Tuesday, February 21, 2012

Palencia, España: Una iglesia cuasipermanente para recibir el sacramento de la confesión


A los católicos de otras latitudes les dará envidia que exista un sitio así, nos llega a la cabeza las parroquias estadounidenses en donde por lo general sólo existen 30 minutos a la semana para poder confesarse, usualmente los Sábados en la tarde. En otras partes cuelgan un avisito en el que ni siquiera establecen horario fijo para la confesión, sino apenas anuncian algo así como: “confesiones, cuando se requiera”, e indefectiblemente cuando un fiel requiere el sacramento la respuesta es: “en este momento no es posible”.

En el propio sitio de internet de la Diócesis de Palencia, España, viene contenida esta grata información:

Iglesia de San Agustín: Iglesia para la Reconciliación

La iglesia de San Agustín inicia en Cuaresma un nuevo reto como Iglesia para la Reconciliación. A partir del próximo día 22 de febrero, Miércoles de Ceniza y comienzo de la Cuaresma, la Iglesia de San Agustín, situada en pleno centro de la ciudad de Palencia, en la Calle Mayor, adquirirá un nuevo carácter, asumiendo una función muy importante en la Iglesia diocesana. Será un lugar casi permanente de administración del sacramento de la reconciliación y de dirección espiritual, a todos los que deseen entrar por sus puertas, abiertas a todos los fieles católicos. Será una Iglesia para la reconciliación y la escucha.

El Obispo de la Diócesis, Mons. Esteban Escudero estará presente el Miércoles de Ceniza e impartirá la ceniza a partir de las 19:30h.

A partir de ese día, desde las 10.30h de la mañana hasta las 13 horas y, por la tarde, de 16.30h a 19 horas, de lunes a sábado y, de 10.30h a 13 horas los domingos, siempre habrá un sacerdote experimentado, dispuesto a acoger a cuantos deseen confesarse: laicos, religiosos, religiosas o sacerdotes, o a cuantos tengan algún problema de tipo religioso o humano. Lo que se pretende es que la Iglesia de San Agustín tenga sus puertas abiertas para todos aquellos que quieran entrar, descansar, orar, sentirse escuchados y recibir, si lo desean, el sacramento de la reconciliación.

Esta iniciativa que comienza en Cuaresma no finalizará en este tiempo, sino que tendrá continuidad a lo largo de todo el año. En una carta de nuestro Obispo, Mons. Esteban Escudero reconoce que “el sacramento de la penitencia o de la reconciliación está siendo minusvalorado hoy en día por otras personas que, no obstante, se sienten también miembros de la Iglesia. Se va diluyendo la conciencia del pecado en nuestra sociedad y sólo estamos dispuestos a admitir que a veces nos equivocamos, que en ocasiones hacemos algo que nuestra conciencia nos reprocha o incluso que puede hacer daño al prójimo”.

En este sentido, la idea de ofrecer la oportunidad de recibir el Sacramento de la Reconciliación con un horario amplio y flexible es una buena noticia para los fieles de la diócesis palentina.

Programa de TV italiana ‘Los Intocables’ anuncia entrevista exclusiva con uno de los filtradores de documentos vaticanos.


En italia les dicen ‘cuervos’, se trata en este caso de uno de los responsables de haber filtrado relevantes documentos vaticanos recientemente. El programa televisivo italiano ‘los intocables’ anticipa que en su edición de Feb-22-2012 transmitirá una entrevista de su director, Gianluigi Nuzzi, con uno de estos ‘cuervos’.

Y como no hay cuña que más apriete que la del mismo palo, que no nos vayan a salir con una declaración de la Secretaría de Estado en la que minimicen el asunto argumentando de que se trata de un mero espectáculo montado para un programa televisivo al cual no hay que darle ningún crédito. El que comenzó la moda de tratar temas serios de manera trivial en shows de televisión fue el propio Secretario de Estado, quien en May-31-2007 apareció en vivo en el programa de Bruno Vespa, ‘Porta a Porta’ (ver aquí), intentando hacernos creer que todo lo referente al llamado Secreto de Fátima ya había sido revelado, para lo cual al mejor estilo de un mago mostró dos sobres con notas de Sor Lucía en su exterior, en los que claramente decía que por orden expresa de la Santísima Virgen el contenido debería ser revelado en 1960, lo que contradice claramente lo que nos dijeron en Jun-26-2000, cuando textualmente anunciaban que Sor Lucía habría afirmado: «no ha sido la Señora, sino yo la que ha puesto la fecha de 1960». Eso aparte de otras inconsistencias que no son del caso ahora, a lo que queremos dar énfasis es que el que comenzó la cosa de los shows televisivos no fue propiamente ningún ‘cuervo’.


Actualización Feb-23-2012: Una vez transmitido el programa en televisión, el video ha sido hecho disponible en internet. Para quienes deseen verlo, aquí lo incrustamos.


Palma de Mallorca: Santa Misa de Réquiem según la Forma Extraordinaria


Invitación de Una Voce Mallorca, Feb-21-2012.

El lunes 5 de marzo a las 20:00 H., en el Monasterio de la Concepción de Palma, se celebrará la Santa Misa Tridentina de Réquiem cantada en sufragio por el eterno descanso de los católicos que actualmente mueren víctimas de la persecución religiosa en países de misión. El sacerdote oficiante será el Rvdo. D. Jaime Mercant Simó, vicario de Sóller.

Monasterio de la Concepción
C/ Concepció, 7 B
07012 Palma
971714115



La Madre Pierina y el Rostro de Jesús


En este día, Mártes antes de Miércoles de Ceniza, y según lo reveló el propio Jesucristo a la Beata Hermana María Pierina, se debería hacer memoria del Divino Rostro. Seguidamente reproducimos un artículo titulado “La Madre Pierina y el Rostro de Jesús”, publicado en la revista 30 Giorni, edición en español, N° 01/02 de 2011, págs 46-49 (copia en PDF del artículo en la edición impresa aquí).


La Madre Pierina y el Rostro de Jesús

Historia de una monja que, entre Argentina, Milán y Roma, vivió la fe como mirada al dulce Rostro de Jesús

por Davide Malacaria

Desde la planta baja, donde está la guardería, suben los gritos de los niños jugando. Aquí, en el piso superior, habita el silencio y la oración. Hay una secreta armonía que une el silencio de esta planta donde están las celdas de las hermanas con los juegos de los niños de abajo. Como cosas que se enmarañan, se entrecruzan, como en un vaivén en este rincón del mundo situado en el corazón de Roma. Rodeado de espacios verdes, el Instituto del Espíritu Santo está en Testaccio, barrio que es de alguna manera símbolo de la romanidad, y alberga a las Hijas de la Inmaculada Concepción de Buenos Aires. A esta Congregación pertenecía la madre Pierina De Micheli, cuyo nombre era Giuseppina, proclamada beata el 30 de mayo de 2010. Sus cosas siguen aquí, en el primer piso, en la que durante años fue su habitación: bien dispuestas, ordenadas, expuestas como si fuera una pequeña exposición. Nos las enseña una monja, indicando una urna colocada al lado de la puerta de entrada en la que se conservan objetos que recuerdan las muchas atenciones dedicadas a la beata durante su vida, entre las que destaca una estatuilla de cerámica que representa al Niño Jesús que, explica nuestra acompañante, al parecer la abrazó. En frente, otra urna conserva recuerdos más oscuros: su crucifijo roto, los restos de una manta quemada; objetos que fueron encontrados en su celda y que, explican las monjas, atestiguan el feroz odio que el diablo sentía hacia ella. Pocos pasos, los suficientes para llegar hasta el final del pasillo, donde se abre la pequeña capilla del Instituto donde reposa el cuerpo de la beata, aún aquí, en medio de sus hermanas. Delante del sarcófago se ha colocado un reclinatorio para los devotos que desde todos los rincones de Roma vienen a rezarle. La tumba está en un nicho lateral, de modo que también ahora que está muerta parece que la madre obedece a la pequeña regla a la que se conformó en vida, como la de restar escondida al mundo, con Jesús, cerca de Jesús.


Roma, Basílica de Santa María la Mayor, 30 de mayo de 2010: beatificación de la madre Pierina [© Romano Siciliani]

Giusepppina De Micheli es romana de adopción, pues nació en Milán en 1890, última de una prole numerosa, que dará a la Iglesia dos monjas, Teofila y Luigia, y un sacerdote, don Riccardo. Para contar su vida, marcada desde la juventud por una singular amistad con Jesús, usaremos una carta que ella misma escribe al papa Pío XII en 1943, con motivo de una visita al Vaticano. Escribe la beata: «Tenía yo doce años cuando, el Viernes Santo, esperando en mi parroquia el turno para besar el crucifijo, una voz clara me dice: “¿Nadie me da un beso de amor en el rostro, para reparar el beso de Judas?”. Creí, en mi inocencia de niña, que la voz la habían escuchado todos y sentía gran pena viendo que se­guían besándole las llagas y nadie pensaba besarle el Rostro. Yo te voy a dar, Jesús, el beso de amor, ten paciencia y, llegado el momento, le solté un fuerte beso en el Rostro con todo el ardor de mi corazón. Era feliz, creyendo que Jesús estaba ya contento y no iba a seguir teniendo aquella pena». Desde entonces el rostro de Jesús fue término de devoción profunda por parte de Giuseppina. «Desde aquel día», sigue escribiendo en la carta, «el primer beso al crucifijo era a Su Santo Rostro».

De muchacha le gusta enseñar el catecismo a los niños y se apresura a seguir al sacerdote cuando éste va a administrar la extremaunción a los moribundos porque, explica a quienes le preguntan, es hermoso acompañar a un alma hacia el Paraíso. No se sabe bien cuándo florece en ella la vocación a la vida consagrada: quizá durante la vestición de una de sus hermanas, quizá antes. Lo cierto es que desde chiquilla se siente de alguna manera atraída, y al mismo tiempo, atemorizada. A quienes le preguntan responde con evasivas. En una carta, don Riccardo, el hermano sacerdote al que Giuseppina se unió mucho tras la muerte de los padres, hará ironía sobre su titubeo, escribiéndole: «Para ti las monjas han de venir del otro mundo». Pasan algunos meses y el sacerdote conoce algunas monjas recién llegadas a Milán: pertenecen a la congregación de las Hijas de la Inmaculada Concepción y su casa generalicia está en Buenos Aires. No le queda más que comunicarle a su hermanita que las monjas del otro mundo habían llegado por fin. Venciendo sus últimos titubeos, Giuseppina entra en la Congregación y se convierte en sor Maria Pierina.


La tumba de la madre Pierina [© Paolo Galosi]

Tras un intenso período de formación, se la envía a Argentina donde toma los votos perpetuos. A finales de 1921 vuelve a Italia, a la casa que las hermanas han abierto en Milán, donde, más adelante, se convierte en superiora. En este período la amistad con Jesús, que se le aparece varias veces, se hace más querida y familiar. Escribe en la misiva enviada al Papa: «Su mirada era toda para mí. Nos mirábamos siempre y hacíamos competiciones de amor. Yo le decía: “Jesús hoy te he mirado yo más”; y Él respondía: “Pruébamelo si puedes”. Yo le recordaba las muchas veces que lo miraba sin oírlo, pero ganaba siempre Él».

En esta época ocurre otro episodio importante de la vida de la beata, que es el motivo principal de este artículo. Cuenta esto en la carta a Pío XII: «El 31 de mayo de 1938 mientras rezaba en la capillita de mi noviciado, una Hermosa Señora se presentó ante mí: tenía en la mano un escapulario formado por dos franelitas blancas, unidas por un cordón. Una franela llevaba la imagen del Santo Rostro de Jesús, la otra una Hostia con una aureola. Se me acercó y me dijo: “Escucha bien y cuéntale todo esto exactamente al padre. Este escapulario es un arma de defensa, un escudo de fortaleza, una prenda de amor y de misericordia que Jesús le quiere dar al mundo en estos tiempos de sensualidad y odio contra Dios y la Iglesia. Se tienden redes diabólicas para arrancar la fe de los corazones, el mal se expande, los verdaderos apóstoles son pocos, es necesario un remedio divino y este remedio es el Santo Rostro de Jesús. Todos los que lleven un escapulario como este y hagan cuando puedan cada martes una visita al Santísimo sacramento para reparar los ultrajes que recibió Su Santo Rostro durante Su Pasión y recibe cada día en el sacramento eucarístico, serán fortalecidos en la fe, listos para defenderla y superar todas las dificultades interiores y exteriores, además tendrán una muerte serena bajo la mirada amable de mi Divino Hijo”».

La madre, de este modo, se convierte en solícita promotora de la devoción al Rostro de Jesús, la cual pronto se difunde rápidamente alrededor del Instituto. Por desgracia, muy pronto se da cuenta de que no es fácil repartir escapularios. Por eso se le ocurre acuñar una medalla que reproduzca en ambas caras lo que pedía la Virgen. Una idea que recibe pronto el consuelo divino: en una aparición siguiente la Hermosa Señora le asegurará que las medallas irán acompañadas de las mismas promesas que ya le había hecho para los escapularios.

En la búsqueda de una imagen para la medalla, la madre Pierina se topa con una fotografía de la Sábana Santa que reproduce el Rostro de Jesús, sacada por Giovanni Bruner. Una imagen bastante conocida en Milán, pues el fotógrafo se la había regalado al arzobispo de la ciudad, el beato cardenal Ildefonso Schuster, quien, a su vez, la había entronizado con la mayor devoción en una iglesia dedicada precisamente al Santo Rostro. Por desgracia, la realización de las medallas queda interrumpida por una serie de motivos económicos y burocráticos, que a la pobre monja le parecen insuperables. Busca ayuda en su padre espiritual, el jesuita padre Rosi, quien le responde que confíe en la Providencia. Acepta la sugerencia, pero no le acaba de convencer.

Mientras tanto, ya en septiembre de 1939, es enviada a Roma con el cargo de superiora regional, en la nueva casa que la Congregación ha conseguido abrir en la capital gracias también a su incansable supervisión. Aquí conoce al abad Ildebrando Gregori (cuyo proceso de beatificación está en curso), de la congregación de los monjes benedictinos silvestrinos, que se convierte en su nuevo padre espiritual y seguro consuelo para el resto de la vida. Aquí es donde, por fin, consigue reproducir las tan queridas medallas. Gracias también a un pequeño prodigio. En la carta al Papa ya citada, la madre Pierina lo cuenta con estas palabras: «Escribí al fotógrafo Bruner para que me diera el permiso de usar la imagen del Santo Rostro y me lo dio. Presenté en la Curia de Milán la petición para el permiso, que me fue concedido el 9 de agosto de 1940. Encargué a la empresa Johnson el trabajo, que fue largo, porque Bruner quería controlar todas las pruebas. Pocos días antes de la entrega de las medallas encuentro en la mesita de mi habitación un sobre, observo y veo 11.200 liras. El coste, efectivamente, era precisamente esa cantidad. Las medallas fueron repartidas todas gratuitamente y se repitió varias veces la misma Providencia en otros momentos; y la medalla se difundía realizando gracias señaladas. […] El enemigo está rabioso por esto y ha molestado y molesta de muchas maneras. Varias veces durante la noche ha tirado al suelo por los pasillos y las escaleras las medallas, ha rasgado imágenes, amenazando y pisoteando».


La habitación de la madre Pierina [© Paolo Galosi]

En esta última parte de la misiva, la madre alude a las durísimas pruebas sufridas por causa del demonio. Pruebas que no deja entrever de ninguna manera, pero que anota diligentemente en su diario, obedeciendo una precisa disposición del abad Gregori. Fatigas recibidas con gozo por el bien de las almas («ahora me alegro por los padecimientos que soporto por vosotros y completo en mi carne lo que le falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo que es la Iglesia», Col 1, 24). ¿Una extraordinaria fuerza de voluntad? Más sencilla y realísticamente, el testimonio de una gracia singular y de un igualmente singular abandono a Dios. No es ella quien lucha y vence: «Jesús ha vencido en mí» es la frase que más a menudo encontramos en las páginas del diario. Y es Jesús mismo, anota otra vez en su cuaderno en febrero de 1942, quien le explica: «Quédate tranquila que tu corazón lo he conservado puro yo, sin ningún mérito tuyo, para hacerle objeto de mis complacencias». Y en este abandono, acompañado y confortado por «delicias de paraíso», escribe: «¡Cómo siento mi nada y mi miseria frente a tanta bondad! Es tan hermoso ser tan pequeña, incapaz de nada...».

Un abrazo que le permitirá a la madre Pierina resplandecer en la fe, esperanza y caridad incluso en los años de guerra, durante los cuales se priva del pan para dárselo a los hambrientos y se prodiga para difundir las medallas que representan el rostro de Jesús. A propósito de esto, el abad Gregorio, en su testimonio en el proceso de beatificación, recuerda que «algunas de ellas se consiguió hacerlas llegar incluso a condenados a muerte y a perseguidos políticos y a ni uno de estos condenados a muerte se les aplicó la pena».

Nada más terminar la guerra, la madre decide irse al norte de Italia, para volver a abrazar a sus monjas, que el conflicto había alejado de Roma. Salió en junio del 45, y tras una breve estancia en Milán, va a la casa de Centonara d’Artò, donde algunas novicias la esperan para recibir los votos. Aquí es donde, agotada por el viaje, cae gravemente enferma. Otras veces, en el pasado, se había curado prodigiosamente de graves afecciones, como recuerda el abad Gregori, después de que le pidiera que rezara por su salud. Es lo que parecía que se iba a repetir también en esta ocasión: el abad, informado de la situación, envía el siguiente telegrama: «Por virtud de santa obediencia, sane en tres días». Pero, por desgracia, hay un problema con el correo y el mensaje llega demasiado tarde: a las 11 del 27 de julio. La madre Pierina había muerto la noche antes.

La Iglesia ha decidido recordar a la beata no en el día de su muerte, o dies natalis como se dice canónicamente, sino en el día de su nacimiento (y bautismo): el 11 de septiembre. En la habitación donde se conservan sus cosas las monjas han colocado una placa con un pensamiento de la beata: «Es tan confortante repetir: yo soy nada, Él es todo; yo no puedo nada, Él lo puede todo». De modo que es más fácil el abandono, como les pasa a los niños del piso de abajo que, con sus juegos, participan del gozo del Paraíso. Pues «si no os volvéis niños...».




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