Friday, May 06, 2011

Benedicto XVI: “La Liturgia ha sido interpretada más como un objeto que hay que reformar y no como sujeto capaz de renovar la vida cristiana”


Lo ha afirmado hoy el Santo Padre en la Sala Clementina en su discurso a los participantes en el congreso promovido por el Pontificio Ateneo San Anselmo, en el 50° aniversario de su fundación.

Así informa V.I.S. en español.

CIUDAD DEL VATICANO, 6 MAY 2011 (VIS).- El Santo Padre recibió hoy a los participantes en el IX Congreso Internacional de Liturgia promovido por el Pontificio Instituto Litúrgico San Anselmo, en el cincuenta aniversario de su fundación.

El Papa recordó que "el Beato Juan XXIII, recogiendo las instancias del movimiento litúrgico que deseaba dar un nuevo impulso y un nuevo aliento a la oración de la Iglesia, poco antes del Concilio Vaticano II y durante su celebración quiso que la Facultad de los Benedictinos en el Aventino constituyese un centro de estudios y de investigación para asegurar una base sólida a la reforma litúrgica conciliar".

Refiriéndose al título elegido para el congreso: "El Pontificio Instituto Litúrgico entre memoria y profecía", el Papa dijo que a la "memoria" pertenece la vida del Instituto, que ha ofrecido su contribución a la Iglesia comprometida en la recepción del Concilio Vaticano II, a través de cincuenta años de formación litúrgica académica".

Benedicto XVI puso de relieve que con el término "profecía", la mirada se abre a nuevos horizontes. La liturgia de la Iglesia va más allá de la misma "reforma conciliar", cuyo objetivo, de hecho, no era principalmente cambiar los ritos y los textos, sino más bien renovar la mentalidad y poner en el centro de la vida cristiana y de la pastoral la celebración del misterio pascual de Cristo. Por desgracia, tal vez, la liturgia ha sido acogida -también por nosotros pastores y expertos-, más como un objeto para reformar que no como un sujeto capaz de renovar la vida cristiana, desde el momento en que "existe un vínculo estrechísimo y orgánico entre la renovación de la liturgia y la renovación de toda la vida de la Iglesia".

"La liturgia, (...) vive de una relación constante y correcta entre sana "traditio" y "legitima progressio", claramente manifestada por la Constitución conciliar "Sacrosanctum concilium" en el n. 23. (...) No pocas veces se contraponen equivocadamente tradición y progreso. En realidad, los dos conceptos se integran: la tradición es una realidad viva, incluye por tanto, en sí misma, el principio del desarrollo, del progreso".

El Santo Padre concluyó expresando el deseo de que "la Facultad de Sagrada Liturgia continúe con renovado empuje su servicio a la Iglesia, en plena fidelidad a la rica y valiosa tradición litúrgica, y a la reforma querida por el Concilio Vaticano II, de acuerdo con las líneas maestras de la "Sacrosanctum concilium" y los pronunciamientos del Magisterio".

Así informa Radio Vaticano en español.

Viernes, 6 may (RV).- El Santo Padre comenzó sus actividades públicas esta mañana a las 11.00 recibiendo en audiencia, en la Sala Clementina del Palacio Apostólico del Vaticano a unos 250 participantes en el IX Congreso Internacional de Liturgia organizado por el Pontificio Ateneo de San Anselmo, en el ámbito del 50° aniversario de su fundación.

Al darles su cordial bienvenida, el Papa recordó a estos “queridos amigos”, que el título elegido para el Congreso de este Año Jubilar es sumamente significativo, a saber: "El Pontificio Instituto Litúrgico entre memoria y profecía". Por lo que respecta a la memoria –les dijo– debemos constatar los frutos abundantes suscitados por el Espíritu Santo en medio siglo de historia, por lo que damos gracias al Dador de todo bien.

Con el término "profecía" –explicó más adelante Benedicto XVI– la mirada se abre hacia nuevos horizontes. Y recordó que la Liturgia de la Iglesia va más allá de la misma "reforma conciliar" (Cf. Sacrosanctum Concilium, 1), cuya finalidad, en efecto, no había sido principalmente la de cambiar los ritos y los textos, cuanto en cambio la de renovar la mentalidad y poner en el centro de la vida cristiana y de la pastoral la celebración del Misterio Pascual de Cristo.

El Papa añadió que “lamentablemente, quizá, también por parte nuestra, la de Pastores y expertos, la Liturgia ha sido interpretada más como un objeto que hay que reformar y no como sujeto capaz de renovar la vida cristiana, desde el momento en que existe una relación muy estrecha y orgánica entre la renovación de la Liturgia y la renovación de toda la vida de la Iglesia”.

Y se despidió formulando votos para que esta Facultad de Sagrada Liturgia “siga con renovado impulso su servicio a la Iglesia, en la plena fidelidad a la rica y valiosa tradición litúrgica y a la reforma querida por el Concilio Vaticano II, según las líneas maestras de la Sacrosanctum Concilium y de los pronunciamientos del Magisterio”.


Actualización May-06-2011 (14:20 UTC): Aquí una traducción integral del discurso papal proporcionada por agencia ZENIT.

Eminencia,
Reverendo Padre Abad Primado,
Reverendo Rector Magnífico,
Ilustres Profesores,
Queridos Estudiantes,

Os acojo con alegría con ocasión del IX Congreso Internacional de Liturgia que celebráis en el ámbito del quincuagésimo aniversario de fundación del Pontificio Instituto Litúrgico. Os saludo cordialmente a cada uno de vosotros, en particular al Gran Canciller, el Abad Primado Notker Wolf, y le doy las gracias por las corteses palabras que ha querido dirigirme en nombre de todos vosotros.

El Beato Juan XXIII, recogiendo las instancias del movimiento litúrgico que pretendía dar un nuevo empuje y un nuevo respiro a la oración de la Iglesia, poco antes del Concilio Vaticano II y durante su celebración quiso que la Facultad de los Benedictinos en el Aventino constituyese un centro de estudios y de investigación para asegurar una sólida base a la reforma litúrgica conciliar. En la vigilia del Concilio, de hecho, aparecía cada vez más viva en el campo litúrgico la urgencia de una reforma, postulada también por las peticiones realizadas por varios episcopados. Por otra parte, la fuerte exigencia pastoral que animaba al movimiento litúrgico requería que se favoreciese y suscitase una participación más activa de los fieles en las celebraciones litúrgicas a través del uso de las lenguas nacionales, y que se profundizase en el tema de la adaptación de los ritos en las diversas culturas, especialmente en tierra de misión. Además, se revelaba clara desde el principio la necesidad de estudiar de modo más profundizado el fundamento teológico de la Liturgia, para evitar caer en el ritualismo o favorecer el subjetivismo, el protagonismo del celebrante, y para que la reforma estuviese bien justificada en el ámbito de la Revelación y en continuidad con la tradición de la Iglesia. El Papa Juan XXIII, animado por su sabiduría y por espíritu profético, para acoger y responder a estas exigencias creó el Instituto Litúrgico, al que quiso atribuir en seguida el apelativo de "Pontificio" para indicar su vínculo particular con la Sede Apostólica.

Queridos amigos, el título elegido para el Congreso de este Año Jubilar es de lo más significativi: “El Instituto Pontificio, entre memoria y profecía". En lo que concierne a la memoria, debemos constatar los frutos abundantes suscitados por el Espíritu Santo en medio siglo de historia, y por esto debemos dar gracias al Dador de todo bien, a pesar también de los malentendidos y los errores en la realización concreta de la reforma. ¿Cómo no recordar a los pioneros, presentes en el acto de fundación de la Facultad: Cipriano Vagaggini, Adrien Nocent, Salvatore Marsili y Burkhard Neunheuser, quienes, acogiendo las instancias del Pontífice fundador, se empeñaron, especialmente después de la promulgación de la Constitución conciliar Sacrosanctum Concilium, en profundizar “el ejercicio del sacerdocio de Jesucristo. En ella los signos sensibles significan y, cada uno a su manera, realizan la santificación del hombre, y así el Cuerpo Místico de Jesucristo, es decir, la Cabeza y sus miembros, ejerce el culto público íntegro" (n. 7).

Pertenece a la "memoria" la propia vida del Pontificio Instituto Litúrgico, que ha ofrecido su contribución a la Iglesia comprometida en la recepción del Vaticano II, a través de un cincuentenio de formación litúrgica académica. Formación ofrecida a la luz de la celebración de los santos misterios, de la liturgia comparada, de la Palabra de Dios, de las fuentes litúrgicas, del magisterio, de la historia de las instancias ecuménicas y de una sólida antropología. Gracias a este importante trabajo formativo, un elevado número de diplomados y licenciados prestan ya su servicio a la Iglesia en varias partes del mundo, ayudando al Pueblo santo de Dios a vivir la Liturgia como expresión de la Iglesia en oración, como presencia de Cristo en medio de los hombres y como actualidad constitutiva de la historia de la salvación. De hecho, el Documento conciliar pone en viva luz el doble carácter teológico y eclesiológico de la Liturgia. La celebración realiza al mismo tiempo una epifanía del Señor y una epifanía de la Iglesia, dos dimensiones que se conjugan en unidad en la asamblea litúrgica, donde Cristo actualiza el Misterio pascual de muerte y de resurrección y el pueblo de los bautizados bebe más abundantemente de las fuentes de la salvación. En la acción litúrgica de la Iglesia subsiste la presencia activa de Cristo: lo que realizó en su paso entre los hombres, Él sigue haciéndolo operante a través de su acción personal sacramental, cuyo centro lo constituye la Eucaristía.

Con el término "profecía", la mirada se abre a nuevos horizontes. La Liturgia de la Igleisa va más allá de la propia "reforma conciliar" (cfr Sacrosanctum Concilium, 1), cuyo objetivo, de hecho, no era principalmente el de cambiar los ritos y los gestos, sino más bien renovar las mentalidades y poner en el centro de la vida cristiana y de la pastoral la celebración del Misterio Pascual de Cristo. Por desgracia, quizás, también por nosotros Pastores y expertos, la Liturgia fue tomada más como un objeto que reformar que no como un sujeto capaz de renovar la vida cristiana, desde el momento en el que "existe un vínculo estrechísimo y orgánico entre la renovación de la Liturgia y la renovación de toda la vida de la Iglesia. La Iglesia toma de la Liturgia la fuerza para la vida". Nos lo recuerda el el beato Juan Pablo II en la Vicesimus quintus annus, donde la liturgia es vista como el corazón latiente de toda actividad eclesial. Y el Siervo de Dios Pablo VI, refiriéndose al culto de la Iglesia, con una expresión sintética afirmaba: "De la lex credendi pasamos a la lex orandi, y esta nos lleva a la lux operandi et vivendi" (Discurso en la ceremonia de la ofrenda de los cirios, 2 de febrero de 1970).

Culmen hacia el cual tiende la acción de la Iglesia y al mismo tiempo fuente de la que brota su virtud (cfr Sacrosanctum Concilium, 10), la Liturgia, con su universo celebrativo, se convierte así en la gran educadora en la primacía de la fe y de la gracia. La Liturgia, testigo privilegiado de la Tradición viviente de la Iglesia, fiel a su deber original de revelar y hacer presente en el hodie de las vicisitudes humanas la opus Redemptionis, vive de una relación correcta y constante entre sana traditio y legitima progressio, lúcidamente explicitada por la Constitución conciliar en el n. 23. Con ambos términos, los Padres conciliares quisieron consignar su programa de reforma, en equilibrio con la gran tradición litúrgica del pasado y el futuro. No pocas veces se contrapone de manera torpe tradición y progreso. En realidad, los dos conceptos se integran: la tradición es una realidad vive, que por ello incluye en sí misma el principio del desarrollo, del progreso. Es como decir que el río de la tradición lleva en sí también su fuente y tiende hacia la desembocadura.

Queridos amigos, confío en que esta Facultad de Sagrada Liturgia siga con renovado impulso su servicio a la Iglesia, en plena fidelidad a la rica y preciosa tradición litúrgica y a la reforma querida por el Concilio Vaticano II, según las líneas maestras de la Sacrosanctum Concilium y de los pronunciamientos del Magisterio. La Liturgia cristiana es la Liturgia de la promesa realizada en Cristo, pero es también la Liturgia de la esperanza, de la peregrinación hacia la transformación del mundo, que tendrá lugar cuando Dios sea todo en todos (cfr 1 Cor 15,28). Por intercesión de la Virgen María, Madre de la Iglesia, en comunión con la Iglesia celeste y con los patronos san Benito y san Anselmo, invoco sobre cada uno la Bendición Apostólica. Gracias.