Sunday, January 29, 2012

Segunda respuesta de la FSSPX/SSPX a «preámbulo doctrinal» no habría satisfecho a los miembros de la CDF


En el sitio de La Vie, Ene-28-2012, Jean Mercier refiere que según fuentes consultadas por la agencia I.Media, la segunda respuesta dada por la FSSPX/SSPX al «preámbulo doctrinal» no ha satisfecho a los miembros de la Congregación para la Doctrina de la Fe, quienes estuvieron trabajando en asamblea plenaria del 24 al 27 de Enero y entre otros asuntos estudiaron la segunda respuesta dada por la FSSPX/SSPX al «preámbulo doctrinal».

Citando a Mons. Guido Pozzo, secretario de la Pontificia Comisión «Ecclesia Dei», se afirma que la fase de evaluación de la respuesta de la FSSPX/SSPX al «preámbulo doctrinal» no ha terminado. Finalmente dice que el asunto está en manos de Benedicto XVI.


Actualización Ene-30-2012: El sitio en neerlandés de la Iglesia en Bélgica, Kerknet, informa en el mimo sentido que lo ha hecho La Vie, también apoyados en la información de la agencia I.Media

El papa libera dos palomas, símbolo de paz, pero éstas rehusan partir


Información de agencia AFP, Ene-29-2012.

CIUDAD DEL VATICANO — El papa Benedicto XVI liberó este domingo al término del Angelus dos palomas, símbolo de la paz, pero éstas rechazaron emprender vuelo en un primer momento, provocando un comentario divertido del soberano pontífice.

La primera paloma fue a posarse delante de la ventana del Papa y estuvo un buen momento en el lugar, mientras que la segunda, volvió a la pieza donde se encontraba Benedicto XVI junto a dos niños, antes de decidirse a emprender vuelo. "Quieren quedarse en la casa del Papa", comentó Benedicto XVI.


Walter Kasper 2.0


Cuando vimos este artículo, inicialmnete en italianio, pensamos que se trataba de un homónimo, pero no, es exactamente la misma persona: el Card. Walter Kasper. A menos que Galeazzi, autor de este Artículo, haya entendido mal, estamos ante una versión 2.0 de Walter Kasper.

Seguidamente la versión en español del artículo de Giacomo Galeazzi en Vatican Insider, Ene-28-2012.

01/28/2012
Vaticano II: cuando el cardenal progresista desmitifica

El alemán Walter Kasper advierte que el futuro de la Iglesia es «una minoría creativa»

GIACOMO GALEAZZI
CIUDAD DEL VATICANO


El Concilio según Kasper. Con el Vaticano II, del que se celebra el 50 aniversario, «la Iglesia se puso en marcha», indica el cardenal progresista, Walter Kasper, pero «hay que entrar en el concepto de renovación para una correcta interpretación del Concilio». Y no hay que seguir el «mito» del Concilio: el futuro de la Iglesia es el de se runa «minoría creativa», por lo que necesita una nueva primavera espiritual. El 26 de enero, en el Centro Pro Unione de Roma, presentaron el libro “Iglesia católica: esencia-realidad-misión” del presidente emérito del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos. El cardenal alemán, Walter Kasper, considera que el futuro de la Iglesia no está en una mala interpretación de las estructuras de la «Iglesia de pueblo» (ya anacrónica); Kaspar comparte la opinión del gran historiador Arnold J.Toynbee: en las situaciones particularmente difíciles de la humanidad, quienes lograron identificar una vía de escape han sido siempre las minorías calificadas y creativas a las que, después, se une la mayoría.

Kasper, que fue ministro del ecumenismo en la época de Juan Pablo II y, por algún año, con Benedicto XVI, es uno de los cardenales más importantes de la Curia Romana, aunque le guste siempre insistir sobre los grandes temas de la reforma de la Iglesia con un tono un poco diferente del tono institucional. En el análisis que el purpurado alemán lleva a cabo sobre la crisis de la Iglesia, la figura de la Iglesia completamente arraigada en el pueblo, que ha tenido un enorme peso en la historia y que ha aportado tantísimo, llega al final frente a la situación plural de nuestros días: ya no puede seguir siendo la figura de la Iglesia para el tercer milenio. «La experiencia del Concilio Vaticano II se convierte, para mi, en una experiencia muy incisiva de la Iglesia y en un permanente y firme punto de referencia –evoca Kasper. Cuando el 25 de enero de 1959 Juan XXIII anunció el Concilio, la sorpresa fue enorme. Le siguió un periodo tan impresionante, entusiasmante e interesante que los jóvenes teólogos de nuestros días no pueden imaginar. Vimos cómo la venerada y vieja Iglesia mostraba una vitalidad nueva, cómo abría de par en par puertas y ventanas, y entraba en un diálogo en su interior además de un diálogo con otras Iglesias, con otras religiones y con toda la cultura moderna». Era una Iglesia que se volvía a poner en marcha, una Iglesia que no repudiaba ni renegaba su antigua tradición, sino que permanecía fiel, y que, al mismo tiempo, iba a lo escencial y trataba de renovar su tradición, de animarla y fecundarla para el camino hacia el futuro. Sobre la lectura del Concilio, Kasper fue el intérprete, durante los años de Wojtila-Ratzinger, de una visión inteligente y puntillosadentro de la Curia Romana. «Sigo convencido de que los 16 documentos principales del Concilio son, en su conjunto, la brújula para guiar el caminod e la Iglesia en el siglo XXI –subraya Kasper. El Concilio Vaticano II ha sido definido, muy a menudo, como el Concilio de la Iglesia por encima de la Iglesia. La Iglesia, en marcha por las vías de la historia desde hace dos mil años, durante tal Concilio cobró una consciencia más profunda de la propia esencia, en virtud de la cual había vivido y actuado hasta entonces».

Durante el discurso de apertura, del 11 de octubre de 1962, Juan XXIII dijo que la tarea del Concilio habría sido la de conservar íntegramente y sin falsificaciones el sacro patrimonio de la doctrina cristiana y de enseñarlo de forma eficaz. Pablo VI dijo lo mismo el 21 de noviembre de 1964, en ocasión de la solemne promulgación de la constitución sobre la Iglesia “Lumen gentium”, al lado del decreto sobre el ecumenismo “Unitatis redintegratio”. Afrimó: «Esta promulgación verdaderamente nada cambia de la doctrina tradicional. Lo que Cristo quiso, lo queremos también nosotros. Lo que era, permanece. Lo que durante siglos ha enseñado la Iglesia, nosotros lo enseñamos igualmente. Solo lo que era simplemente vivido ahora se expresa, lo que era incierto se ha aclarado; lo que se meditaba, discutía y, en parte, causaba controversia, ahora llega a serena formulación». El encanto y el entusiasmo del Concilio se desvanecieron mientras tanto. «Comenzó un tiempo de sobria consideración de los hechos, en parte también de evaluación crítica de los eventos conciliares y, sobre todo, post conciliares. Y llegó una nueva generación, para la cual el Concilio era un evento muy lejano y que pertenecía a otro tiempo, a un tiempo en el que no había ni siquiera nacido y con el que no tenía ningún vínculo personal, como, en cambio, lo tenía mi generación. A esta nueva generación siempre hay que explicarle con fatiga todo lo que sucedió entonces y entusiasmarla al respecto. Por ello es necesaria una sólida hermenéutica del Concilio». No hay que hacer del Concilio un “mito”, sin duda, en el que cada quién «proyecta y encuentra sus propios píos deseos».

Según Kasper, hay que interpretar con cuidado los textos conciliares según las reglas universalmente válidas de la hermenéutica teológica. Al hacerlo, no hay que separar el «real o presunto espíritu del Concilio de la literalidad del Concilio», sino que hay que deducir el espíritu del Concilio de su historia y de sus textos. Los textos del Concilio hay que entenderlos a la luz de su historia y a la luz de las a menudo controvertidas discusiones que se desarrollaron durante su curso. Luego hay que interpretar cada formulación independiente dentro del conjunto de todos los textos conciliares y considerar, al hacerlo, la jerarquía intrínseca de los diversos documentos conciliares. Al final, según Kasper, también hay que interpretar los textos conciliares a la luz de las fuentes de las que desciende.

Para una adecuada interpretación, es importante considerar la recepción que las afirmaciones conciliares han tenido en la doctrina y en la vida de la Iglesia después del Concilio. «Correctamente interpretada, la recepción no es una adoración mecánica, sino un proceso eclesial vivo y guiado por el Espíritu Santo, que se desarrolla en la doctrina y en toda la vida de la Iglesia –indica el purpurado. En el periodo postconciliar, la experiencia de toda la historia del Concilio ha encontrado su continuidad. Después de la controversia sobre la definición, viene la controversia sobre su recepción». Ya durante el Concilio Vaticano II se habían formado dos facciones, que se definieron inmediatamente como “conservadora” y, respectivamente “progresista”. Estos términos inicialmente tuvieron un significado diferente del que habrían asumido después del Concilio. «Los que entonces eran llamados progresistas eran, de hecho, conservadores que pretendían reafirmar la gran y más vieja tradición de la Sagrada Escritura y de los Padres de la Iglesia, mientras que los que entonces fueron llamados conservadores estaban unilateralmente concentrados en la tradición post-tridentina de los últimos siglos –puntializa Kasper. Para tener en cuenta las justas instancias de ambas partes y para alcanzar, en correspondencia con la buena tradición conciliar, el consenso más amplio posible, sirvieron, en muchos casos, fórmulas de compormiso, que no son un fenómeno para nada nuevo si se conoce la historia de los Concilios». La opinión de Kasper tiene un enorme peso en la Curia. Cuando en el año 2000 la Congregación para la Doctrina de la Fe publicó la declaración dogmática “Dominus Iesus” para subrayar la absoluta preponderancia de Cristo para la salvación de todos los hombres, fue el cardenal Walter Kasper (que entonces se ocupaba de las relaciones ecuménicas) quien dijo que «algunas formulaciones del texto no son de fácil acceso para nuestros socios». Entre ellos, los judíos. Joseph Ratzinger, entonces prefecto en el ex Santo Oficio, tuvo que explicar y decir que era «evidente que el diálogo entre nosotoros los cristianos con los judíos se encuentra en un nivel diferente con respecto al que tenemos con otras religiones. La fe atestiguada en la Biblia de los judíos, el Antiguo Testamento de los cristianos, no es para nosotros otra religión, sino el fundamento de nuestra fe»