Thursday, October 22, 2009

Interesante entrevista con Don Mauro Gagliardi en ZENIT


Aparece hoy en ZENIT una interesante entrevista con Don Mauro Gagliardi, autor del libro “Liturgia fonte di vita. Prospettive teologiche” (Liturgia fuente de vida, prospectiva teológica).

Seguidamente procedemos a transcribirla.

La liturgia, fuente de vida

Una perspectiva teológica para la praxis litúrgica


ROMA, jueves 22 de octubre de 2009 (ZENIT.org).- Acaba de llegar a las librerías italianas el libro de don Mauro Gagliardi, “Liturgia fonte di vita – Prospettive teologiche (Fede & Cultura).

Se trata de un libro que tiene el mérito de proponer una visión de la liturgia principalmente en una perspectiva teológica, y que intenta responder a las preguntas sobre el fundamento de la liturgia indicando una praxis celebrativa más en consonancia con los sagrados misterios.

En el prólogo al libro, monseñor Mauro Piacenza, Secretario de la Congregación para el Clero, escribe que el autor “ofrece aquello de lo que hoy se advierte más exigencia: una aproximación teológica a la liturgia consistente, y al mismo tiempo accesible”, también porque “El Concilio Vaticano II recuerda que la aproximación a la liturgia es ante todo de tipo teológico”.

El arzobispo secretario de la Congregación para el Clero precisa que “entre los elementos principales que califican el sacerdocio está, sin sombra de duda, el servicio litúrgico y, de forma muy especial, el ministerio del altar”, y por esto “comprender teológica y espiritualmente el sentido de la liturgia significa por tanto comprender verdaderamente el propio sacerdocio”.

“Es nuestra convicción – concluye monseñor Piacenza – que el presente volumen pueda realmente contribuir a este necesario descubrimiento del hecho que el sacerdote es ante todo un hombre elegido por el Señor para estar ante Él y servirle”.

Don Mauro Gagliardi, nacido en 1975, fue ordenado presbítero en 1999 en la archidiócesis de Salerno. Doctor en Teología (Gregoriana, Roma 2002) y en Filosofía (L’Orientale, Nápoles 2008), desde 2007 es profesor de la Facultad de Teología del Ateneo Pontificio Regina Apostolorum de Roma.

Desde 2008 es Consultor de la Oficina de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice. Ha publicado varios volúmenes, artículos y contribuciones a misceláneas, tanto en Italia como en el extranjero. Sobre la relación entre teología y liturgia, concedió esta entrevista a ZENIT.

-¿Por qué un profesor de teología como usted ha decidido escribir un libro sobre liturgia?

Gagliardi:
Diría que hay varios motivos, algunos de los cuales son circunstancias y otros tocan mayormente el objeto de estudio teológico. En los últimos años, me he dedicado, por una serie de acontecimientos ocasionales, a profundizar el estudio de la liturgia. Al principio, mis estudios estaban dirigidos casi exclusivamente a la teología dogmática, que es mi principal campo de especialización y de enseñanza. Un día, durante mi último año de doctorado en teología, me cayeron en las manos algunos libros que me llenaron de curiosidad: presentaban el tema de la liturgia de un modo distinto al que yo estaba acostumbrado. Me apasionó su lectura y, a continuación, la de otros análogos. Comencé así a formarme una cultura litúrgica.

Por decirlo brevemente, esas obras constituían una aproximación a la liturgia no solo desde el punto de vista histórico – que sin embargo no se descuidaba – sino también desde el teológico. Lo que nunca había conocido bien era una teología de la liturgia, y cuando esta me salió al encuentro, la acogí con alegría, casi de forma connatural. Después leí y releí el excepcional libro del cardenal Ratzinger Introducción al espíritu de la liturgia, y otros ensayos suyos en materia litúrgica. Creo que los he leído todos, y cada uno varias veces. En 2007 publiqué un libro sobre la Eucaristía (Introduzione al Mistero eucaristico. Dottrina – Liturgia – Devozione), en el que desarrollaba tanto el aspecto dogmático como el litúrgico y el espiritual del gran Sacramento del altar.

En efecto, mi aproximación seguía siendo teológico-dogmática, pero ahorra, gracias a los nuevos estudios, podía ver mejor el vínculo fecundo entre doctrina, liturgia y devoción. Por otro lado, el libro salió casi al mismo tiempo que la Exhortación apostólica Sacramentum Caritatis, que trata sobre la Eucaristía precisamente desarrollando estas tres dimensiones. Fue para mí una confirmación autorizadísima del estudio que había hecho para escribir el libro. En 2008 fue también nombrado consultor de las Oficina de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice. También por este motivo, mi estudio en el ámbito litúrgico continúa y profundiza, aunque tiene que dividirse el campo con la investigación en el ámbito dogmático, que obviamente debo continuar.

Exponiendo estas circunstancias, creo haber explicado también porqué un dogmático se haya interesado en la liturgia: acontecimientos concretos me han llevado a ello, pero estos acontecimientos no hacían otra cosa que estimular en mí el interés por aspectos aún no desarrollados, y que están conectados con el propio dogma. En el caso específico de mi último libro, la ocasión se me proporcionó por una invitación a dar un seminario monográfico intensivo, en el ámbito del Curso internacional para los Formadores de Seminarios, una importante iniciativa que desde hace veinte años organiza el Instituto Sacerdos todos los veranos en Leggiuno, provincia de Varese (Italia).

El curso ofrece a rectores, profesores, padres espirituales y formadores de los seminarios de todo el mundo un programa amplio y muy bien estructurado de formación y de actualización, sobre los temas relacionados con la formación de los futuros sacerdotes. En julio de 2008 hablé durante tres días de la liturgia a estos hermanos sacerdotes, procedentes de los cinco continentes, y también a un obispo oriental que también participaba en el curso, y me di cuenta de su gran interés por el corte teológico que daba a mi exposición. Los datos bíblicos, históricos y filológicos ciertamente cuentan y yo intentaba que no faltasen, junto a los análisis de casos concretos, pero el interés lo suscitaba sobre todo la comprensión teológica de la liturgia. Tras esta experiencia positiva, decidí organizar mis apuntes y nació el libro.

-En un mundo que parece cada vez más secularizado, ¿por qué un libro sobre liturgia?

Gagliardi:
Diría, al contrario, que precisamente porque a menudo el mundo moderno – al menos el mundo occidental – parece cada vez más alejado de la fe y de la religión, es necesario recordar algunos puntos firmes y, entre estos, ciertamente está el culto divino, o sagrada liturgia.

A veces se ha creído que, ante los desafíos de la “ciudad secular”, también el cristianismo, si quiere ser aceptado, debe secularizarse. No puedo aquí, obviamente, entrar en detalles sobre un tema tan amplio, aunque se agotó en los mismos en que surgió dentro de la teología. Para la liturgia vale un discurso parecido.

Parece que en muchos casos haya existido una tendencia a secularizarla, casi a “desmitificarla”, a hacerla menos divina y más humana, de forma que las personas pudieran reconocerse más en ella, de acuerdo con la mentalidad y la cultura típicas de nuestro tiempo. Está claro que la liturgia se forma y cambia, a través de los siglos, también en base a la influencia de las culturas. Es necesario sin embargo verificar prudentemente cuándo se trata de cambios homogéneos con la tradición, y por tanto positivos hablando en general, y cuándo no.

También en este caso, es imposible entrar aquí en detalles, pero a su pregunta respondo: precisamente en un mundo que parece a menudo alejado de Dios, es necesaria aún más una liturgia verdaderamente divina y sagrada.

No es correcto decir – como se ha hecho a menudo – que hoy los problemas de la Iglesia serían “más bien otros”. El culto que debemos dar públicamente a Dios, y la forma correcta de hacer este culto, son de capital importancia para el hombre de toda época, sean cuales sean los problemas que tenga que afrontar. Es más, pensándolo bien, es difícil encontrar un problema que sea más importante para el hombre que su relación con Dios, del que la liturgia sagrada es el momento cumbre.

-¿Cuáles son los temas relevantes tratados en el libro? ¿Qué quiere comunicar a los lectores? ¿Qué objetivos quiere alcanzar?

Gagliardi:
Comienzo por la última pregunta y respondo simplemente que lo que me propongo, cuando estudio, enseño o escribo, es la búsqueda personal de la verdad y su consecuente difusión. Por eso nunca me propongo idear algo nuevo, algo que nadie ha sabido o dicho antes. Intento decir de forma clara, y en lo posible también de forma nueva, lo que la Iglesia siempre ha sabido y continúa incesantemente enseñando y profundizando en el desarrollo de su vida.

Respecto a los temas de mi libro, he tratado, a nivel de temas fundamentales y generales, sobre el concepto de liturgia, del papel del sacerdote ministro y de los fieles en la celebración, del modo en que la liturgia es para nosotros fuente de vida, es decir, manantial de la gracia, de la santificación litúrgica del tiempo y del espacio, de la dinámica teológica de la Eucaristía, de la belleza litúrgica, así como de la relación entre liturgia y ética y liturgia y devoción, concluyendo sobre la formación litúrgica. Además he propuesto un capítulo con una breve historia de la reforma litúrgica desde el Concilio de Trento hasta nuestros días. En el libro se encuentran también diversos temas específicos y concretos, como: la orientación de la oración litúrgica, la lengua que usar en la celebración, la mejor postura para recibir la Santa Comunión, y otros.

-Hay aún mucha polémica sobre el éxito de la reforma litúrgica post-conciliar. ¿Puede ilustrarnos los términos del debate y cuál es su parecer al respecto?

Gagliardi:
Sobre los términos de la cuestión, dicho muy resumido: tras el Vaticano II una comisión dedicada a ello trabajó para llevar a término la reforma general de la liturgia, pedida por el Concilio. Los resultados concretos de esta reforma, según admitieron el entonces cardenal Ratzinger y tantos otros expertos, no corresponden en todos los detalles concretos al texto de la Sacrosanctum Concilium.

Aquí las posturas divergen: unos hablan de traición al Concilio y, aún más, a la Iglesia y a su inmemorial tradición litúrgica y quisieran una anulación completa de la reforma, a la que seguiría una restauración de la liturgia a la situación de 1962, si no antes. Otros, por el contrario, tienden casi a hacer una canonización de la reforma del modo en que se ha llevado a cabo y de los resultados, y se muestran a veces incluso agresivos cuando alguno lanza la hipótesis, ciertamente no de anularla, sino sólo de revisarla y corregirla.

Ambas posturas, en mi opinión, están equivocadas. Y estas perspectivas impiden también valorar de modo correcto algunas importantes decisiones que el Santo Padre ha tomado. Con todo existe una tercera vía, que es la correcta, y que consiste en favorecer el desarrollo homogéneo de la tradición litúrgica de la Iglesia.

-Según un reciente sondeo, dos practicantes sobre tres irían a la Misa tridentina al menos una vez al mes si la tuvieran en la parroquia, pero parece que varios obispos y párrocos no tienen simpatía por este rito. ¿Es verdad? ¿Que piensa sobre ello?

Gagliardi:
He leído sobre este sondeo reciente, llevado a cabo por Doxa, una conocida sociedad que trabaja en el sector. Los resultados deberían por tanto, en líneas de máxima, corresponder a la situación real, en cuanto que eso sea posible a un sondeo.

Desde la publicación del Motu proprio Summorum Pontificum, ya hace más de dos años, muchas veces los periódicos, las revistas y los sitios web han sacado noticias de declaraciones y/o decisiones de miembros del clero, que parecen ir en una dirección distinta de la augurada por el documento pontificio.- En este sentido, se puede decir que una parte, que no sabría cuantificar, de obispos y sacerdotes parece no estar entusiasmada con la idea de ver una nueva difusión de la celebración de la Misa según el uso más antiguo. Los motivos de esta postura pueden ser distintos y está claro que aquí no podemos hacer un análisis profundo y puntualizado.

Mi opinión personal es que, si el Santo Padre ha decidido favorecer, a través de su decisión, a quienes desean celebrar o participar en la forma más antigua del rito romano, quienes no aman especialmente esta forma – y por tanto no desean valerse personalmente de la facultad concedida – no deberían poner obstáculos a la realización de una normativa que, habiendo emanado de la Suprema Autoridad, tiene valor para toda la Iglesia. Ciertamente, puede haber casos particulares, en los que los amantes del rito de San Pío V tengan pretensiones excesivas.

Estos casos deben valorarse singularmente por parte de los obispos, que siguen siendo, en sus diócesis, los responsables principales de la vida litúrgica (y hay que recordar que compete a los mismos obispos vigilar no sólo sobre estos casos, sino también sobre la observancia estricta de las normas fijadas en los libros litúrgicos postconciliares). Me parece, con todo, que los casos de excesos por parte de los que aprecian el rito más antiguo, de dos años a esta parte, sean menos frecuentes que las declaraciones y acciones para desanimar a la celebración de ese rito. Brevemente, diría que es esencial que nadie anteponga su autoridad particular o su visión personal a las decisiones del Santo Padre, que es el centro de unidad visible de la Iglesia.

-Muchos fieles lamentan un empobrecimiento de la actual praxis celebrativa. ¿Qué cosas aconseja hacer para renovar y hacer más bella e intensa la liturgia?

Gagliardi:
Hay muchas, que expongo en mi libro y por tanto para responder a su pregunta no debería hacer otra cosa que recomendar su lectura. Con todo, puedo decir al menos que en la base de las muchas cosas que hacer o que renovar – tanto a nivel más general como a nivel detallado – creo que hay una verdad teológico-litúrgica en torno a la cual gira todo lo demás: el protagonista de la sagrada liturgia no es el individuo ni la comunidad – que sin embargo tienen un papel relevante – sino el Dios trinitario y su Cristo. Todo está aquí.

Esto es verdaderamente esencial. Cada gesto, cada disposición, cada actitud del cuerpo y del espíritu, cada objeto utilizado en la liturgia debe ser una manifestación de este hecho: no celebramos nosotros mismos o nuestra comunidad. Nuestro culto está dirigido a Dios Padre, a través de Jesucristo, en el Espíritu Santo. Este culto en espíritu y verdad nos santifica y nos abre a la vida eterna.