Saturday, May 15, 2010

Publicado libro de expresidente de tribunal eclesiástico de Cali, Colombia, “¿Hacia un clero gay? Antihistoria de un centenario”


La noticia es que el libro del cual habíamos anunciado su publicaión (aquí) ya está en las calles de Cali, Colombia, tal como reporta hoy el diario colombiano El Tiempo, que también publica una corta entrevista con el autor, el expresidente de tribunal eclesiástico de Cali, Colombia, P. Germán Robledo Ángel.

Libro escrito por un religioso que habla de homosexualismo y celibato circula en Cali

El texto lleva como título '¿Hacia un clero gay? Antihistoria de un centenario'.

En Cali comenzó a circular el libro del padre Germán Robledo Ángel que se mantuvo en absoluto secreto hasta que salió de la imprenta.

Al final, concluye que, por lo menos, el 30 por ciento del clero caleño tiene una tendencia gay y que lo del celibato es pura apariencia.

Entre 1980 y el 2003 presidió el Tribunal Eclesiástico Regional de Cali. Varios de los casos de homosexualismo que devela los conoció porque llegaron a sus manos.

Narra cómo algunos sacerdotes celebran el viernes penitencial con remate incluido. En el 2001 uno de ellos se fue de celebración un Viernes de Dolores, día que precede al Domingo de Ramos, y terminó en un motel, sin carro, sin plata, sin ropa y trasladado a otra parroquia para evitar el escándalo.

Está también el caso de un vicario que convivía con un sicario y amenazaba a la dueña del apartamento con el sicario si denunciaba el hecho o si les pedía el inmueble.

"El libro es una bomba", advierte el padre Robledo Ángel, quien en el 2000 declinó su nombramiento como monseñor al ver que entre los sacerdotes que también recibirían este título honorífico figuraban algunos con conductas nada santas y ya denunciadas.

Cuenta sobre los palos a la rueda que le pusieron a un monseñor para que no llegara a la vicepresidencia de radio Vaticana, después de contar con el visto bueno del Papa Juan pablo II.

En el capítulo X ,'Un secreto a las puertas de la muerte', revela que por orden de un obispo los restos de Joaquín de Cayzedo y Cuero, el prócer caleño; de monseñor Heladio Posidio Perlaza, el primer obispo de Cali, y del general Alfredo Vásquez Cobo, fueron retirados de la Catedral de San Pedro, donde reposaban, y arrojados a una fosa común. Él mismo lo pudo comprobar cuando fue el párroco de la Catedral y excavó las catacumbas. Lo que hay hoy son solo placas que indican que ahí reposan los restos pero, abajo no hay nada.

No es un libro de chismes. El sacerdote emérito hace un recorrido histórico por la figura del celibato hasta llegar a los recientes escándalos sexuales que lo han puesto en entredicho.

"La iglesia, si pretende ser la de Cristo, no puede ser convertida en Iglesia de fariseos. Iglesia del tapen-tapen, clóset de gays o cuartel de misóginos", puede leerse en la parte final del libro.

Habla el padre

Tardó dos años escribiendo sus 242 páginas. Lo editó Feriva y salieron mil ejemplares. El TIEMPO habló con el autor.

¿Por qué se decidió a escribirlo?

Seguí muy de cerca la problemática de los americanos. Hicieron análisis de sus sacerdotes y seminaristas y encontraron un clero americano hacia una tendencia gay y miren donde llegaron, a problemas de pederastia. Problemas que existen entre nosotros en grado peligroso y creciente, como en nuestro clero de Cali donde estoy denunciando que un 30 por ciento, por lo menos son de tendencia gay.

¿Habla de los casos que conoció cuando presidió el Tribunal Eclesiástico?

Sí, me motivó. Hice denuncias hace tres años cuando me di cuenta de que las limosnas que daba la gente pobre eran utilizadas para pagar servicios sexuales. Eso no lo podía tolerar. El libro trae textos de grabaciones y acusaciones de una parroquia, para los que no han creído cuando hice mis denuncias.

¿Hay nombres, las personas involucradas se pueden identificar?

Cuento el milagro pero, no digo el santo.

¿Tuvo que pedir permiso a la Arquidiócesis de Cali?

Ni más faltaba que a estas alturas de la vida tuviera que pedir permiso. Vivimos una cultura democrática que ha llegado a la Iglesia Católica, uno es responsable. Mi libro es absolutamente ortodoxo. Para esta problemática del celibato lo recomiendo, tiene unas hipótesis sobre el origen y problemática del celibato que dentro del mismo clero no se conoce. El libro aporta claridad en este tema.

¿Es una novela?

Sa llama Antihistoria de un centenario. La palabra antihistoria está en la línea del antitestimonio. Marx habló de la historia como verdad y el materialismo histórico es la verdad en ciencia, porque es la verdad. Con motivo del centenario de la Arquidiócesis de Cali estoy denunciado unos hechos por los cuales hay que pedir perdón, no celebrar un centenario de pajaritos de oro y mariposas muy hermosas. ¡No! Eso es con luces y con sombras.

¿Qué piensa que pasará con este libro?

Es una bomba. A quien le caiga el guante que se lo chante. Los problemas de la Iglesia Católica ¿Qué son? Los que está pagando ahora el Papa y sus cardenales, son omisiones de su deber de hace 30 y 20 años que utilizaban el tape-tape de ocultarlo todo y hoy salió a la publicidad. Yo estoy revelando y hablando de ciertos culpables.

¿Pueden ex comulgarlo?

No, porque estoy dentro de la ortodoxia. No estoy presentando nada que sea mentira, es la verdad. Estoy cumpliendo con mi deber de denunciar que tengo como miembro de la Iglesia Católica. Decir la verdad es de las cosas más difíciles.

¿Monseñor Juan Francisco Sarasti [Arzobispo de Cali, Colombia] sabe sobre la existencia de este libro?

Sí, no he hablado con él. No lo ha leído porque apenas sale.

Sirviendo a dos señores en China. El caso del obispo que está asociado a la iglesia cismática China y en comunión con Roma


Publicamos a continuación el artículo publicado por 30 Giorni en español, sobre las medidas tomadas en el caso del obispo coadjutor de Baoding, Francis An Shuxin (imágen), quien el año pasado se afilió a la Asociación Católica Patriótica, y cuyo caso reportamos en su momento (aquí)

Litterae communionis entre Roma y Baoding

Una carta del cardenal Tarcisio Bertone hace públicas las indicaciones y las sugerencias del Papa con relación al caso de Francisco An Shuxin, el obispo coadjutor de Baoding acusado de traición por algunos sacerdotes de su diócesis por haber decidido salir de la clandestinidad. Benedicto XVI invita a todos a seguir el camino de la reconciliación. Y mientras tanto confirma a monseñor An en la dirección pastoral de la diócesis, aunque el obispo haya aceptado un cargo en la Asociación patriótica local de los católicos chinos, instrumento de la política religiosa del gobierno

por Gianni Valente

Cuando surgen disputas y cuestiones entre los hijos de la Iglesia, es normal que todos miren hacia el obispo de Roma, aunque esté lejos físicamente. Quizá sólo buscan el veredicto del juez imparcial, que sepa dirimir razones y sinrazones justamente, y en cambio se encuentran con algo mejor.

Es lo que les ha ocurrido recientemente a los sacerdotes, religiosos y fieles laicos de la comunidad católica china de Baoding, en la provincia de Hebei.

Allí, desde hace unos años, los corazones se dividían en torno al caso de Francisco An Shuxin, el obispo ordenado clandestinamente (es decir, sin el placet de la política religiosa del gobierno chino) que desde 2006, después de diez años de prisión y aislamiento, decidió salir de la clandestinidad y ejercer su ministerio pastoral como obispo coadjutor fiel al Papa y también respetando los procedimientos y vínculos impuestos por el gobierno. Todo esto mientras el otro obispo “clandestino” Santiago Su Zhimin, primer titular de la diócesis, resulta hasta hoy en paradero desconocido, desde que en 1996 se lo llevaran los aparatos de policía.

Desde el principio, una parte de los sacerdotes del área clandestina consideró la decisión del obispo An como un cambio de chaqueta, llegando a poner en entredicho la legitimidad de su autoridad episcopal. Las polémicas y los reproches alcanzaron su fase más virulenta en la segunda mitad de 2009, cuando los opositores de monseñor An publicaron como una prueba de su presunta “traición” su disponibilidad para aceptar un cargo en las estructuras diocesanas de la Asociación patriótica.

Mientras crecía la controversia, la comunidad católica de Hebei recibió en diferentes momentos indicaciones y sugerencias procedentes de la Sede apostólica, cuyo objetivo era poner freno al contagio venenoso del desgarro y de la duda. La última, la más reciente y autorizada invitación a la reconciliación es del Papa: una carta enviada desde el Vaticano a la monseñor Francisco An con la que Benedicto XVI confirma la autoridad episcopal de éste y hace votos para que todos los sacerdotes diocesanos la reconozcan, a pesar del cargo que el obispo ha asumido en la Asociación patriótica.

«Querido hermano obispo»

La carta, escrita en nombre del Papa por el secretario de Estado Tarcisio Bertone, lleva la fecha del 10 de febrero de 2010 y el número de protocolo 696/10/RS. Se trata de una respuesta a la carta que el mismo Francisco An envió a Benedicto XVI el 12 de noviembre de 2009, en la que el obispo sometía su caso al Papa solicitándole indicaciones concretas sobre lo que tenía que hacer. En las primeras líneas Bertone refiere la estima el Papa por los «sentimientos de fidelidad a Cristo y a la Iglesia y la devoción filial al sucesor de Pedro» manifestados por el obispo An en su carta. Luego transmite las indicaciones del Papa en relación a las vicisitudes convulsas de la diócesis.

Benedicto XVI, a través de Bertone, hace saber que sigue con «gran atención» la vida de la Iglesia en China, con respecto específicamente a las comunidades diocesanas «que viven en situaciones especialmente difíciles». El Papa dice que está «espiritualmente cercano» al obispo An y envía una bendición especial al obispo Su Zhimin (que es citado cuatro veces en el nuevo mensaje papal), de quien se recuerda la situación de segregación que le impide ejercer su ministerio episcopal a favor del pueblo confiado a su cura pastoral.

En la parte central, la carta se detiene directamente en las decisiones del obispo An que más críticas han recibido de una parte del clero de la diócesis, y con palabras inequívocas aclara las dudas aún no resueltas.

Una de las principales acusaciones contra An era su decisión de concelebrar una misa con Juan Su Changshan, obispo “oficial” de Baoding, reconocido como tal por el gobierno pero no por la Sede apostólica. Respecto a ese episodio, la carta afirma que «ahora todos pueden saber que esto sucede porque su excelencia sabía que el obispo Su Changshan deseaba ardientemente y había pedido con insistencia la comunión plena con el Santo Padre». Se menciona también las cartas que envió Su Changshan a la Santa Sede con las que –se explica– el obispo ilegítimo afirmaba que su ordenación episcopal sin mandato apostólico había tenido lugar contra su voluntad, y refería su aflicción por la situación en la que se veía. «Este caso», hace saber el secretario de Estado en nombre del Papa, «ha de considerarse cerrado».

A continuación, la carta pontificia toca el punto doloroso del papel que el obispo An ha aceptado asumir como vicepresidente de la Asociación patriótica diocesana. Con un matiz nada insignificante, el texto no cita ninguna «inscripción» de An en el organismo patriótico, visto que el obispo se ha limitado a aceptar verbalmente el cargo que le propusieron. La carta de Roma hace saber que la Santa Sede conoce las cuestiones y las dificultades «delicadas y complejas» suscitadas por dicho caso. Las líneas-guía que ofrece el texto enviado desde el Vaticano son claras y concretas: «En su situación específica», escribe Bertone en nombre del Papa, «se debería haber evitado una decisión de este tipo. Sin embargo, en las circunstancias actuales parece preferible que su excelencia no renuncie por su propia iniciativa a la posibilidad que tiene hoy de actuar de manera oficial y acompañe y guíe a todos sus sacerdotes, tanto oficiales como clandestinos».

En la carta enviada por el Vaticano se asegura que la Sede apostólica continuará siguiendo la situación de Baoding, y ante otros acontecimientos significativos no dejará al obispo An sin criterios prácticos de orientación. «Mientras tanto», se recomienda en la carta, con una alusión dirigida implícitamente a toda la diócesis de Hebei, «la Santa Sede cuenta con la obediencia que todo el clero de Baoding le debe a usted, en ausencia del obispo Su Zhimin». En la parte final, el cardenal Bertone pide que se den a conocer a la comunidad católica de Baoding las indicaciones del Papa, «de la manera que usted considere más apropiada». Por esto, desde la segunda semana de marzo, la versión íntegra del texto apareció en chino e inglés en la página web de la diócesis.

Ni vencedores ni vencidos

Con las sugerencias e indicaciones contenidas en la carta del 10 de febrero al obispo y a la diócesis de Baoding, se han aplicado a este caso específico –que se ha vuelto emblemático y relevante para toda China– algunos criterios guía que Benedicto XVI expuso en la Carta a los católicos chinos del 27 de mayo de 2007.

En el documento magisterial se reconocía que los trámites para el reconocimiento de las comunidades locales por parte de las autoridades civiles –necesario para actuar públicamente– pueden comportar decisiones difíciles y controvertidas para la conciencia de los católicos, pues dichos trámites siguen siendo gestionados por esos organismos “patrióticos” inspirados por el Partido, los cuales, ajenos a la estructura de la Iglesia, pretenden desempeñar un papel-guía en la vida de la comunidad eclesial. Por ello, en casos concretos, y «después de reafirmar los principios», se dejaban las decisiones operativas «a cada obispo que, después de escuchar a su presbiterio, está en condiciones de conocer mejor la situación local, sopesar las posibilidades concretas de opción y valorar las eventuales consecuencias dentro de la comunidad diocesana» (Carta de Benedicto XVI a los obispos, a los presbíteros, a las personas consagradas y a los fieles laicos de la Iglesia católica en la República Popular China, cap. 7). El Papa también tenía en cuenta que las decisiones del obispo pudieran no encontrar el consenso de todos los sacerdotes y fieles. En este caso, manifestaba su esperanza de que dichas decisiones sean acogidas, «aunque fuera con sufrimiento», para mantener la unidad de la comunidad diocesana con su propio pastor.

Precisamente el punto controvertido de las relaciones del obispo An con la Asociación patriótica le ofrece la ocasión también a la Santa Sede de atenerse a las orientaciones expuestas por el Papa en la Carta de mayo de 2007. En la compleja situación pastoral de Baoding la participación directa del obispo en el organismo patriótico ha encendido de nuevo el malestar y las protestas entre esos sacerdotes y fieles clandestinos que ya criticaban su decisión de salir de la clandestinidad, y en la carta del 10 de febrero está escrito que dicha participación «se debería haber evitado». Pero una vez que el obispo ha decidido aceptar el cargo de vicepresidente de la Asociación patriótica diocesana, la Sede apostólica toma nota de su decisión y no le pide que vuelva atrás. La «presencia» del obispo An en los organismos patrióticos no deslegitima su autoridad episcopal ante la Santa Sede. No se plantean artificiosas contraposiciones dialécticas entre los principios doctrinales y las decisiones pastorales que algunos se empeñan en presentar como formas de concesión cobardes y reprobables respecto a las pretensiones ilegítimas del gobierno. En cambio, en la carta escrita por Bertone en nombre del Papa se le sugiere a An que no salga por su propia iniciativa de la situación en la que se ha metido, que ahora le permite ejercer públicamente su papel de guía y acompañante para todos los sacerdotes de la diócesis, «tanto oficiales como clandestinos».
Con estas indicaciones, se deja entrever toda la eficacia potencial y congruencia pastoral de los criterios expuestos en la Carta a los católicos chinos de 2007, cuando se aplican operativamente a las condiciones determinadas. Este texto confiaba a los obispos el discernimiento sobre cómo moverse en las situaciones locales, teniendo en cuenta los contextos y las circunstancias. El obispo An se ha movido dentro de los criterios y las posibilidades contempladas en la Carta papal de 2007. Y la Santa Sede, ateniéndose en los hechos a esa colegialidad apostólica que es también hacerse cargo de responsabilidades compartidas, le renueva su propia confianza, lo confirma en su autoridad episcopal e invita a todos a seguirlo, incluso a los que hasta hoy no comparten las decisiones del obispo.
La misma confianza delicada y cordial se les dedica a los críticos que hasta ahora han manifestado con más energía su oposición al obispo An, hasta llegar casi a rechazarlo como pastor de la diócesis. En la carta de febrero no hay ninguna huella de reproche contra ellos, no hay ningún diktat. El Papa solamente hace saber que él cuenta con su sensus Ecclesiae: también aquellos que en el pasado padecieron más persecuciones a causa de su fe, y quizás ahora les cuesta más acoger las decisiones del obispo, serán ayudados por esa misma fe a aceptar con el tiempo la nueva situación.

Así, con alusiones, las indicaciones propuestas de nuevo en la carta enviada a Baoding por la Sede apostólica dejan entrever también de dónde puede venir un posible nuevo inicio para la atormentada diócesis de Hebei. No se trata de intentar falaces balances de las sinrazones y de las razones, para establecer quién ha ganado y quién ha perdido, como sucede en las disputas del mundo: entre otras cosas porque no hay nunca vencedores sino solamente vencidos en las desviaciones sectarias que quizás en nombre del intransigente apego a las propias convicciones acaba por desgarrar la comunión y complicar el acceso de los fieles a los medios de la vida de gracia. En cambio, es precisamente la naturaleza sacramental de la Iglesia lo que puede traslucir en las relaciones entre sus miembros, incluidas las relaciones entre el obispo y sus sacerdotes. Y puede favorecer en el tiempo, con paciencia, sin inútiles presiones exteriores, ese milagro de la reconciliación que puede pasar sólo a través de los corazones y de las conciencias de cada uno, abrazando a todos y perdonándolo todo. De modo que sea más fácil para todos los cristianos de Baoding «vivir una vida tranquila y apacible con toda piedad y dignidad», como escribió san Pablo en su primera Carta al amigo Timoteo.

Seguidamente el texto de la carta del Card. Secretario de Estado, Tarcisio Bertone, al obispo Francisco An Shuxin; igualmente publicada por 30 Giorni en español.

A su Excelencia Reverendísima
Francisco An Shuxin obispo coadjutor de Baoding
Baoding, República Popular China

N. 696/10/RS

El Vaticano, 10 de febrero de 2010
Querido hermano obispo:

Su santidad Benedicto XVI se alegró al leer la carta que le escribió el 12 de noviembre de 2009, en la que expresaba usted sus sentimientos de fidelidad a Cristo y a la Iglesia y su filial devoción al Sucesor de Pedro.

Al respecto, Su Santidad me ha pedido que le comunique a Su Excelencia lo siguiente:

1) El Santo Padre está espiritualmente cercano a usted, al obispo diocesano Santiago Su Zhimin y a toda la comunidad diocesana. Sigue la vida de la Iglesia en China con gran atención, mostrando una solicitud especial por esas comunidades diocesanas que viven en situaciones especialmente difíciles.

2) El Sumo Pontífice envía una bendición especial a vuestro obispo diocesano Santiago Su Zhimin, que durante muchos años se ha visto privado de la libertad y de la posibilidad de ejercer su propio ministerio episcopal respecto al pueblo confiado a su cuidado pastoral.

3) En lo relativo a su concelebración eucarísitica con el obispo Juan Su Changshan, ahora todos pueden saber que esto sucede porque su excelencia sabía que el obispo Su Changshan deseaba ardientemente y había pedido con insistencia la comunión plena con el Santo Padre. El obispo Su quedó turbado por esta situación que le causó mucho sufrimiento, y ha esperado la respuesta de la Santa Sede a sus cartas, en las que confirmaba que su ordenación episcopal sin mandato papal tuvo lugar contra su propia voluntad. Este caso ha de considerarse cerrado.

4) La Santa Sede es consciente de que su presencia en la Asociación patriótica de los católicos chinos suscita dificultades y cuestiones que son delicadas y complejas. En su situación específica, se debería haber evitado una decisión de este tipo. Sin embargo, en las circunstancias actuales parece preferible que su excelencia no renuncie por su propia iniciativa a la posibilidad que tiene hoy de actuar de manera oficial y acompañe y guíe a todos sus sacerdotes, tanto oficiales como clandestinos. La Santa Sede continuará siguiendo la cuestión y si se dieran acontecimientos significativos no dejará de ofrecer ayuda a su excelencia con orientaciones apropiadas.

5) Mientras tanto, la Santa Sede cuenta con la obediencia que todo el clero de Baoding le debe a usted, en ausencia del obispo Su Zhimin. La Santa Sede comprende los sacrificios que esto requiere a todos los interesados, pero la unidad del presbiterio en torno al obispo sará un significativo y coherente testimonio de fidelidad a Cristo y de amor a la Iglesia, favorecerá la armonía y la unidad de los corazones y promoverá el celo misionero de todos los miembros de la diócesis de Baoding.

6) Con estos sentimientos, el Sumo Pontífice invoca la divina protección sobre su excelencia y sobre los sacerdotes, los religiosos y todos los fieles laicos de Baoding, e imparte su bendición apostólica.

Al acercarnos a la celebración del Año Nuevo chino, permítame asociarme a la oración y a los votos del Santo Padre para que el inminente tiempo de Cuaresma pueda ofrecer una oportunidad para un nuevo compromiso y renovación por parte de toda la comunidad diocesana de Baoding en el servicio fiel a Cristo y a la Iglesia.

Rogándole que proponga todo esto a la atención de la diócesis de Baoding de la manera que usted considere más apropiada, encomiendo el obispo Su Zhimin, come también su excelencia y todos los sacerdotes, religiosos y fieles laicos, a la intercesión de la santísima Virgen María, venerada en Donglu con el título de Nuestra Señor de China. Asegurándole mis oraciones y mi saludo fraterno, quedo

suyo en Cristo,

cardenal Tarcisio Bertone secretario de Estado