Thursday, May 10, 2012

Le Figaro señala a obispo Williamson como filtrador de las cartas de la FSSPX/SSPX


Jean-Marie Guénois en Le Figaro, y respecto de las recientes cartas de la FSSPX/SSPX (ver aquí) que han sido conocidas en las cuales se denota una división interna, señala al obispo Richard Williamson como el posible filtrador de las mismas.

Canonización equivalente de Santa Hildegarda de Bingen


V.I.S. informa hoy sobre unos decretos de la Congrgegación para las Causas de los Santos; entre otras dice:

Ciudad del Vaticano, 10 mayo 2012 (VIS).- El Santo Padre ha recibido esta mañana en audiencia al cardenal Angelo Amato, S.D.B., prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.

Durante la audiencia, Su Santidad ha extendido a la Iglesia universal el culto litúrgico en honor de Santa Hildegarda de Bingen; alemana, (1089-1179) monja de la Orden de San Benito, inscribiéndola en el catálogo de los santos.

[...]

Al respecto aparece un artículo en L'Osservatore Romano.


La canonización equipolente de Hildegarda de Bingen
Una gran intelectual

Hildegarda de Bingen ha sido finalmente proclamada santa por la Iglesia después de siglos en que, a partir del momento de su muerte, ha sido venerada como santa, especialmente en el seno de la Orden benedictina, a la que pertenecía. Su figura majestuosa y compleja destaca en el panorama de un siglo tormentoso como fue el XII, donde su sabia y profética presencia desempeña un papel de gran importancia, ciertamente inédito para una mujer.

Monja, abadesa y fundadora de dos nuevos monasterios después dirigidos por ella misma con mano firme, desde pequeña experimenta visiones místicas, tiene el valor de hacer públicas sus visiones proféticas –escribirá al emperador Federico Barbarroja: «Te comportas como un niño»– y de escribir también, junto a los libros de mística y teología, textos de medicina y de análisis de los fenómenos naturales, del universo y del ser humano, proponiendo nuevas soluciones e intuiciones inéditas.

Con la certeza de ser portadora del mensaje divino también se dedica a la predicación, recorriendo varias regiones de Alemania, y hablando hasta en las iglesias. Incita a los Papas a la reforma, criticándoles también con dureza, explicando que el Espíritu Santo hablaba a través de ella -una mujer- porque la Iglesia, dirigida por hombres, había traicionado en muchos aspectos su naturaleza y su misión.

En su visión profética, realidad humana y realidad divina son una misma realidad, garantizada por el amor, que la mujer sabe encarnar. Ella ve y describe a Dios como una «luz viviente», una luz que también forma parte del ser humano: ella misma se define «sombra de la luz viviente».

Por tanto, no debe sorprender que la historiografía y la teología feministas se hayan dedicado con mucho empeño a redescubrir este personaje, y que los cd de su música –Hildegarda también era un buena compositora de música sacra– se encuentren en las librerías feministas de medio mundo y no sólo en las religiosas.

La mística renana es la prueba de que en el seno de la cultura cristiana era posible para una mujer -evidentemente excepcional– producir alta cultura y hacerse escuchar por los poderosos. Benedicto XVI en las reflexiones dedicadas a las figuras femeninas del medievo quiso reservarle dos discursos, y se inspiró precisamente en Hildegarda para declarar que «la teología puede recibir una contribución peculiar de las mujeres, porque ellas son capaces de hablar de Dios y de los misterios de la fe con su peculiar inteligencia y sensibilidad».

La canonización por equivalencia proclamada hoy llega, por tanto, a confirmar la relevancia que el Papa atribuye a esta mujer, la cual unió a las cualidades de mística las características de verdadera intelectual de su tiempo. Tan excepcional que para volver a encontrar una figura tan rica desde el punto de vista intelectual –dejando a un lado obviamente a las dos grandes Teresas, maestras del discurso místico– debemos llegar a otra santa alemana, Edith Stein.

Benedicto XVI ratifíca que proximamente declarará Doctor de la Iglesia a San Juan De Ávila


“Es para mí un motivo de alegría recibiros en la conmemoración de los cincuenta años de la sede actual del Pontificio Colegio Español de San José, y precisamente en la memoria litúrgica de san Juan de Ávila, patrono del clero secular español, y al que próximamente declararé Doctor de la Iglesia universal”. Con dichas palabras ha ratificado hoy el Papa la próxima declaración como Doctor de la Iglesia a San Juan de Ávila; lo ha hecho durante un discurso pronunciado durante la audiencia concedida al Pontificio Colegio Español de San José de Roma.

El texto completo del discurso a continuación.

Señores cardenales,
Venerados hermanos en el episcopado,
Querido señor rector, superiores, religiosas,
alumnos del Pontificio Colegio Español de San José de Roma.


Es para mí un motivo de alegría recibiros en la conmemoración de los cincuenta años de la sede actual del Pontificio Colegio Español de San José, y precisamente en la memoria litúrgica de san Juan de Ávila, patrono del clero secular español, y al que próximamente declararé Doctor de la Iglesia universal. Saludo al señor cardenal Antonio María Rouco Varela, arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, al que agradezco sus amables palabras, así como a los señores arzobispos miembros del Patronato, al señor rector, a los formadores, religiosas y a vosotros, queridos alumnos.

Esta efeméride marca una relevante etapa del ya dilatado itinerario de este convictorio, que comenzó a finales del siglo diecinueve, cuando el beato Manuel Domingo y Sol, fundador de la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos, se lanzó a la aventura de crear un colegio en Roma, con la bendición de mi venerado predecesor, León XIII, y el interés del episcopado español.

Por vuestro colegio han pasado miles de seminaristas y sacerdotes que han servido a la Iglesia en España con amor entrañable y fidelidad a su misión. La formación específica de los sacerdotes es siempre una de las mayores prioridades de la Iglesia. Al ser enviados a Roma para profundizar en vuestros estudios sacerdotales debéis pensar sobre todo, no tanto en vuestro bien particular, cuanto en el servicio al pueblo santo de Dios, que necesita pastores que se entreguen al hermoso servicio de la santificación de los fieles con alta preparación y competencia.

Pero recordad que el sacerdote renueva su vida y saca fuerzas para su ministerio de la contemplación de la divina Palabra y del diálogo intenso con el Señor. Es consciente de que no podrá llevar a Cristo a sus hermanos ni encontrarlo en los pobres y en los enfermos, si no lo descubre antes en la oración ferviente y constante. Es necesario fomentar el trato personal con Aquel al que después se anuncia, celebra y comunica. Aquí está el fundamento de la espiritualidad sacerdotal, hasta llegar a ser signo transparente y testimonio vivo del Buen Pastor. El itinerario de la formación sacerdotal es, también, una escuela de comunión misionera: con el Sucesor de Pedro, con el propio obispo, en el propio presbiterio, y siempre al servicio de la Iglesia particular y universal.

Queridos sacerdotes, que la vida y doctrina del Santo Maestro Juan de Ávila iluminen y sostengan vuestra estancia en el Pontificio Colegio Español de San José. Su profundo conocimiento de la Sagrada Escritura, de los santos padres, de los concilios, de las fuentes litúrgicas y de la sana teología, junto con su amor fiel y filial a la Iglesia, hizo de él un auténtico renovador, en una época difícil de la historia de la Iglesia. Precisamente por ello, fue «un espíritu clarividente y ardiente, que a la denuncia de los males, a la sugerencia de remedios canónicos, ha añadido una escuela de intensa espiritualidad» (Pablo VI, Homilía durante la canonización de san Juan de Ávila, 31 mayo 1970).

La enseñanza central del Apóstol de Andalucía es el misterio de Cristo, Sacerdote y Buen Pastor, vivido en sintonía con los sentimientos del Señor, a imitación de san Pablo (cf. Flp 2,5). «En este espejo sacerdotal se ha de mirar el sacerdote para conformarse en los deseos y oración con Él» (Tratado sobre el sacerdocio,10). El sacerdocio requiere esencialmente su ayuda y amistad: «Esta comunicación del Señor con el sacerdote… es trato de amigos», dice el Santo (ibíd., 9).

Animados por las virtudes y el ejemplo de san Juan de Ávila, os invito, pues, a ejercer vuestro ministerio presbiteral con el mismo celo apostólico que lo caracterizaba, con su misma austeridad de vida, así como con el mismo afecto filial que tenía a la santísima Virgen María, Madre de los sacerdotes.

Bajo la entrañable advocación de «Mater clementissima», han sido innumerables los alumnos que han confiado a ella su vocación, sus estudios, sus afanes y proyectos más nobles, como también sus tristezas y preocupaciones. No dejéis de invocarla cada día, ni os canséis de repetir su nombre con devoción. Escuchad a san Juan de Ávila, cuando exhortaba a los sacerdotes a imitarla: «Mirémonos, padres, de pies a cabeza, alma y cuerpo, y nos veremos hechos semejables a la sacratísima Virgen María, que con sus palabras trujo a Dios a su vientre... Y el sacerdote le trae con las palabras de la consagración» (Plática 1ª a los sacerdotes). La Madre de Cristo es modelo de aquel amor que lleva a dar la vida por el Reino de Dios, sin esperar nada a cambio.

Que, bajo el amparo de Nuestra Señora, la comunidad del Pontificio Colegio Español de Roma pueda seguir cumpliendo sus objetivos de profundización y actualización de los estudios eclesiásticos, en el clima de honda comunión presbiteral y alto rigor científico que lo distingue, con vistas a realizar, ya desde ahora, la íntima fraternidad pedida por el concilio Vaticano II «en virtud de la común ordenación sagrada y de la común misión» (Lumen gentium, 28). Así se formarán pastores que, como reflejo de la vida de Dios Amor, uno y trino, sirvan a sus hermanos con rectitud de intención y total dedicación, promoviendo la unidad de la Iglesia y el bien de toda la sociedad humana.

Con estos sentimientos, os imparto una especial Bendición Apostólica, que complacido hago extensiva a vuestros familiares, comunidades de origen y a cuantos colaboran en vuestro itinerario formativo durante vuestra estancia en Roma. Muchas gracias.

Tres obispos de la FSPPX/SSPX a Fellay: No firme. Fellay responde: Uds. tratan de imponer su punto de vista a la FSSPX/SSPX


Para ser honestos, quienes primero hicieron denotar la supuesta división interna de la FSSPX/SSPX fueron los sedevacantistas, a ellos algunos otros hicieron eco, claro que sin tener la gallardía de darles crédito. Bien, hoy día el blog Summorum Pontificum Observatus ha dado a conocer dos cartas que denotan esta división interna, la cual ya no se puede decir categóricamente que sea teórica.

La primera carta es de Abr-07-2012, firmada por tres de los obispos de la FSSPX/SSPX y remitida al Consejo General de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, Traducción al español de Radio Cristiandad.




CARTA AL CONSEJO GENERAL DE LA FRATERNIDAD SAN PIO X

7 de abril del 2012

Señor Superior General

Señor Primer Asistente

Señor Segundo Asistente

Después de algunos meses, como muchos lo dicen, el Consejo general de la FSSPX considera seriamente las proposiciones romanas en vista de un acuerdo práctico, siendo un hecho que las discusiones doctrinales del 2009 al 2011 han probado que un acuerdo doctrinal es imposible con la Roma actual. Por medio de esta carta los tres obispos de la FSSPX que no son parte del Consejo General desean hacerle saber, con todo el respeto que conviene, la unanimidad de su oposición formal a cualquier acuerdo semejante.

Por supuesto, de ambos lados de la división actual entre la Iglesia Conciliar y la FSSPX, muchos desean rehacer la unidad católica. Honor a esas personas tanto de una parte como de otra. Pero la realidad dominante y ante la cual todos estos sinceros deseos deben ceder, es que desde el Vaticano II las autoridades oficiales de la Iglesia se han separado de la verdad católica y hoy en día ellas se muestran tan determinadas como siempre a permanecer fieles a la doctrina y práctica Conciliares. Las discusiones romanas, el «preámbulo doctrinal» y Asís III son ejemplos deslumbrantes.

El problema planteado a los católicos por el concilio Vaticano II es profundo. En una conferencia que pareciera haber sido como el último testamento doctrinal de Monseñor Lefebvre, impartida a los sacerdotes de su Fraternidad en Ecône medio año antes de su muerte, después de haber resumido la historia del catolicismo liberal saliente de la Revolución francesa, recordó como los Papas combatieron siempre esta tentativa de reconciliación entre la Iglesia y el mundo moderno, y declaró que el combate de la Fraternidad contra el Vaticano II era exactamente el mismo combate. Concluyó:

«Entre mas se analizan los documentos del Vaticano II y su interpretación por las autoridades de la Iglesia, mas nos damos cuenta que no se trata de errores superficiales ni de algunos errores particulares como el ecumenismo, la libertad religiosa, la colegialidad, sino más bien de una perversión total del espíritu, de toda una filosofía nueva fundada sobre el subjetivismo… Esto es muy grave! Una perversión total!… Esto es verdaderamente espantoso.»

Ahora bien, ¿el pensamiento de Benedicto XVI es mejor comparado con el de Juan Pablo II? Basta leer el estudio de uno de nosotros sobre La Foi au Péril de la Raison para darse cuenta que el pensamiento del Papa actual está igualmente impregnado de subjetivismo. Es toda la fantasía subjetiva del hombre en el lugar de la realidad objetiva de Dios. Es toda la religión católica sumisa al mundo moderno. ¿Cómo se puede creer que un acuerdo práctico pueda arreglar un problema semejante?

Pero, se nos dirá, Benedicto XVI es bondadoso hacia la Fraternidad y su doctrina. En tanto que subjetivista puede serlo, porque los liberales subjetivistas pueden tolerar la misma verdad pero no si ella se rehusa a tolerar el error. El nos aceptará en el marco de un pluralismo relativista y dialéctico, a condición de permanecer en la «plena comunión» hacia la autoridad y hacia las otras «realidades eclesiales». He aquí el por qué las autoridades pueden tolerar que la Fraternidad continúe enseñando la doctrina católica, pero no soportarán absolutamente que ella condene a la doctrina conciliar. He aquí el por qué un acuerdo incluso puramente práctico haría necesaria y progresivamente callar, por parte de la Fraternidad, toda crítica del concilio o de la nueva misa. Dejando de atacar estas victorias que son las más importantes de la Revolución, la pobre Fraternidad cesaría necesariamente de oponerse a la apostasía universal de nuestra lamentable época y se hundiría ella misma. En última instancia, ¿quién nos garantizará de permanecer tal cual somos protegiéndonos de la curia romana y de los obispos? ¿El Papa Benedicto XVI?

Por mas que se niegue, este deslizamiento es inevitable. ¿No se ven ya en la Fraternidad los síntomas de esta disminución en la confesión de la Fe? Hoy en día, desgraciadamente, es lo contrario que sería «anormal» Justo antes de las Consagraciones de 1988 cuando numerosas personas valientes insistían a Monseñor Lefebvre para que hiciera un acuerdo práctico con Roma que abriría un gran campo de apostolado, el dijo su pensamiento a los cuatro consagrandos: «Un gran campo de apostolado puede ser, pero en la ambigüedad y siguiendo dos direcciones opuestas a la vez, lo que habría terminado pudriéndonos». ¿Cómo obedecer y continuar predicando toda la verdad? ¿Cómo hacer un acuerdo sin que la Fraternidad se «pudriera» en la contradicción?

Y cuando un año mas tarde, Roma parecía hacer verdaderos gestos de benevolencia hacia la Tradición, Monseñor Lefebvre todavía desconfiaba. El temía que no se tratara mas que de «maniobras para separar de nosotros el mas grande número de fieles posible. He aquí la perspectiva por la cual parecen ceder todavía un poco más e incluso ir más lejos. Debemos absolutamente convencer a nuestras gentes que no se trata mas que de una maniobra, que es peligroso meterse entre las manos de los obispos conciliares y de la Roma modernista. Es el peligro más grande que amenaza a nuestra gente. Si nosotros luchamos desde hace 20 años para resistir a los errores conciliare, no fue para ponernos ahora entre las manos de aquellos que profesan errores.» Siguiendo a Monseñor Lefebvre, el propósito de la Fraternidad es, mas que denunciar los errores por su nombre, de oponerse eficaz y públicamente a las autoridades romanas que los difunden. ¿Cómo se podría conciliar un acuerdo y una resistencia pública a las autoridades, entre ellas, al Papa? Y después de haber luchado durante más de cuarenta años,¿ la Fraternidad deberá ahora ponerse entre las manos de modernistas y liberales de los cuales acabamos de constatar su pertinacia?

Monseñor, Padres, pongan atención, ustedes conducen a la Fraternidad a un punto sin retorno, a una profunda división sin marcha atrás y, si ustedes llegan a un tal acuerdo, a poderosas fuerzas destructivas que Ella no soportará. Si hasta el presente los obispos de la Fraternidad la han protegido, es precisamente porque Monseñor Lefebvre rechazó un acuerdo práctico. Puesto que la situación no ha cambiado substancialmente; puesto que la condición emitida por el Capítulo del 2006 no se ha realizado (cambio de rumbo por parte de Roma que permita un acuerdo práctico), escuchen de nuevo a su Fundador. El tuvo razón hace 25 años. Todavía tiene razón hoy. En su nombre, los conjuramos: no comprometan a la Fraternidad en un acuerdo puramente práctico.

Con nuestros saludos mas cordiales y fraternales, en Cristo y María,

Mgr. Alfonso de Galarreta

Mgr. Bernard Tissier de Mallerais

Mgr. Richard Williamson

La segunda carta es la respuesta del Consejo General de la FSSPX/SSPX a estos tres obispos, la cual está fechada Abr-14-2012. Traducción de Radio Cristiandad.






FRATERNIDAD SACERDOTAL
SAN PIO X

Menzingen, 14 de abril de 2012

A NN.SS. Tissier de Mallerais, Williamson y De Galarreta

Excelencias :

Vuestra carta colectiva enviada a los miembros del Consejo General ha mantenido toda nuestra atención. Les agradecemos su solicitud y su caridad.

Permítanos a cambio con la misma preocupación de caridad y de justicia, hacerles las siguientes observaciones.

Por principio, la carta menciona muy bien la gravedad de la crisis que trastorna a la Iglesia y analiza de manera precisa la naturaleza de los errores que proliferan en su ambiente.

Sin embargo, la descripción está salpicada de dos defectos en relación a la realidad de la Iglesia: carece de lo sobrenatural y al mismo tiempo carece de realismo.

Carece de lo sobrenatural: Al leerlos, uno se pregunta seriamente si ustedes creen todavía que esta Iglesia visible cuyo asiento está en Roma, es la Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo, una Iglesia que ciertamente está desfigurada horriblemente a planta pedís usque ad verticem capitis, pero una Iglesia que tiene cuando menos todavía por jefe a Nuestro Señor Jesucristo. Se tiene la impresión que ustedes están tan escandalizados que ya no aceptan que esto todavía pudiera ser verdad. Para ustedes Benedicto XVI ¿es Papa legítimo? Si lo es, ¿Jesucristo puede todavía hablar por su boca? Si el Papa expresa una voluntad legítima respecto a nosotros que es buena, que no da una orden en contra de los mandamientos de Dios ¿tenemos el derecho de desatenderlo, de devolver un revés a esta voluntad? Y si no ¿en qué principio se basan para actuar de este modo? ¿No creen ustedes que si Nuestro Señor lo ordena El nos dará los medios para continuar nuestra obra? Ahora bien, el Papa nos ha hecho saber que la preocupación de arreglar nuestro asunto por el bien de la Iglesia estaba en el corazón mismo de su pontificado, y también que él sabía bien que sería más fácil tanto para él como para nosotros de dejar las cosas como están. Por lo tanto, es una voluntad irrevocable y justa la que expresa.

Con la actitud que ustedes promueven no hay lugar ni para los Gedeón ni para los David ni para aquellos que cuentan con el socorro del Señor. Nos reprochan de ser ingenuos o de tener miedo, pero es su visión de la Iglesia la que es demasiado humana e incluso fatalista. Ustedes ven los peligros, los complots, las dificultades pero no ven la asistencia de la Gracia y del Espíritu Santo. Si se quiere aceptar que la Divina Providencia conduce los asuntos de los hombres, respetando su libertad, entonces hay que aceptar que los gestos de estos últimos años a nuestro favor están bajo Su gobierno. Por lo tanto indican una línea –no muy derecha- pero claramente a favor de la tradición. ¿Por qué simplemente ella se detendría si hacemos todo por conservar nuestra fidelidad y acompañamos nuestros esfuerzos de una oración poco común? ¿El Buen Dios nos dejaría caer en el momento más crucial? Eso no tiene mucho sentido. Sobre todo que no tratamos de imponer cualquier voluntad propia sino que tratamos de escrutar a través de los acontecimientos lo que Dios quiere, estando dispuestos a todo, como a El le plazca.

Al mismo tiempo carece de realismo en cuanto a la intensidad de los errores y en cuanto a su amplitud.

Intensidad: En la Fraternidad estamos haciendo de errores del Concilio súper-herejías, se vuelve el mal absoluto, peor que todo, de la misma manera en que los liberales han dogmatizado este concilio pastoral. Los males ya son suficientemente dramáticos para que no se les exagere más. (cf. Roberto de Mattei, Una historia jamás escrita pág. 22, Monseñor Gherardini, Un debate a abrir pag. 53, etc.). Monseñor Lefebvre hizo varias veces las distinciones necesarias con respecto al liberal. Esta falta de distinción a uno u otro de entre ustedes a un endurecimiento «absoluto» . Esto es grave porque esta caricatura no está en la realidad y desembocará lógicamente en el futuro a un verdadero cisma. Este hecho es uno de los argumentos que me empuja a no tardar en responder a las instancias romanas.

Amplitud: Por un lado, endosamos a las autoridades presentes todos los errores y todos los males que se encuentran en la Iglesia, olvidando que ellas intentan al menos en parte de liberarse de los más graves (la condenación de la “hermenéutica de la ruptura” denuncia errores muy reales). Por otra parte se pretende que todos estén arraigados en esta pertinacia («todos modernistas», «todos podridos»). Esto es manifiestamente falso. Una gran mayoría se deja llevar por el movimiento, pero no todos.

Hasta el punto que, en la cuestión más crucial de todas, la de la posibilidad de sobrevivir en las condiciones de un reconocimiento de la Fraternidad por Roma, nosotros no llegamos a la misma conclusión que ustedes.

Que quede claro de paso que NOSOTROS NO HEMOS BUSCADO un acuerdo práctico. Eso es falso. No hemos rechazado a priori, como ustedes lo solicitan, de considerar una oferta del Papa. Por el bien común de la Fraternidad, preferiríamos lejos la solución actual de status quo intermedio, pero evidentemente Roma ya no lo tolera.

En sí, la solución de una Prelatura personal propuesta no es una trampa. Resulta, por principio, que la situación presente en abril del 2012 es muy diferente de la de 1988. Pretender que nada ha cambiado es un error histórico. Los mismos males hacen sufrir a la Iglesia, las consecuencias son todavía mas graves y manifiestas que entonces, pero al mismo tiempo se puede constatar un cambio de actitud en la Iglesia, ayudado por los actos y los gestos de Benedicto XVI hacia la Tradición. Este nuevo movimiento, nacido al menos hace unos diez años, se está fortaleciendo. Toca a un buen número (todavía una minoría) de jóvenes sacerdotes, de seminaristas e incluso hasta un pequeño número de jóvenes obispos que se distinguen notablemente de sus predecesores y que nos expresan su simpatía y su apoyo pero que todavía están sofocados por la línea dominante en la jerarquía que favorece el Concilio Vaticano II. Esta jerarquía está perdiendo vitalidad. Esto es objetivo y muestra que ya no es ilusorio considerar un combate «intra muros» del cual estamos muy consientes de su dureza y dificultad. He podido constatar en Roma como los discursos sobre las glorias del Vaticano II que nos van a machacar, si bien están todavía en la boca de muchos, no está sin embargo en todas las cabezas. Poco a poco van creyendo.

Esta situación concreta, con la situación canónica que se propone, es muy diferente a la de 1988. Y cuando comparamos los argumentos que Monseñor Lefebvre había dado en su época, concluimos que no hubiera dudado a aceptar lo que nos han propuesto. No perdamos el sentido de Iglesia que era tan fuerte en nuestro venerable fundador.

La historia de la Iglesia muestra que la curación de los males que la afligen, se hace de manera habitual lenta y gradualmente, y cuando un problema se termina, hay otro que comienza oportet haereses ese. Pretender esperar a que todo se arregle para llegar a lo que ustedes llaman un acuerdo práctico, no es realista. Es muy probable, viendo como se desarrollan las cosas, que el fin de esta crisis tomará todavía decenas de años. Pero rehusar trabajar en el campo porque todavía haya mala hierba, con el riesgo de asfixiar, de estorbar la buena hierba, encuentra una curiosa lección bíblica; es Nuestro Señor que nos hace comprender por su parábola de la cizaña que siempre habrá, en una forma u otra, mala hierba a arrancar y combatir en su Iglesia.

Ustedes no pueden saber cómo su actitud en estos últimos meses —muy diferente en cada uno de ustedes— ha sido dura para nosotros. Ella ha impedido al superior general de comunicarles y hacerles partícipes de sus grandes preocupaciones a las que los hubiera gustosamente asociado, si el no hubiera encontrado una incomprensión tan fuerte y apasionada. Cómo le hubiera gustado poder contar con ustedes, con sus consejos, para apoyarse en este paso tan delicado de nuestra historia. Ha sido una gran prueba, probablemente la mas grande de todo su superiorato. Nuestro venerable fundador ha dado a los obispos de la Fraternidad una carga y deberes precisos. Les ha mostrado que el principio de unidad en nuestra sociedad, es el superior general . Pero desde hace tiempo, ustedes están tratando de imponerle su punto de vista —cada uno de manera diferente— incluso bajo formas de amenaza y además públicamente. Esta dialéctica entre verdad/fe y autoridad, es contraria al principio sacerdotal. Al menos hubiera esperado que ustedes trataran de comprender lo que le ha obligado a actuar como lo ha hecho en los últimos años, según la voluntad de la Divina Providencia.

Oramos por cada uno de ustedes para que en este combate que está lejos de terminar, nos reencontremos todos juntos, por la más grande gloria de Dios y por amor a nuestra querida Fraternidad.

Que Nuestro Señor resucitado y Nuestra Señora se dignen bendecirlos y protegerlos.

+Bernard Fellay

Nicklaus Pfluger +

Alain-Marc Nély +


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