romano, pero no lo dirán jamás abiertamente; hay que leer entre líneas para entender.

Las autoridades oficiales no quieren reconocer los errores del Concilio. Ellas no lo dirán nunca de manera explícita. Sin embargo, si leemos entre líneas, se puede ver que quieren remediar a algunos de estos errores. He aquí un ejemplo interesante sobre el sacerdocio. Ustedes saben que desde el Concilio ha habido una nueva concepción del sacerdocio que ha demolido la imagen del sacerdote. Hoy vemos claramente que las autoridades romanas tratan de restaurar la verdadera concepción del sacerdote. Ya lo habíamos observado claramente durante el Año Sacerdotal, que tuvo lugar en 2010-2011. Ahora la fiesta del Sagrado Corazón es el día dedicado a la santificación de los sacerdotes. En esta ocasión, una carta fue publicada y un examen de conciencia fue compuesto para los sacerdotes. Uno podría pensar que fueron a buscar este examen de conciencia a Ecône, puesto que está claramente en consonancia con la espiritualidad pre-conciliar. Esta revisión ofrece la imagen tradicional del sacerdote, e incluso su papel en la Iglesia. Es este el papel que Monseñor Lefebvre afirma cuando describe la misión de la Fraternidad: restaurar la Iglesia a través de la restauración del sacerdote.

La carta dice: “La Iglesia y el mundo no pueden ser santificados sino por la santidad del sacerdote.” Realmente se pone al sacerdote en el centro. El examen de conciencia comienza con esta pregunta: “¿Es la principal preocupación del sacerdote la santificación?” Segunda pregunta: “¿El Santo Sacrificio de la Misa – que es la palabra que usan, no la Eucaristía, o la Synaxis o no sé qué otra cosa – es el centro de la vida del sacerdote?” Entonces se recuerdan las finalidades de la Misa: la alabanza a Dios, la oración, la reparación por los pecados … lo dicen todo. El sacerdote debe inmolarse – la palabra “inmolarse” no se usa, sino “darse”, sacrificarse para salvar a las almas. Todo está dicho. Luego viene la evocación de las postrimerías: “¿Piensa el sacerdote a menudo en sus postrimerías? ¿Piensa en pedir la gracia de la perseverancia final? ¿Se lo recuerda a sus fieles? ¿Visita a los moribundos para darles la extremaunción?” Usted ve cómo, de manera hábil, este documento romano recuerda claramente la idea tradicional del sacerdote.

Por supuesto, esto no elimina todos los problemas, y todavía hay graves dificultades en la Iglesia: el ecumenismo, Asís, la libertad religiosa… pero el contexto está cambiando; y no sólo el contexto sino la situación misma… Yo distinguiría entre las relaciones exteriores y la situación interna. Las relaciones con el mundo exterior no han cambiado todavía, pero lo que sucede en la Iglesia, las autoridades romanas están tratando de cambiarlo poco a poco. Obviamente, todavía sigue existiendo un desastre mayor, debemos ser conscientes, y no decimos lo contrario, pero también hay que ver lo que se está haciendo. Este examen de conciencia para los sacerdotes es un ejemplo significativo.

¿Qué actitud frente a las cuestiones doctrinales?

DICI: Usted reconoce que dificultades serias persisten con el ecumenismo, la libertad religiosa… Si se diera un reconocimiento canónico ¿cuál sería su actitud frente a estos problemas? ¿No se sentiría obligado a mantener una cierta reserva?

Monseñor: Permítame responder a su pregunta con tres preguntas: ¿Las novedades que se introdujeron durante el Concilio fueron el comienzo de un mayor desarrollo de la Iglesia, de vocaciones y de la práctica religiosa? ¿No constatamos más bien por el contrario una forma de “apostasía silenciosa” en todos los países cristianos? ¿Podemos callarnos frente a estos problemas?

Si queremos hacer fructificar el tesoro de la Tradición para el bien de las almas, debemos hablar y actuar. Necesitamos esta doble libertad de expresión y de acción. Pero yo desconfiaría de una denuncia puramente verbal de los errores doctrinales; denuncia más bien polémica dado que es sólo verbal.

Con el realismo que le caracterizaba, Monseñor Lefebvre reconocía que las autoridades romanas y diocesanas serían más sensibles a las cifras y a los hechos presentados por la Fraternidad San Pío X, que a los argumentos teológicos. Es por eso que yo no dudo en afirmar que si un reconocimiento canónico sucediese, las dificultades doctrinales serían siempre resaltadas por nosotros, pero con la ayuda de una lección dada por los hechos mismos, signos tangibles de la vitalidad de la Tradición. Y por eso, como yo ya lo decía en el 2006, acerca de las etapas de nuestro diálogo con Roma, debemos tener “fe en la Misa tradicional, esta Misa que exige la integridad de la doctrina y de los sacramentos, promesa de toda fecundidad espiritual de las almas.”

DICI: 2012 no es 1988, año de su consagración episcopal. En 2009 se retiraron las excomuniones, en 2007 se reconoció oficialmente que la Misa Tridentina “nunca había sido abrogada,” pero ahora algunos miembros de la Fraternidad deploran que la Iglesia aún no se haya convertido. ¿El rechazo a priori de ellos de un reconocimiento canónico se debe a 40 años de una situación excepcional que resulta de una mala interpretación de la sumisión a la autoridad?

Monseñor: Lo que está pasando en estos días muestra claramente algunos de nuestros puntos débiles frente a los peligros que se han creado por la situación en la que estamos. Uno de los principales peligros es inventar una noción de la Iglesia que parece ideal, pero que no se sitúa de hecho en la verdadera historia de la Iglesia. Algunos argumentan que para trabajar “con seguridad” en la Iglesia, en primer lugar, ésta debe limpiarse de todo error. Esto es lo que se dice cuando se afirma que Roma debe convertirse antes de cualquier acuerdo, o que los errores deben ser primero removidos para que podamos trabajar. Pero esta no es la realidad. Basta con mirar el pasado de la Iglesia; a menudo y casi siempre, vemos que hay errores difundidos en la Iglesia. Ahora bien, los santos reformadores no la abandonaron para luchar contra estos errores. Nuestro Señor nos enseñó que habrá siempre cizaña hasta el final de los tiempos. No sólo la hierba buena, no sólo el trigo.

En tiempos de los arrianos, los obispos trabajaron en medio de los errores para convencer de la verdad a los que estaban equivocados. No dijeron que querían estar fuera, como algunos dicen ahora. Por supuesto, siempre hay que tener cuidado con las expresiones “fuera,” “dentro,” porque somos de la Iglesia, somos católicos. Pero, ¿por este motivo podemos negarnos a convencer a aquellos que están en la Iglesia, bajo el pretexto de que están llenos de errores? ¡Veamos lo que han hecho los santos! Si Dios nos permite estar en una situación nueva, en un combate cuerpo a cuerpo al servicio de la verdad… Esta es la realidad que nos presenta la historia de la Iglesia. El Evangelio compara al cristiano con la levadura, ¿y queremos que la masa crezca, sin que estemos dentro de la masa?

En esta situación, presentada por algunos como una situación imposible, se nos pide ir a trabajar al igual que todos los santos reformadores de todos los tiempos. Por supuesto, esto no elimina el peligro. Pero si tenemos la libertad suficiente de actuar, de vivir y crecer, hay que hacerlo. Realmente creo que esto debe hacerse, siempre y cuando tengamos la suficiente protección.

DICI: ¿Cree usted que hay miembros de la Fraternidad que, conscientemente o no, abrazan teorías sedevacantistas? ¿Tiene miedo de su influencia?

Monseñor: Ciertamente algunos pueden estar influidos por esas ideas, esto no es nuevo. Yo no creo que sean tan numerosos, pero pueden hacer daño, sobre todo mediante la difusión de rumores falsos. Pero realmente creo que la principal preocupación entre nosotros es más bien la cuestión de confianza en las autoridades romanas, temiendo que lo que pueda acontecer sea una trampa. Personalmente, estoy convencido de que no es el caso.

Entre nosotros hay desconfianza de Roma, porque hemos sufrido demasiadas decepciones, por eso creemos que puede tratarse de una trampa. Es cierto que nuestros enemigos pueden pensar en utilizar este ofrecimiento como una trampa, pero el Papa que realmente quiere este reconocimiento canónico, no lo ofrece como una trampa.

Ver lo que la propuesta romana permitirá de derecho y de hecho.

DICI: Varias veces Ud. ha repetido que el Papa quiere personalmente el reconocimiento canónico de la Fraternidad. ¿Tiene la confirmación personal y reciente del mismo Papa de que es realmente su voluntad?

Monseñor: Sí, es el Papa quien lo quiere, y yo lo he dicho varias veces. Tengo detalles suficientes en mi poder para afirmar que lo que digo es cierto, aunque no he tenido trato directo con el Papa, sino con sus más cercanos colaboradores.

DICI: La carta del 14 de abril, firmada por los otros tres obispos de la Fraternidad, por desgracia ha sido publicada en Internet, ¿el análisis que ella presenta corresponde a la situación de la Iglesia?

Monseñor: Sobre sus posiciones, no excluyo la posibilidad de una evolución. La primera pregunta para nosotros, que hemos sido consagrados por Mons. Lefebvre, fue la de la supervivencia de la Tradición. Creo que si mis colegas ven y comprenden que en derecho y en los hechos hay en la propuesta romana una verdadera oportunidad para la Fraternidad de “restaurar todas las cosas en Cristo,” a pesar de todos los problemas que permanecen en la Iglesia hoy, entonces podrán reajustar su juicio – es decir, con el estatuto canónico en mano y los hechos ante sus ojos. Sí, yo creo, lo espero. Y debemos orar por esta intención.

DICI: Algunos en todo el mundo, incluyendo miembros de la Fraternidad, han utilizado pasajes de una entrevista que Ud. dio a Catholic News Service; estos pasajes sugieren que a sus ojos Dignitatis humanae ya no presenta dificultades. ¿Es la manera como esta entrevista se hizo lo que alteró el significado de lo que Ud. quiso expresar? ¿Cuál es su posición sobre esta cuestión en comparación con lo que Mons. Lefebvre enseñaba?

Monseñor: Mi posición es la de la Fraternidad y la de Mons. Lefebvre. Como de costumbre, en un asunto muy delicado; hay que hacer distinciones, y algunas de estas distinciones desaparecieron en la entrevista de televisión que se redujo a menos de 6 minutos. Pero el relato escrito que CNS hizo de mis comentarios, restablece lo que dije y que no se ha conservado en la versión difundida: “A pesar de que Mons. Fellay se niega a asumir la interpretación (de la libertad religiosa) por Benedicto XVI como si estuviera en continuidad con la Tradición de la Iglesia, – una posición que muchos en la Iglesia han discutido muy fuertemente -, Mons. Fellay habló de la idea en términos sorprendentemente simpáticos.” En realidad, yo solamente recordé que ya existe una solución tradicional al problema de la libertad religiosa y que se llama la tolerancia. Sobre el Concilio, cuando se me hizo la pregunta: “¿Pertenece el Vaticano II a la Tradición?” Le dije: “Quisiera esperar que así fuera” (lo que una traducción al francés defectuosa se ha convertido en: “Espero que sí”). Esto está en la línea de las distinciones hechas por Mons. Lefebvre de leer el Concilio a la luz de la Tradición: lo que está de acuerdo con la Tradición, lo aceptamos; lo que es dudoso, lo entendemos como la Tradición siempre lo ha enseñado; lo que es lo contrario, lo rechazamos.

Las relaciones de la Fraternidad San Pío X con los obispos diocesanos.

DICI: Una prelatura personal es la estructura canónica que Usted ha indicado en declaraciones recientes. Ahora bien, en el Código, el canon N º 297 requiere no sólo informar sino también obtener el permiso de los obispos diocesanos para fundar una obra en su territorio. Si bien es claro que cualquier reconocimiento canónico preservará nuestro apostolado en su estado actual, ¿está Ud. dispuesto a aceptar que las obras futuras no sean posibles sino con el permiso del obispo en las diócesis donde la Fraternidad San Pío X no está actualmente presente?

Monseñor: Hay mucha confusión sobre este tema, y ​​es causada principalmente por una mala interpretación de la naturaleza de la prelatura personal, así como por un desconocimiento de la relación normal entre el Ordinario del lugar y la Prelatura. A esto se añade el hecho de que la única referencia disponible en la actualidad sobre una prelatura personal es el Opus Dei. Sin embargo, seamos claros, si una prelatura personal nos fuese dada, nuestra situación no sería la misma. Para entender mejor lo que sucedería, creo que nuestra situación sería mucho más similar a la de un Ordinariato Militar, porque tendríamos una jurisdicción ordinaria sobre los fieles. Seríamos como una especie de diócesis cuya jurisdicción se extiende a todos sus fieles, independientemente de su situación territorial.

Todas las capillas, iglesias, prioratos, escuelas y obras de la Fraternidad y de las Congregaciones religiosas amigas serían reconocidos con una verdadera autonomía para ejercer su ministerio.

Sigue siendo cierto – como lo es el derecho de la Iglesia – que para abrir una nueva capilla o fundar una nueva obra, sería necesario contar con el permiso del Ordinario del lugar. Por supuesto, hemos mostrado a Roma como nuestra situación actual es difícil en las diócesis, y Roma sigue trabajando en ello. Aquí o allá, esta dificultad será real, pero ¿desde cuándo la vida es sin dificultades? Lo más probable es que también tengamos el problema opuesto, es decir, que no vamos a ser capaces de responder a las peticiones que vendrán de obispos amigos. Pienso en un algún obispo que podría pedirnos que nos encarguemos de la formación de los futuros sacerdotes de su diócesis.

De ninguna manera nuestras relaciones serían las de una congregación religiosa con un obispo, sino más bien las de un obispo con otro obispo, así como ocurre con los Ucranianos o los Armenios de la diáspora. Y si entonces un problema no se ha podido resolver, éste iría a Roma, y ​​habría entonces una intervención romana para resolver el problema.

Sea dicho de paso, lo que se ha informado a través de Internet con respecto a mis comentarios sobre este tema, en Austria, el mes pasado, es completamente falso.

DICI: Si hay reconocimiento canónico, ¿qué va a pasar con las capillas amigas de la Fraternidad e independientes de la diócesis? ¿Los obispos de la Fraternidad continuarán a administrar la confirmación, a proporcionar los Santos Oleos?

Monseñor: Si trabajan con nosotros, no habrá problema: será igual que ahora. Si no, todo dependerá de lo que estas capillas entienden por independencia.

DICI: ¿Va a haber una diferencia en sus relaciones con las comunidades Ecclesia Dei?

Monseñor: La primera diferencia es que ellos se verán obligados a dejar de tratarnos de cismáticos. Sobre un desarrollo futuro, es claro que algunos se acercarán a nosotros, puesto que ya nos aprueban discretamente; otros no. El tiempo nos dirá cómo se desarrollará la Tradición en esta nueva situación. Tenemos grandes expectativas para el apostolado tradicional, así como algunas personas importantes en Roma y el mismo Papa. Tenemos grandes esperanzas de que la Tradición se desarrolle con nuestra llegada.

DICI: Siempre si hay reconocimiento canónico ¿le dará la oportunidad a los cardenales de la Curia, o a los obispos, de visitar nuestras capillas, celebrar la Misa, administrar las confirmaciones, tal vez incluso de conferir las ordenaciones en los seminarios?

Monseñor: Los obispos favorables a la Tradición, los cardenales conservadores van a acercarse. Hay todo un desarrollo a prever, sin conocer los detalles específicos. Y sin duda también habrá dificultades, que es bastante normal. No hay duda de que van a venir a visitarnos, pero para trabajar de forma más precisa, como la celebración de la Misa o la ordenación, esto dependerá de las circunstancias. Así como queremos que la Tradición crezca, esperamos que la Tradición se desarrolle entre los obispos y cardenales. Un día todo será harmoniosamente tradicional, pero ¿cuánto tiempo se necesitará? Sólo Dios lo sabe.

DICI: En espera de la decisión de Roma, ¿cuáles son sus disposiciones internas? ¿Cuáles le gustaría que fueran para los sacerdotes y fieles apegados a la Tradición?

Monseñor: Cuando en 1988, Mons. Lefebvre anunció que iba a consagrar a cuatro obispos, algunos lo animaron a hacerlo y otros trataron de disuadirlo. Sin embargo, nuestro fundador mantuvo la paz, porque él no tenía en vista sino la voluntad de Dios y el bien de la Iglesia. Hoy en día, debemos tener las mismas disposiciones interiores. Como su santo Patrono, la Fraternidad San Pío X tiene la voluntad de “restaurar todas las cosas en Cristo,” algunos dicen que no es el tiempo, otros por el contrario, que es el momento adecuado. Por mi parte yo solo sé una cosa: siempre es el momento para hacer la voluntad de Dios y sabemos que El nos la hace conocer en el momento oportuno, siempre y cuando nos mostremos receptivos a sus inspiraciones. Por esto, he pedido a los sacerdotes renovar la consagración de la Fraternidad San Pío X al Sagrado Corazón de Jesús, en su fiesta, el 15 de junio próximo, y prepararse a ello con una novena, durante la cual se recitarán las Letanías del Sagrado Corazón en todas nuestras casas. Todos pueden unirse pidiendo la gracia de convertirse en instrumentos dóciles de la restauración de todas las cosas en Cristo. (DICI N º 256, de DICI 08/06/12)