Thursday, December 01, 2011

Astrónomo vaticano da su bendición a la vida alienígena


‘Cada entidad tiene un alma’, dice el P. Guy Consolmagno

(ANSA) - Londres, 01 de diciembre - Un astrónomo del Vaticano dió su bendición el jueves a los extraterrestres, si existen, y dijo que estaría feliz de bautizar a uno si hay la oportunidad.

“Pero sólo a petición”, dijo el padre Guy Consolmagno en el Festival de Ciencia Británico de Londres. “Toda entidad, independientemente del número de tentáculos que tenga, puede tener un alma”. El astrónomo investigador estadounidense es un franco creyente en la evolución y en la posibilidad de que otras formas de vida inteligente existan fuera del planeta Tierra. “La religión necesita de la ciencia para mantenerla alejada de la superstición y mantenerla cerca de la realidad, para protegerla del creacionismo, que al final del día es una especie de paganismo, es convertir a Dios en un dios de la naturaleza”, dijo al diario británico The Scotsman en 2006. Las afirmaciones del Vaticano de que la teoría de la evolución no es incompatible con la doctrina Católica se volvió más categórica en 2009, el cual marcó 150 años desde que Charles Darwin publicó su obra cumbre ‘El Origen de las Especies’.


Actualización Dic-02-2011: La entrevista completa con el P. Guy Consolmagno, de donde la agencia ANSA parece haber sacado la información “olvidando” citar la fuente, está publicada en Aosta Oggi (italiano).

Artículo en L'Osservatore Romano sobre adhesión al Concilio Vaticano II trata de condicionar respuesta del Vaticano a la FSSPX/SSPX


Lo hemos visto antes, un ejemplo muy claro de ello fue cuando se discutía fuertemente la posibilidad de la definición del llamado “quinto dogma Mariano”, aparecian artículos en L'Osservatore Romano tratando el asunto desde el punto de vista negativo, algunos de ellos con firma de autor, otros anónimos. Resultado, los medios de comunicación, y basados en esos artículos aparecidos en L'Osservatore Romano referían el asunto como que “el Vaticano” descartaba la posibilidad de la definición del dogma o abiertamente se oponía a ello.

Nuevamente ocurre la misma acción. Como ya Uds. saben, hace unos pocos días, por medio de una entrevista, el Superior General de la FSSPX/SSPX, Bernard Fellay, afirmó que el llamado «preámbulo doctrinal» entregado a él por la CDF el pasado Sep-14-2011, no podía ser aceptado en su forma actual y dejaba entrever que iban a hacer unas proposiciones al Vaticano, tal y como lo contemplaba el mismo «preámbulo doctrinal». Pues bien en la edición diaria en italiano de L'Osservatore Romano, Dic-02-2011, pág. 6 (copia facsimilar en la imágen superior), ha aparecido un artículo firmado por el Vicario General del Opus Dei, Mons. Fernando Ocáriz, quien además participó como uno de los comisionados del Vaticano en los concluidos diálogos doctrinales Roma-FSSPX/SSPX. La aparición de este artículo en este preciso momento es deafortunada, ya que condicionaría la respuesta que tendría que dar el Vaticano a las proposiciones al «preámbulo doctrinal» que se sabe va a hacer la FSSPX/SSPX.

Inusualmente, el artículo no solamente ha sido publicado en italiano, inglés y español, como ocurre habitualmente con los artículos que L'Osservatore Romano desea destacar, sino que se publica también en francés, alemán y portugués.

Seguidamente reproducimos su versión en español.


En el quincuagésimo aniversario de su convocación

Sobre la adhesión al concilio Vaticano II

El quincuagésimo aniversario, ya próximo, de la convocatoria del Concilio Vaticano II (25-XII-1961) es motivo de celebración, pero también de renovada reflexión sobre la recepción y aplicación de los documentos conciliares. Además de los aspectos directamente más prácticos de esta recepción y aplicación, con sus luces y sombras, parece oportuno recordar también la naturaleza de la debida adhesión intelectual a las enseñanzas del Concilio. Aún tratándose de doctrina bien conocida y de la que se dispone de abundante bibliografía, no es superfluo recordarla en sus rasgos esenciales, teniendo en cuenta la persistencia de perplejidades manifestadas, incluso en la opinión pública, en relación con la continuidad de algunas enseñanzas conciliares respecto a las precedentes enseñanzas del Magisterio de la Iglesia.

Ante todo no parece inútil recordar que la intención pastoral del Concilio no significa que éste no sea doctrinal. Las perspectivas pastorales de hecho se basan en la doctrina, como no podría ser de otro modo. Pero sobre todo es necesario recalcar que la doctrina se orienta a la salvación; su enseñanza es parte integrante de la pastoral. Además, en los documentos conciliares es obvio que existen muchas enseñanzas de naturaleza puramente doctrinal: sobre la Revelación divina, sobre la Iglesia, etcétera. Como escribió el beato Juan Pablo II, “con la ayuda de Dios, los padres conciliares, en cuatro años de trabajo, pudieron elaborar y ofrecer a toda la Iglesia un notable conjunto de exposiciones doctrinales y directrices pastorales” (Constitución Apostólica Fidei depositum, 11-X-1992, Introducción).

La debida adhesión al Magisterio

El Concilio Vaticano II no definió ningún dogma, en el sentido de que no propuso mediante acto definitivo ninguna doctrina. Sin embargo, el hecho de que un acto del Magisterio de la Iglesia no se ejerza mediante el carisma de la infalibilidad no significa que pueda considerarse “falible” el sentido de que transmita una “doctrina provisional” o bien “opiniones autorizadas”. Toda expresión de Magisterio auténtico hay que recibirla como lo que verdaderamente es: una enseñanza dada por los Pastores que, en la sucesión apostólica, hablan con el “carisma de la verdad” (Dei Verbum, n. 8), “revestidos de la autoridad de Cristo” (Lumen gentium, n. 25), “a la luz del Espíritu Santo” (ibid.).

Este carisma, autoridad y luz ciertamente estuvieron presentes en el Concilio Vaticano II; negar esto a todo el episcopado cum Petro y sub Petro, reunido para enseñar a la Iglesia universal, sería negar algo de la esencia misma de la Iglesia (cfr. Congregación para la Doctrina de la Fe, Declaración Mysterium Ecclesiae, 24-VI-1973, nn. 2-5).

Naturalmente no todas las afirmaciones contenidas en los documentos conciliares tienen el mismo valor doctrinal y por lo tanto no todas requieren el mismo grado de adhesión. Los diversos grados de adhesión a las doctrinas propuestas por el Magisterio fueron recordados por el Vaticano II en el n. 25 de la Constitución Lumen gentium, y después sintetizados en los tres apartados añadidos al Símbolo niceoconstantinopolitano en la fórmula de la Professio fidei, publicada en 1989 por la Congregación para la Doctrina de la Fe con la aprobación de Juan Pablo II.

Las afirmaciones del Concilio Vaticano II que recuerdan verdades de fe requieren, obviamente, la adhesión de fe teologal, no porque hayan sido enseñadas por este Concilio, sino porque ya habían sido enseñadas infaliblemente como tales por la Iglesia, mediante un juicio solemne o mediante el Magisterio ordinario y universal. Así como requieren un asentimiento pleno y definitivo las otras doctrinas recordadas por el Vaticano II que ya habían sido propuestas con acto definitivo por precedentes intervenciones magisteriales.

Las demás enseñanzas doctrinales del Concilio requieren de los fieles el grado de adhesión denominado “religioso asentimiento de la voluntad y de la inteligencia”. Un asentimiento “religioso”, por lo tanto no fundado en motivaciones puramente racionales. Tal adhesión no se configura como un acto de fe, sino más bien de obediencia no sencillamente disciplinaria, mas enraizada en la confianza en la asistencia divina al Magisterio y, por ello, “en la lógica y bajo el impulso de la obediencia de la fe” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Instrucción Donum veritatis, 24-V-1990, n. 23). Esta obediencia al Magisterio de la Iglesia no constituye un límite puesto a la libertad; al contrario, es fuente de libertad. Las palabras de Cristo: “Quien a vosotros escucha, a mí me escucha” (Lc 10,16) se dirigen también a los sucesores de los Apóstoles; y escuchar a Cristo significa recibir en sí la verdad que hace libres (cfr. Jn 8,32).

En los documentos magisteriales puede haber también – como de hecho se hallan en el Concilio Vaticano II – elementos no propiamente doctrinales, de naturaleza más o menos circunstancial (descripciones del estado de las sociedades, sugerencias, exhortaciones, etc.). Tales elementos deben acogerse con respeto y gratitud, pero no requieren una adhesión intelectual en sentido propio (cfr. Instrucción Donum veritatis, nn. 24-31).

La interpretación de las enseñanzas

La unidad de la Iglesia y la unidad en la fe son inseparables, y esto comporta también la unidad del Magisterio de la Iglesia en todo tiempo en cuanto intérprete auténtico de la Revelación divina transmitida por la Sagrada Escritura y por la Tradición. Ello significa, entre otras cosas, que una característica esencial del Magisterio es su continuidad y homogeneidad en el tiempo. La continuidad no significa ausencia de desarrollo; la Iglesia, a lo largo de los siglos, progresa en el conocimiento, en la profundización y en la consiguiente enseñanza magisterial de la fe y moral católica.

En el Concilio Vaticano II hubo varias novedades de orden doctrinal: sobre la sacramentalidad del episcopado, sobre la colegialidad episcopal, sobre la libertad religiosa, etc. Si bien ante las novedades en materias relativas a la fe o a la moral no propuestas con acto definitivo es debido el religioso asentimiento de la voluntad y de la inteligencia, algunas de ellas fueron y siguen siendo objeto de controversias sobre su continuidad con el Magisterio precedente, o bien sobre su compatibilidad con la Tradición. Frente a las dificultades que pueden encontrarse para entender la continuidad de algunas enseñanzas conciliares con la Tradición, la actitud católica, teniendo en cuenta la unidad del Magisterio, es la de buscar una interpretación unitaria en la que los textos del Concilio Vaticano II y los documentos magisteriales precedentes se iluminen recíprocamente. No sólo hay que interpretar el Vaticano II a la luz de documentos magisteriales precedentes, sino que también algunos de éstos se comprenden mejor a la luz del Vaticano II. Ello no representa ninguna novedad en la historia de la Iglesia. Recuérdese, por ejemplo, que nociones importantes en la formulación de la fe trinitaria y cristológica (hypóstasis, ousía) empleadas en el Concilio I de Nicea se precisaron mucho en su significado por los Concilios posteriores.

La interpretación de las novedades enseñadas por el Vaticano II debe por ello rechazar, como dijo Benedicto XVI, la hermenéutica de la discontinuidad respecto a la Tradición, mientras que debe afirmar la hermenéutica de la reforma, de la renovación en la continuidad (Discurso, 22-XII-2005). Se trata de novedades en el sentido de que explicitan aspectos nuevos, hasta ese momento no formulados aún por el Magisterio, pero que no contradicen a nivel doctrinal los documentos magisteriales precedentes, si bien en algunos casos – por ejemplo, sobre la libertad religiosa – comporten también consecuencias muy distintas a nivel de las decisiones históricas sobre las aplicaciones jurídico-políticas, vistos los cambios en las condiciones históricas y sociales. Una interpretación auténtica de los textos conciliares puede realizarse sólo por el propio Magisterio de la Iglesia. Por ello en la labor teológica de interpretación de las partes que, en los textos conciliares, susciten interrogantes y parezcan presentar dificultades, es preciso sobre todo tener en cuenta el sentido según el cual las intervenciones magisteriales sucesivas hayan entendido tales partes. En cualquier caso, siguen siendo espacios legítimos de libertad teológica para explicar de uno u otro modo la no contradicción con la Tradición de algunas formulaciones presentes en los textos conciliares y, por ello, para explicar el significado mismo de algunas expresiones contenidas en esas partes.

Al respecto, no parece finalmente superfluo tener presente que ha pasado casi medio siglo desde la conclusión del Concilio Vaticano II, y que en estas décadas se han sucedido cuatro Romanos Pontífices en la cátedra de Pedro. Examinando el Magisterio de estos Papas y la correspondiente adhesión del Episcopado a él, una eventual situación de dificultad debería transformarse en serena y gozosa adhesión al Magisterio, intérprete auténtico de la doctrina de la fe. Esto debería ser posible y deseable aunque permanecieran aspectos racionalmente no comprendidos del todo, dejando abiertos en cualquier caso los legítimos espacios de libertad teológica para una labor de profundización siempre oportuna. Como ha escrito Benedicto XVI recientemente, “los contenidos esenciales que desde siglos constituyen el patrimonio de todos los creyentes tienen necesidad de ser confirmados, comprendidos y profundizados de manera siempre nueva, con el fin de dar un testimonio coherente en condiciones históricas distintas a las del pasado” (Motu propio Porta fidei, n. 4).

Desestimada demanda contra Benedicto XVI por no usar cinturón de seguridad en papamovil


La demanda presentada por un ciudadano de Friburgo, Alemania, en contra de Benedicto XVI por no usar cinturón de seguridad en el papamovil durante su visita de Septiembre pasado a Alemania (ver aquí), ha quedado desestimada por las autoridades de Friburgo.

El diario Badische Zeitung, Nov-30-2011, citando a la portavoz Edith Lamersdorf, dice que el Papa no será multado por no usar cinturón de seguridad en el papamovil durante su reciente visita a Alemania, ya que las calles fueron cerradas a la circulación del tránsito mientras el papamovl circulaba por las calles de Friburgo, por tanto la denuncia ha sido desestimada.

Recientemente el P. Federico Lombardi, portavoz vaticano se había pronunciado sobre esta curiosa denuncia, a la cual no le dió mayor relevancia (ver aquí).

Posible fecha de viaje papal a México y Cuba


Andrea Tornielli en Vatican Insider dice que la fecha del anunciado (ver aquí y aquí) viaje de Benedicto XVI a México y Cuba, sería del 23 al 28 de Marzo de 2012.

Todavía no están definidos los lugares que visitará el Papa en México, a pesar de las recomendaciones médicas, las cuales le indican que una visita a Ciudad de México no es recomendable por causa de la altura, Tornielli dice que no está del todo excluida una visita al Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe.

Tornielli también hace referencia a otros posibles viajes que realizaría el Pontífice en 2012.