Sunday, November 11, 2012

Entrevista con Roberto Spataro, secretario de la nueva Pontificia Academia de Latinidad

La entrevista es publicada por Andrea Tornielli en Vatican Insider, Nov-11-2012.

11/10/2012
«El latín es la lengua de nuestras raíces, pero también funciona en Twitter»

Entrevista con Roberto Spataro, secretario de la nueva Pontificia Academia de Latinidad, instituida por Benedicto XVI

ANDREA TORNIELLI
Ciudad del Vaticano


Con la publicación del “motu proprio” que instituye la Pontificia Academia de Latinidad, Benedicto XVI quiso subrayar que hoy, «en el contexto de una decadencia generalizada de los estudios humanistas», se muestra concretamente «el peligro de un conocimiento cada vez más superficial de la lengua latina, incluso en el ámbito de los estudios filosóficos y teológicos de los futuros sacerdotes». Vatican Insider entrevistó al latinista salesiano Roberto Spataro, que el Papa Ratzinger nombró hoy secretario de la nueva Academia.

Don Roberto, ¿qué sentido tiene instituir una Academia para el latín en la época de Twitter? ¿No corre el riesgo de convertirse en una decisión nostálgica?

Le respondo, sobre todo, con una observación: Twitter es un instrumento que impone una comunicación rápida. El latín, a diferencia de las lenguas modernas, adopta, generalmente menos palabras para expresar una idea. Si yo digo en inglés “the corruption of the best one is horrible”, en latín, en lugar de las ocho inglesas, bastan tres palabras: “corruptio optimi pessima”. El latín es una lengua que ayuda a pensar con claridad, precisión y sobriedad. Sin embargo, el motivo principal por el que el Santo Padre decidió instituir esta Academia es mucho más profundo: no se puede, y no se debe, romper el vínculo con las raíces de la cultura humanista que se expresó en latín, nació en el mundo greco-latino, floreció con el Cristianismo, se profundizó con el Humanismo y que ha producido un patrimonio excepcional de ciencia, sabiduría y fe.

Entonces es una cuestión de cultura...

Sin esta cultura, todos nos empobrecemos. A veces el “ethos” de los pueblos del occidente y de otras regiones, pierde una parte de su alma. El latín es la lengua de los maestros que no desapareceránnunca: Terencio, con su “homo latino”; Cicerón, con su concepto de “humanitas” y su ideal de “res publica”; Horacio, con su “aurea mediocritas”; Livio, con sus ejemplos de “virtus”; Séneca, que nos enseña que todos los seres humanos, incluso los esclavos, tienen su dignidad inalienable; y todos los demás autores de la Latinitas clásica, áurea, postclásica, cristiana, medieval, humanista y neolatina.

¿Cómo trabaja la Academia? ¿Qué se puede hacer para difundir más la lengua latina?

La Academia, al ser una institución científica, pondrá en marcha las iniciativas típicas de un órgano de este tipo: cursos, congresos, publicaciones. Particularmente, en el estatuto se pide una estrecha colaboración con el Ponti Pontificium Institutum Altioris Latinitatis, fundado en 1964 por el Papa Pablo VI, y donde tuve el honor de enseñar. Pero en el “motu proprio” del Papa hay un detalle que me parece muy significativo. Declara que la enseñanza del latín se debe llevar a cabo con « métodos didácticos adecuados a las nuevas condiciones». Creo que se refiere al llamado “metodo natura” que logra buenos resultados cuando se aplica. Por ejemplo, la academia Vivarium Novum en donde se usa: los estudiantes jóvenes, provenientes de todo el mundo, aprenden latín en poco tiempo y aprenden a leer a los clásicos sin necesidad de un diccionario.

¿Cual es la realción que existe entre el latín y la fe cristiana?

¡Es una relación de amistad! En la constitución apostólica “Veterum Sapientia” de Juan XXIII (1962) se recuerda que la lengua latina es inmutable, por lo que está fija en registros bien definidos y alejados de la naturaleza mutable de las lenguas nacionales. Esto ofrece la posibilidad de expresar los conceptos clara y sólidamente. El latín se ha revelado por esta razón una lengua válida para comunicar el pensamiento con certeza, fuerza, precisión y con una gran riqueza de matices. Por ello es la lengua del magisterio, sobre todo en materia dogmática, en donde no se admiten las ambigüedades, y en el ámbito de la liturgia, en la que se encuentran la tierra y el Cielo, y en la que las “res humanae”, transitorias, se sumergen en las “res divinae”, eternas e inmutables en su perfección.

Durante el último Concilio, el latín todavía era una lengua que los padres conciliares conocían. Según su opinión, ¿cuál será la lengua del Vaticano III?

No creo que la celebración del Vaticano III sea inminente. Sin embargo, me queda claro que la “editio typica” de los documentos oficiales ¡será en latín!