Tuesday, January 26, 2010

La Iglesia recibe ultimatum judío: ¡O los lefebvrianos o nosotros!


Escandaloso, indignanate, inaceptable, por no decir canallesco, infame, despreciable, vil, ruin, ignominioso y bellaco el ultimatum lanzado a la Iglesia por el rabino jefe de Roma, Riccardo Di Segni (imágen) en una entrevista concedida al mensual Il Consulente RE.

Habiendo afirmado que en el discurso de Ene-15-2010 de Benedicto XVI a los participantes en la sesión plenaria de la Congregación para la Doctrina de la Fe, “había habido una extraña apertura a los lefebvrianos”, es contrapreguntado y fíjense en la respuesta:

Il Consulente RE: ¿Por qué extraña? El Papa en esa ocasión ha hablado a la Congregación para la Doctrina de la Fe reunida en la asamblea plenaria anual. Y es tal Congregación la que se ocupa hoy de los lefebvrianos... el Papa sólo ha expresado el deseo de que sean “superados los problemas doctrinales que subsisten para el regreso a la plena comunión con la Iglesia” de parte de los lefebvrianos...

Di Segni: Si la paz con los lefebvrianos significa renunciar a la apertura del Concilio, la Iglesia deberá decidir: ¡o ellos o nosotros!

Cuando estuvimos a punto de tener un “Papa emérito”


Interesante anticipo que trae la revista Famiglia Cristiana de un libro titulado “Perche' e' santo”, escrito por el postulador de la causa de beatificación de Juan Pabllo II, Sławomir Oder, junto con el periodista Saverio Gaeta. En el anticipo del libro se cuenta que es cierta la versión que circuló fuertemente, de que el Papa había escrito una carta en 1989 y confirmada en 1994, firmando su renuncia, la cual estaba redactada en los siguientes términos:

Siguiendo el ejemplo de S. Padre Paulo VI (cf. texto del 2.II.1965) declaro:

— En caso de enfermedad, que se presuma incurable, de larga duración, y que me impida ejercitar las funciones de mi ministerio apostólico,

— O en el caso de que otro grave y prolongado impedimento sea igualmente obstáculo,

— renunciar a mi sacro y canónico oficio, como Obispo de Roma, tanto como cabeza de la Iglesia Católica, en manos del Señor Cardenal Decano del Sagrado Colegio Cardenalicio, dejándo a él, conjuntamente al menos con los Señores Cardenales responsables de los Dicasterios de la Curia Romana , y al Cardenal Vicario de Roma (siempre que sean normalmente convocables, y en caso contrario a los Señores Cardenales jefes del orden del Sacro Colegio), la facultad de aceptar y llevar a efecto (¡sic!) esta mi renuncia

— en el nombre de la Santísima Trinidad, Roma 15.II.1989