Wednesday, December 09, 2009

Carta a los sacerdotes, del cardenal Claudio Hummes, prefecto de la Congregación para el Clero, sobre la oración


Vaticano Diciembre de 2009

Queridos Presbíteros:

La oración ocupa necesariamente un sitio central en la vida del Presbítero. No es difícil entenderlo, porque la oración cultiva la intimidad del discípulo con su Maestro, Jesucristo. Todos sabemos que cuando ella falta la fe se debilita y el ministerio pierde contenido y sentido. La consecuencia existencial para el Presbítero será aquella de tener menos alegría y menos felicidad en el ministerio de cada día. Es como si, en el camino del seguimiento a Cristo, el Presbítero, que camina junto a otros, comenzase a retardarse siempre más y de esta manera se alejase del Maestro, hasta perderlo de vista en el horizonte. Desde este momento, se encuentra perdido y vacilante.

San Juan Crisóstomo, comentando en una homilía la Primera Carta de San Pablo a Timoteo, advierte sabiamente: “El diablo interfiere contra el pastor […] Esto es, si matando las ovejas el rebaño disminuye, eliminando al pastor, él destruirá al rebaño entero”. El comentario hace pensar en muchas de las situaciones actuales. El Crisóstomo advierte que la disminución de los pastores hace y hará disminuir siempre más el número de los fieles de la comunidad. Sin pastores, nuestras comunidades quedarán destruidas.

Pero quisiera hablar aquí de la necesidad de la oración para que, como dice el Crisóstomo, los Padres venzan al diablo y no sean cada vez menos. Verdaderamente sin el alimento esencial de la oración, el Presbítero enferma, el discípulo no encuentra la fuerza para seguir al Maestro y, de esta manera, muere por desnutrición. Consecuentemente su rebaño se pierde y, a su vez, muere.

Cada Presbítero, pues, tiene una referencia esencial a la comunidad eclesial. Él es un discípulo muy especial de Jesús, quien lo ha llamado y, por el sacramento del Orden, lo ha configurado a sí, como Cabeza y Pastor de la Iglesia. Cristo es el único Pastor, pero ha querido hacer partícipe de su ministerio a los Doce y a sus Sucesores, por medio de los cuales también los Presbíteros, aunque en grado inferior, participan de este sacramento, de tal manera que también ellos llegan a participar en modo propio al ministerio de Cristo, Cabeza y Pastor. Esto comporta una unión esencial del Presbítero a la comunidad eclesial. El no puede hacer menos de esta responsabilidad, dado que la comunidad sin pastor muere. Como Moisés, el Presbítero debe quedarse con los brazos alzados hacia el cielo en oración para que el pueblo no perezca.

Por esto, el Presbítero debe permanecer fiel a Cristo y fiel a la comunidad; tiene necesidad de ser hombre de oración, un hombre que vive en la intimidad con el Señor. Además, tiene la necesidad de encontrar apoyo en la oración de la Iglesia y de cada cristiano. Las ovejas deben rezar por su pastor. Pero cuando el mismo Pastor se da cuenta de que su vida de oración resulta débil es entonces el momento de dirigirse al Espíritu Santo y pedir con el ánimo de un pobre. El Espíritu volverá a encender la pasión y el encanto hacia el Señor, que se encuentra siempre allí y que quiere cenar con él.

En este Año Sacerdotal queremos orar con perseverancia y con tanto amor por los Sacerdotes y con los Sacerdotes. A tal efecto, la Congregación para el Clero, cada primer jueves de mes, a las cuatro de la tarde, durante el Año Sacerdotal, celebra una Hora eucarística-mariana en la Basílica de Santa María la Mayor, en Roma, con los Sacerdotes y por los Sacerdotes. Con gran alegría, muchas personas acuden a rezar con nosotros.

Queridísimos Sacerdotes, la Navidad del Señor está a la puerta. Quisiera daros mis más y mejores augurios de Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo 2010. Junto al pesebre, el Niño Jesús non invita a renovar hacia El aquella intimidad de amigo y de discípulo para enviarnos de nuevo como sus evangelizadores.


Cardenal Claudio Hummes
Arzobispo Emérito de San Pablo
Prefecto de la Congregación para el Clero

Pontifical para la Inmaculada en Roma


El martes Dic-08-2009 a las 10:30 (hora local) el Card. Franc Rodé, prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apsotólica, celebró una Misa Pontifical en honor de la Inmaculada Concepción de la Sma. Vírgen María en la iglesia de la Ss. Trinità dei Pellegrini de Roma.











Santo Padre:
La Eucaristía no es momento de socialización


Querido Santo Padre: ¿Y cómo es que seguimos teniendo esas tales Misas que parecen un cabildo abierto, o esas Misas que parecen foro, además de las Misas con payasos, con títeres, las Misas disco ó misatecas, etc...? Además, hace 40 años hubo algún avispado que nos dijo que la Misa era simplemente la reunión del pueblo de Dios entre los cuales uno era el que presidía...

Información de Notimex, Dic-09-2009, vía SDP Noticias.

Ciudad del Vaticano, 9 Dic (Notimex).- El Papa Benedicto XVI advirtió hoy que el sacramento de la eucaristía no es un momento de socialización ni tiene un valor meramente simbólico, ya que en hostia consagrada se hace presente Cristo mismo.

Esto lo dijo durante la audiencia general ante varios miles de personas en el Aula Pablo VI del Vaticano en cuya catequesis habló del monje benedictino Ruperto de Deutz, quien vivió en Alemania en el siglo XI.

Relató la participación de este personaje en diversos debates religiosos de su época, como la controversia eucarística que, en el 1077, había conducido a la condena de Berengario de Tours.

"(Berengario) había dado una interpretación reduccionista de la presencia de Cristo en el sacramento de la eucaristía, definiéndola sólo como simbólica", explicó el obispo de Roma.

Como respuesta Ruperto defendió la presencia verdadera del cuerpo y la sangre de Cristo en las especies eucarísticas del pan y el vino, recordó.

"Debemos pensar a nuestro tiempo, también hoy existe el peligro de redimensionar el realismo eucarístico, considerar a la eucaristía casi como un rito de comunión, de socialización", dijo.

"(Nos olvidamos) fácilmente agregó- que ahí está presente realmente Cristo resucitado, el cual entra en nuestras almas para sacarnos afuera de nosotros mismos, incorporarnos en su cuerpo inmortal y guiarnos así a la vida nueva".

Durante el mensaje en español de la audiencia general Benedicto XVI saludó a un grupo de jóvenes de Cancún-Chetumal y a otro de estudiantes de Monterrey, ambos procedentes de México, así como a peregrinos de otros países latinoamericanos.