Wednesday, December 08, 2010

Tota Pulchra est Maria...!




...et macula originalis non est in Te!
Hace 25 años se recordaba lo que ocurría hace 45 años. El legado de Bugnini


Hoy hace 45 años se concluía el Concilio Vaticano II, en Enero de 1985 Juan Pablo II convocó un Sinodo extraordinario de Obispos para que a 20 años de finalizado el Concilio Vaticano II tratáran como argumento central la “celebración, verificación y promoción del Concilio Vaticano II”. Este Sinodo extraordinario sesionó entre el 24 de noviembre y el 8 de diciembre de 1985. En la relación final de este sinodo (Documento completo aquí. PDF) se lee entre otras con referencia a la liturgia:

b) La sagrada liturgia

1. La renovación interna de la liturgia

La renovación litúrgica es el fruto más visible de toda la obra conciliar. Aunque existieron algunas dificultades, generalmente ha sido aceptada por los fieles con alegría y con fruto. La innovación litúrgica no puede restringirse a las ceremonias, ritos, textos, etc.; y la participación activa, tan felizmente aumentada después del Concilio, no consiste sólo en la actividad externa, sino, en primer lugar, en la participación interna y espiritual, en la participación viva y fructuosa del misterio pascual de Jesucristo (cf. SC 11). Precisamente la liturgia debe fomentar el sentido de lo sagrado y hacerlo resplandecer. Debe estar imbuida del espíritu de reverencia y de glorificación de Dios.

2. Sugerencias.

Que los obispos no sólo corrijan los abusos, sino que expliquen también a su pueblo claramente el fundamento teológico de la disciplina sacramental y de la liturgia. Las catequesis, como ya lo fueron en el comienzo de la Iglesia, deben ser de nuevo hoy el camino que introduzca a la vida litúrgica (catequesis mistagógicas).Los futuros sacerdotes aprendan la vida litúrgica por experiencia y conozcan bien la teología de la liturgia.

Nos detenemos por un momento en aquel pasaje en donde dice que la deconstrucción renovación liturgica “generalmente ha sido aceptada por los fieles con alegría y con fruto”. De esta conclusión viciada ya habíamos hablado en otra entrada (ver aquí), conclusión la cual parecía por aquellos años proveniente de una encuesta publicada por la Sagrada Congregación para el Culto Divino Y Disciplina de los Sacramentos en diciembre de 1981 en su publicación Notitiae, págs 589-611. La encuesta fue hecha entre los obispos del mundo, entre otras, la encuesta daba a entender que el problema de los fieles ligados a la liturgia tradicional era más bien marginal y era un asunto casi resuelto. En otro aparte, esa misma encuesta anotaba: “por lo que concierne al latín, resulta claramente de la encuesta que su uso tiende a desaparecer”, para más adelante anotar que la reforma litúrgica “ha producido y continúa produciendo frutos abundantes”.

Casi lo mismo dice cuatro años después el documento de Relación Final del sinodo extraordinario, de lo cual, andados ya 25 años, diferimos ampliamente porque no era cierto en ese entonces ni lo es ahora que los fieles hayamos acogido bien la deconstrucción renovación liturgica con alegría y fruto.

Por otra parte, en cuanto a la recomendación aquella que se hace de que “los obispos no sólo corrijan los abusos, sino que expliquen también a su pueblo claramente el fundamento teológico de la disciplina sacramental y de la liturgia”, no podemos menos que deplorar que la tal recomendación no haya sido seguida sino abiertamente ignorada, ya que la decrepitud liturgica que existía en 1985 no solamente continuó, sino que se extendió y agravó hasta llegar al punto en el cual nos encontramos hoy.

Más desconcertante todavía es que ante los hechos relacionados con la decrepitud liturgica se sigan oyendo frases del tipo de las pronunciadas recientemente por Benedicto XVI en el curso de una de sus catequésis en audiencia general: “Quiero afirmar con alegría que la Iglesia vive hoy una «primavera eucarística»” y “Pido para que esta «primavera eucarística» se extienda cada vez más en todas las parroquias...” (Benedicto XVI. Santa Juliana de Cornillon. Catequésis en audiencia general, Nov-17-2010). Es bien contradictorio ya que el mismo Benedicto XVI siendo sacerdote —y conocido en aquel entonces como “profesor Ratzinger”— y recien ocurrida la deconstrucción reforma liturgica, escribía: “Cierta liturgia postconciliar se ha hecho de tal modo opaca y enojosa por su mal gusto y mediocridad, que produce escalofríos” (Joseph Ratzinger.“La fiesta de la Fe. Ensayo de Teología litúrgica”. Desclée, 1974). Y 23 años después cuando para ese entonces era el Card. Ratzinger, había asegurado: “Estoy convencido que la crisis eclesial en la cual nos encontramos hoy, depende en gran parte del colapso de la litúrgia” (Cardenal Joseph Ratzinger. “La mia vita: Ricordi (1927-1977)”. Edizioni San Paolo, 1997).

Ya en 1980 Juan Pablo II había escrito en su carta apostólica Dominicae Cenae:

...quiero pedir perdón —en mi nombre y en el de todos vosotros, venerados y queridos Hermanos en el Episcopado— por todo lo que, por el motivo que sea y por cualquiera debilidad humana, impaciencia, negligencia, en virtud también de la aplicación a veces parcial, unilateral y errónea de las normas del Concilio Vaticano II, pueda haber causado escándalo y malestar acerca de la interpretación de la doctrina y la veneración debida a este gran Sacramento.

En su carta encíclica publicada el Jueves Santo de 2003, Ecclesia De Eucharistia, escribía el mismo Juan Pablo II:

Por tanto, siento el deber de hacer una acuciante llamada de atención para que se observen con gran fidelidad las normas litúrgicas en la celebración eucarística. Son una expresión concreta de la auténtica eclesialidad de la Eucaristía; éste es su sentido más profundo. La liturgia nunca es propiedad privada de alguien, ni del celebrante ni de la comunidad en que se celebran los Misterios. El apóstol Pablo tuvo que dirigir duras palabras a la comunidad de Corinto a causa de faltas graves en su celebración eucarística, que llevaron a divisiones (skísmata) y a la formación de facciones (airéseis) (cf. 1 Co 11, 17-34). También en nuestros tiempos, la obediencia a las normas litúrgicas debería ser redescubierta y valorada como reflejo y testimonio de la Iglesia una y universal, que se hace presente en cada celebración de la Eucaristía. El sacerdote que celebra fielmente la Misa según las normas litúrgicas y la comunidad que se adecua a ellas, demuestran de manera silenciosa pero elocuente su amor por la Iglesia. Precisamente para reforzar este sentido profundo de las normas litúrgicas, he solicitado a los Dicasterios competentes de la Curia Romana que preparen un documento más específico, incluso con rasgos de carácter jurídico, sobre este tema de gran importancia. A nadie le está permitido infravalorar el Misterio confiado a nuestras manos: éste es demasiado grande para que alguien pueda permitirse tratarlo a su arbitrio personal, lo que no respetaría ni su carácter sagrado ni su dimensión universal.

El documento de carácter jurídico para reforzar el profundo sentido de las normas litúrgicas de que hablaba Juan Pablo II fue publicado en 2004, se trata la Instrucción Redemptionis Sacramentum: Sobre algunas cosas que se deben observar o evitar acerca de la Santísima Eucaristía. Es decir, que para 2004 había una anarquía litúrgica que obligaba a publicar una instrucción de alcance jurídico, pero, ¡oh, sorpresa!, para 2010 debemos presumir que todo ha sido superado y hemos dado un giro de 360° hasta alcanzar una situación digna de llamarse “primavera eucaristica”.

¿Creen Uds. que de 1980 a 2010 la situación haya cambiado para bien y que de las disculpas de Juan Pablo II, pasando por su carta encíclica de 2003 anunciando un documento de alcance jurídico respecto de la eucaristía, mismo que fue publicado en 2004, ahora en 2010 tengamos lo contrario: Una “Primavera eucarística”?

¿“Primavera eucarística” en medio “del colapso de la litúrgia”; y más aún en medio de “la crisis eclesial”?. Tal vez se trate de la teoria aquella de la “flor que nace entre el estiercol” o algo así.

¿Dentro de 25 años estaremos viviendo una situación igual o peor de la que hemos vivído por los últimos 45 años en relación a la liturgía. Estaremos todavía recordanco el legado de Bugnini?

¡Santísima Virgen María, Tu, a quien el Papa Paulo VI invocó bajo el título de “Madre de la Iglesia” en el curso del Concilio Vaticano II, intercede por nosotros, tus hijitos más desprotegidos e insidiados por este remedo de liturgia. Alcánzanos de Tu Hijo la gracia de una verdadera renovación litúrgica para mayor honra y gloría de la Santísima Trinidad. Con humildad te lo rogamos. Amen!