Sunday, October 24, 2010

Benedicto XVI convoca sínodo sobre nueva evangelización para 2012


[D]espués de haber consultado al episcopado del mundo entero y después de haber escuchado al Consejo Ordinario de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos, he decidido dedicar la próxima Asamblea General Ordinaria, en 2012, al siguiente tema: “Nova evangelizatio ad christianam fidem tradendam - La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana”.


Benedicto XVI
Homilía durante la celebración de la Misa de Clausura
del Sínodo Especial para Oriente Medio
Oct-24-2010


Información de ZENIT, Oct-24-2010.

CIUDAD DEL VATICANO, domingo 24 de octubre de 2010 (ZENIT.org).- Este domingo, el Papa Benedicto XVI ha anunciado la convocatoria de la próxima Asamblea general ordinaria del Sínodo de los Obispos, en 2012, al tema: "Nova evangelizatio ad christianam fidem tradendam - La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana".

Lo hizo durante la Misa presidida en la Basílica Vaticana, con la que se clausura la Asamblea especial para Oriente Medio del Sínodo de los Obispos sobre el tema: La Iglesia Católica en Oriente Medio: comunión y testimonio: "La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma". (Hch 4,32)»

“Durante los trabajos de la Asamblea – afirmó el Papa – se ha subrayado a menudo la necesidad de volver a proponer el Evangelio a las personas que lo conocen poco, o que incluso se han alejado de la Iglesia”.

“A menudo – prosiguió – se ha evocado la urgente necesidad de una evangelización también para Oriente Medio. Se trata de un tema muy difundido, sobre todo en los países de antigua cristianización”.

Y añadió: “También la reciente creación del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización responde a esta profunda exigencia”.

Juan Pablo II: “razones o pretextos” para el no uso del hábito eclesiástico “más bien de carácter puramente humano que eclesiológico”



Es conocida (aunque no lo suficiente) la carta de Sep-08-1982 enviada por Juan Pablo II a su entonces Vicario para la diócesis de Roma, Card. Ugo Polleti, en la cual le pedía ”oportunas iniciativas destinadas a favorecer el uso del hábito eclesiástico y religioso,emanando al respecto las disposiciones necesarias y preocupándose de su aplicación” dentro de la diócesis de Roma. Lo que no es muy conocido son las medidas que en aquel entonces adoptó el Card. Polleti en la diócesis de Roma para que se cumplieran los deseos papales, mismos que en la práctica fueron desestimados, por no decir ignorados abiertamente. Presentamos a continuación la traducción al español de los dos documentos (el de Juan Pablo II y el del Card. Polleti) tal y como fueron publicados un día como hoy en la edición de L'Osservatore Romano, Edición Semanal en lengua española, 24 de octubre de 1982, Pág. 5.


Carta del Papa al Cardenal Vicario para la diócesis de Roma

El traje eclesiástico del sacerdote
y el hábito del religioso, signo y testimonio público
de la propia identidad y de la pertenencia a Dios

Al venerado hermano
Cardenal Ugo Poletti,
Vicario General
Para la diócesis de Roma.

La atención a la amada diócesis de Roma plantea a mi espíritu numerosos problemas, entre los que figura como digno de consideración, por las consecuencias pastorales que de él se derivan, el relativo a la disciplina del traje eclesiástico.

Varias veces en los encuentros con los sacerdotes he manifestado mi pensamiento al respecto, poniendo de relieve el valor y el significado de este signo distintivo, no sólo porque contribuye al decoro del sacerdote en su comportamiento externo o en el ejercicio de su ministerio, sino sobre todo porque evidencia en la comunidad eclesiástica el testimonio público que cada sacerdote está llamado a dar de la propia identidad y especial pertenencia a Dios. Y puesto que este signo expresa concretamente nuestro “no ser del mundo” (cf. Jn 17,14), en la plegaria compuesta para el Jueves Santo de este año, aludiendo al hábito eclesiástico, me dirigía al Señor con esta invocación: “Haz que no entristezcamos tu Espíritu… con lo que se manifiesta como un deseo de esconder el propio sacerdocio ante los hombres y evitar toda señal externa” (AAS 74, 1982, página 526).

Enviados por Cristo para anunciar el Evangelio, tenemos que transmitir un mensaje que se expresa tanto con las palabras como con los signos externos, sobre todo en el mundo de hoy, que se muestra tan sensible al lenguaje de las imágenes. El hábito eclesiástico, como el religioso, tiene un significado particular: para el sacerdote diocesano tiene principalmente el carácter de signo, que lo distingue del ambiente secular en que vive; para el religioso y para la religiosa expresa también el carácter de consagración y pone en evidencia el fin escatológico de la vida religiosa. El hábito, por tanto, sirve para los fines de evangelización e induce a reflexionar sobre las realidades que nosotros representamos en el mundo y sobre el primado de los valores espirituales que afirmamos en la existencia del hombre. Mediante dicho signo, se hace más fácil a los otros llegar al misterio, del que somos portadores, a Aquel al que pertenecemos y a Quien con todo nuestro ser queremos anunciar.

No ignoro los motivos de orden histórico, ambiental, sicológico y social, que se pueden aducir en contra. Sin embargo, podría decir que motivos de igual naturaleza existen a su favor. Pero debo sobre todo constatar que razones o pretextos contrarios, confrontados objetiva y serenamente con el sentido religioso y con las expectativas de la mayor parte del Pueblo de Dios, y con el fruto positivo del valiente testimonio incluso del hábito, aparecen más bien de carácter puramente humano que eclesiológico.

En la moderna ciudad secular, donde se ha debilitado tan terriblemente el sentido de lo sacro, la gente necesita también estos reclamos a Dios, que no se pueden descuidar sin nuestro servicio sacerdotal.

De acuerdo con estas consideraciones, siento el deber, como Obispo de Roma, de dirigirme a usted, señor cardenal, que comparte más de cerca mis atenciones y solicitudes en el gobierno de mi diócesis, para que, de acuerdo con las Sagradas Congregaciones para el Clero, para los Religiosos e Institutos Seculares, y para la Educación Católica, estudie oportunas iniciativas destinadas a favorecer el uso del hábito eclesiástico y religioso, emanando al respecto las disposiciones necesarias y preocupándose de su aplicación.

Al invocar sobre usted, señor cardenal, y sobre la entera diócesis de Roma la omnipotente ayuda del Señor, por la intercesión de la Virgen Santísima “Salus Populi Romani”, imparto de corazón la bendición apostólica.

Vaticano, 8 de septiembre de 1982.

JOANNES PAULUS PP. II


Carta del Cardenal Vicario a los sacerdotes y religiosos de la Urbe

Queridos hermanos en el sacerdocio, diocesanos y religiosos de Roma:

En comunión con los obispos del Consejo episcopal diocesano, cumplo con gozo el deber de presentaros la venerada carta de nuestro Obispo y Pastor, el Papa Juan Pablo II, sobre el uso del hábito eclesiástico en la diócesis de Roma.

Vosotros la acogeréis sin duda con filial y sincera adhesión, dentro de esa comunión eclesial con el Obispo en la que entra también el orden disciplinar, apreciando la riqueza de los valores espirituales, eclesiales y pastorales que ella contiene. Son importantes especialmente los valores del testimonio, de la identidad sacerdotal, y del signo que se debe ofrecer al mundo, para que nos reconozca abiertamente como discípulos del Pastor.

Alguno preguntará: ¿Por qué el Papa se dirige a la diócesis de Roma y no a toda la Iglesia? El, según afirma en la carta que me ha enviado, siente el deber de dirigirse, como Obispo de Roma, ante todo a los hijos y hermanos más cercanos, comprometidos directamente con él en una misión de evangelización que se nutre y se expresa en el amor.

Todo es más fácil para quien ama.

Antes de precisar las normas concretas para vosotros, hermanos de Roma, según la misma indicación del Santo Padre, me he puesto de acuerdo con los eminentísimos responsables de las Congregaciones para el Clero, para los Religiosos e Institutos Seculares y para la Educación Católica, a fin de que con su autoridad y en los sectores de su competencia confirmasen las oportunas disposiciones.

En efecto, la presencia tan numerosa y variada de sacerdotes y religiosos y estudiantes eclesiásticos, residentes en esta diócesis, constituyen sin duda un inmenso recurso de energías espirituales e incluso un testimonio visible de vitalidad cristiana de altísimo valor que debe ser promovido, dentro de lo posible, como ejemplo para las Iglesias hermanas.

Por tanto, de común acuerdo y con responsable autoridad en los ámbitos de respectiva competencia, ha parecido necesario que en esta queridísima diócesis recobren pleno vigor las disposiciones sobre el hábito eclesiástico, con las siguientes características:

1. De ahora en adelante queda confirmada en todo su vigor la obligación del hábito eclesiástico o religioso para los sacerdotes tanto diocesanos como religiosos residentes en la diócesis de Roma.

2. Para los sacerdotes seculares tanto diocesanos como domiciliados establemente en Roma, el referido traje podrá ser el talar o el clergyman según el uso italiano, negro o gris oscuro o bien azul oscuro con el alzacuello eclesiástico romano.

3. Dicha disposición es válida también para los sacerdotes no diocesanos que deseen residir en Roma aunque sólo sea temporalmente.

4. Los religiosos, bajo la vigilancia de sus legítimos superiores, vestirán el hábito del propio instituto, signo de su peculiar consagración o al menos —según el derecho propio— el clergyman.

5. La sotana o hábito religioso es obligatorio en las celebraciones litúrgicas, en la administración de los sacramentos, en el ejercicio de la predicación. Se aconseja vivamente su uso en el ambiente del propio ministerio pastoral.

6. Desde el inicio del presente año escolar, se comenzará a usar de nuevo el hábito eclesiástico o religioso también durante el periodo de la formación en los seminarios y colegios a partir del rito de admisión de los candidatos al sacerdocio y, en los estudiantados religiosos desde la primera profesión religiosa.

Me parece un deber reconocer la buena voluntad que desde hace algún tiempo se advierte en el clero y entre los religiosos, sobre todo los jóvenes, a utilizar de nuevo espontáneamente y a llevar decorosamente el traje eclesiástico o hábito religioso, signo evidente de amor y de responsabilidad. Confío mucho en la comprensión y colaboración de los jóvenes.

Ciertamente se encuentra en Roma una juventud magnífica, proveniente de todas las partes del mundo, consuelo y esperanza de toda la Iglesia.

El Santo Padre y los obispos sus colaboradores esperan vivamente y desean que al confirmarse el uso del hábito eclesiástico y del religioso, el testimonio de esta juventud consagrada al Señor y desconocida para muchos, aparezca ante todos cada vez más abierta, gozosa y valiente. El ejemplo de tantos jóvenes al servicio de la Iglesia y de las almas, será ciertamente para otros muchos jóvenes un reclamo eficaz a la vida consagrada, y para todos un estímulo a una vida cristiana valiente y abierta.

Las tres Sagradas Congregaciones para el Clero, para los Religiosos e Institutos Seculares y para la Educación Católica confirman conmigo las normas arriba dadas, comprometiéndose en promoverlas en los seminarios, en las casas de formación, en los institutos y colegios religiosos, gustosamente ayudados por los superiores locales. Así mismo las Pontificias Universidades, los Ateneos y las Academias de Roma honrarán con el decoro de la disciplina del hábito su auténtica e indispensable obra de formación cultural y pastoral, según las más nobles tradiciones de su historia.

El Sumo Pontífice, en la audiencia que me concedió el 27 de septiembre de 1982, se dignó aprobar las normas arriba enunciadas y autorizó su publicación.

Queridos hermanos: Nuestro Padre y Obispo nos pide un acto de amor y colaboración; también en esto se mide la generosidad del testimonio evangélico. Al impartirnos su bendición apostólica, el confía en la intercesión de la Virgen Santísima “Salus Populi Romani” para que nuestra respuesta sea fácil y pronta.

Con afecto fraterno, siempre unido a vosotros en vuestro ministerio y en vuestra vida sacerdotal, os saludo.

Cardenal Ugo POLETTI,
Vicario General de Su Santidad para Roma


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