Wednesday, August 29, 2012

La tecnología puede ayudar en la liturgia


Sobre el argumento aquel de si el uso del iPad en la liturgia se remite sólo al campo de lo pragmático (ver aquí y aquí), aparece hoy este artículo en Vatican Insider.

8/28/2012
La tecnología puede ayudar en la liturgia

El liturgista Viviani y Paolo Padrini, creador de e-Breviary, en una entrevista de la revista “Settimana”: «Hay que hacer de ella un uso inteligente»

MARIA TERESA PONTARA PEDERIVA
Roma


Había suscitado algunas perplejidades la noticia, durante la primavera, la declaración de los obispos de Nueva Zelanda sobre el uso litúrgico del iPad.

Entre los comentarios más destacados que se escuchan ahora al respecto están los de un liturgista y del creador del e-Breviary, entrevistados por la revista “Settimana” (núm. 31): «No es una casualidad que el 28 de junio de 2011 Benedicto XVI hubiera inaugurado, usando un iPad, el portal news.va, a diez años del primer correo electrónico enviado por un Papa, su predecesor Juan Pablo II a la Iglesia de Oceanía, pero también existe la vertiente litúrgica, todavía por explorar».

«Me siento en síntesis con los obispos neozelandeses: la liturgia debe ser protegida de los abusos», dice don Paolo Padrini, piamontés de 1973, el primero que introdujo la tecnología en el ámbito litúrgico con el e-Breviary. «Como con todas las cosas, el uso debe ser inteligente. Si un obispo hace una visita pastoral, se supone que usa libros litúrgicos oficiales, pero si va de vacaciones, podría usar un iPad. Un diácono en procesión lleva el evangelario –que es muy bello y precioso, porque tiene su significado–, no un iPad. El problema surge cuando el misal no está presente: ¿es más «justo» usar un misal o un iPad? San Pablo recomendó no provocar escándalo: si existe el reisgo de que la asamblea piense que el párroco está jugando en el altar o leyendo el correo electrónico, sería mejor evitarlo.

Don Padrini, en cambio, identifica otras ventajas: usando alguna forma de control, con una decena de iPad en las bancas, incluso los ancianos que tienen dificultades de lectura podrían seguir la celebración aumentando la dimensión de los caracteres... Pero también añade otra cuestión: «Lo que me pregunto, cuando escucho que se habla de libros litúrgicos con el adjetivo “sacro”, es: ¿se trata de la misma sacralidad que reconocen los judíos en la Torah? Si la respuesta es no, entonces ¿por qué es tan diferente un iPad si tiene el mismo texto?».

Esta pregunta la respondió mons. Giulio Viviani, profesor de liturgia en el Estudio Teológico de Trento: «Una cosa son los libros que contienen la Palabra de Dios, otra el Misal y los Rituales que no llevamos en procesión, como se hace con el Evangelario. Es cierto que se acostumbra hablar de indumentos y libros “sacros”, pero la sacralidad no se encuentra en las cosas en sí mismas. Durante siglos, los objetos no se bendecían, las Iglesias no se consagraban, poque la sacralidad se da por el uso que se hace de ellos». El iPad no es una excepción. Un parteaguas –subraya Viviani–, porque es la primera vez en la historia del cristianismo en la que ya no existe solo el papel (y antes el pergamino) para transmitir los textos litúrgicos, que se llamaban “libelos” (libros).

«El único peligro que vería en este contexto es el de la funcionalidad. A menudo vemos los altares arreglados con todo, incluido el vino en el cáliz, el micrófono en el centro (como si fuera una escenografía); ¿no estamos perdiendo la belleza simbólica de los gestos que debemos respetar? Pero también hay que recordar que no se celebra el Misal, sino la Misa».

El liturgista considera que la tecnología es «preciosa»: «El iPad es una riqueza para el celebrante y para los fieles»: por ejemplo, antes de la celebración, para encontrar las lecturas o pensando en “Apocalipsis” 1,12, la Palabra también se puede ver. «¿Por qué no una proyección con algunas frases para comentar durante la homilía, un “Power Point” con alguna imagen, el texto de los cantos de la asamblea, los salmos?».

«En un monasterio, evidentemente, se reza con el texto sacro, pero nada prohíbe que se trate de una pantalla (como los antiguos salterios) en donde se proyecta una lectura o la modulación de un canto gregoriano...».