Thursday, February 09, 2012

Camino Neocatecumenal, verdadero problema en la diócesis de Takamatsu, Japón


Artículo escrito por Mons. Osamu Mizobe, quien recientemente pasó a ser obispo emérito de Takamatsu, publicado por UCANews, Feb-09-2012. Traducción al español de Secretum Meum Mihi.

El problema con la diócesis de Takamatsu

Pequeñas diferencias, luego falta de dirección y unidad amenazaron la verdadera misión de la Iglesia

Obispo Osamu Mizobe, SDB, Takamatsu
Japón
9 de Febrero de 2012


Ha pasado medio año desde que abandoné mi puesto como obispo diocesano de la diócesis de Takamatsu. Ahora, cuando miro hacia atrás las circunstancias que encontré en ese papel, he decidido que lo mejor era escribir unas palabras para el bien del futuro.

En primer lugar, es justo decir que había algo decididamente inusual en mi reasignación a la diócesis de Takamatsu, que se produjo a pesar de ser obispo activo de Sendai en el momento. Eso nunca hubiera sucedido a menos que hubiera un problema. De hecho, incluso antes de mi llegada allí, ciertas situaciones, tales como la inspección de la diócesis del difunto cardenal Stephen Kim Sou-hwan como enviado Papal, dejaron claro que algo anormal estaba ocurriendo.

Lo qué puede decirse con toda justicia y de acuerdo con ambas partes es lo siguiente: que el problema que surgió en Takamatsu tuvo sus raíces en la excesiva indiferencia de la diócesis a, o por ignorancia de, las políticas de la Convención Nacional de Incentivo para la Evangelización [National Incentive Convention for Evangelization (NICE)], que estableció un curso para la Iglesia en Japón de conformidad con las decisiones tomadas en el Concilio Vaticano II.

Más específicamente, el problema reside en el excesivo énfasis de autonomía diocesana a la exclusión de cualquier concepto de una Iglesia abierta a la sociedad, una Iglesia que se construye en cooperación con la sociedad. Incluso a nivel parroquial, no había un sentido muy fuerte de trabajo en equipo en la evangelización o en el cuidado pastoral.

Mas aún, las órdenes religiosas carecían de atención a la tarea de trabajar con el obispo diocesano para establecer una dirección común para la diócesis.

El obispo de la diócesis, mi predecesor, que no tenía ni la mano de obra ni los recursos económicos, intentó cualquier cosa y de todo lo que podía pensar, como un hombre que se ahoga agarrado a un clavo ardiendo. Todos los intentos terminaron en frustración, y su solución a los problemas de la diócesis terminaron siendo simplemente traer a cualquier grupo que le prometió que podía ayudar.

La cruda realidad es que la diócesis de Takamatsu no ganó ni un nuevo sacerdote durante 40 años. Cada seminarista abandonó antes de ordenarse. Con congregaciones envejeciendo y el número de bautismos cada vez más escaso, no había muchas buenas noticias.

Fue llamada una organización aprobada por Roma, el Camino Neocatecumenal, que comenzó activa participación en Japón hace 30 años. Era un grupo lleno de energía, y al principio la mayoría de las parroquias en Takamatsu dió la bienvenida a sus miembros con entusiasmo.

Sin embargo, a medida que las personas de este grupo vinieron a las iglesias locales, algunos de los laicos comenzaron a sentirse incómodos, especialmente en materias de liturgia. Incluso algunos sacerdotes que trabajan en la diócesis reaccionaron con algo parecido a la oposición.

Lo que fue problemático era que los sacerdotes afiliados al Camino [Neocatecumenal] casi sin excepción, realizaron cambios en los altares y capillas de las iglesias que se les encargaron, al punto de chocar con los parroquianos que querían preservar las tradiciones de la Iglesia.

Sin embargo, el Camino [Neocatecumenal] trabajó duro para reclutar nuevos miembros para que sirvieran como el núcleo de sus actividades, por lo que, naturalmente, el número de los que estuvieron de acuerdo con las políticas del grupo también aumentó.

La confrontación comenzó con pequeñas diferencias de opinión a nivel parroquial. Sin embargo, la situación explotó en desorden generalizado cuando el Camino [Neocatecumenal] fundó un seminario posicionado como el “Seminario de la Diócesis de Takamatsu”.

Las objeciones iniciales de que el nuevo seminario había sido fundado sin cumplir ciertos prerrequisitos legales desembocaron en un aluvión de voces que pedían al obispo la autorización de su creación. Entonces, el obispo hizo pública una lista con los nombres de los que disentían en esta forma, con lo cual aquellos nombrados respondieron iniciando una acción legal en su contra en un tribunal civil.

Cuando asumí mi nuevo cargo en la diócesis de Takamatsu, el lema “Renacimiento y Armonía” estaba sobre todo en mi mente, y esperaba que algún tipo de diálogo podría reavivarse en la diócesis. Por desgracia, en ese momento la posibilidad de diálogo estaba prácticamente fuera de la mesa.

En consecuencia, el primer paso tenía que ser hacer la diócesis organizacionalmente funcional sobre la base del Derecho Canónico.

El mayor obstáculo era aquel del Seminario Internacional Redemptoris Mater de la diócesis de Takamatsu. Con cada año que pasaba, varios sacerdotes nuevos afiliados al Camino [Neocatecumenal] surgieron de este seminario, y la discordia en la diócesis se hizo más grave.

Afortunadamente, tuvimos la ayuda de los nuncios apostólicos y de los miembros de la Conferencia Episcopal, y se decidió que el seminario debería ser cerrado. Al mismo tiempo, concentramos nuestra energía en activar la vida interna de la diócesis, la cual era realmente el problema más sistémico, y que sin duda perdura hasta nuestros días.

Encontrar nuevos candidatos para el sacerdocio, educarlos: estas eran nuestras principales prioridades. Me alegra decir que este año el número de seminaristas se ha elevado a cuatro. Esto es más que todo resultado del esfuerzo que dirigimos hacia la educación de los jóvenes.

Los mayores problemas con el Camino [Neocatecumenal] son (1) que confunden sus rituales de fabricación casera con carismas, y (2) que tienen una cadena de mando que está totalmente desconectada del obispo local. Por otra parte, (3) que ellos toman los problemas que deben ser resueltos dentro de la diócesis y los llevan a Roma, donde tratan de salirse con la suya mediante el uso de la influencia de Roma para obligar a la Iglesia local para que se conforme.

Esto se traduce en un gran daño a la independencia de las Iglesias locales. Salvo en las materias que se aparten del dogma de la Iglesia, los problemas locales, deberían en principio, ser resueltos por las Iglesias locales.

Con su nuevo obispo, la diócesis de Takamatsu de hoy ha comenzado a recorrer el camino de “la Armonía y el Renacimiento”. Se realizó recientemente una importante reunión diocesana para discutir la evangelización y han dado el primer paso hacia el renacimiento.

Es tan fácil para una diócesis desmoronarse si su pueblo no se une y presta la debida atención a la solidaridad. Este es el mensaje que deseo enviar, desde una diócesis que ha aprendido esta verdad a través de la agonía, experiencia de primera mano, con el resto de la Iglesia en Japón.

Mons. Osamu Mizobe, SDB, es el obispo emérito de Takamatsu