Thursday, July 16, 2009

Dios elige lo que es débil

Por don Nicola Bux y don Salvador Vitiello

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - "Al inicio del ser cristiano no hay una decisión ética"…, (DCE n. 1); el resultado moral, por importante que sea, no puede ser la única medida de la verdad. Ya que la Iglesia está habitada por la potencia del Espíritu, nada puede, contra ella, ni siquiera la fragilidad de los cristianos.

Los mismos apóstoles, en su comportamiento, no fueron impecables: basta pensar al momento de la detención de Jesús. ¿Somos nosotros distintos de ellos? Ciertamente hay dos mil años de experiencia, que hacen menos justificables ciertos comportamientos humanos, sin embargo "el corazón es siempre nuevo y debe pues ser reeducado en cada generación". El Espíritu, que descendió en Pentecostés, garantiza el indefectibilidad de la Iglesia y hace posible la Presencia de Jesucristo, que "quema" pero no consume.

Se debe tener presente siempre una paradoja evangélica fascinante: la fuerza de la Iglesia, la fuerza de todo verdadero cristiano, alcanza su máxima eficacia en la debilidad.

Un ejemplo: cierta crítica bíblica, que ha buscado "desmitologizar" el Antiguo Testamento, no ha conducido normalmente a una fe más auténtica, sino a actitudes de verdadera y peligrosa soberbia; se ha llegado a pensar que los testigos oculares y aquellos que escribieron el Nuevo Testamento, según testimonios directos, hubieran sólo "proyectado" su personalidad en los acontecimientos de Cristo: nació el Cristo de la fe, inexplicable e ilógicamente separado del de la historia. Podríamos preguntarnos: ¿No podría ser que los exegetas modernos hubieran proyectado su escepticismo, su estilo y su actitud sobre la gente del siglo I?” (M.D.O'Brien, El Enemigo, Cinisello Bálsamo 2006, pp. 175-176; 308). En este contexto de debilidad ha florecido la fuerza del reciente Magisterio de los últimos dos Pontífices.

Sólo la invocación al Espíritu Santo, por parte de tantas almas que rezan y ayunan por la victoria contra los espíritus hostiles, es remedio a tales "desorientaciones". La Iglesia recibe la gracia - ésta es la palabra y la realidad tan olvidada - de escuchar y obedecer todo lo que Dios pide. Un don, no una fuerza o una sabiduría humana. Hay que aceptar ser humildes y débiles, mendigos, y Aquel que ha creado el universo colma de fuerza. Es necesario que toda relación, toda amistad se base en la Verdad que es Cristo mismo. De otro modo es la muerte del amor.

En la Iglesia tan sólo se debe desear ser santos, llegando a la radical superación de formaciones como "conservador" y "progresista". Además, después del amor a Cristo se debe poner ante todo la obediencia, que es inseparable del amor sincero.

Desde siempre el peligro abraza la Iglesia universal, que, como la Virgen Maria, es asechada a su calcañal por el enemigo, Satanás. Pero ella sobrevivirá a todo porque Cristo, luz del mundo está con ella y la asimila a si. Sólo Cristo es la estrella de la mañana que no conoce ocaso y la Iglesia tiene que reflejarse en Él que es lumen gentium como dice el Vaticano II en su constitución.

(Énfasis añadido)

Nuestra Señora del Monte Carmelo, ruega por nosotros.


Oh bienaventurada e inmaculada Virgen María, gloria y hermosura del Carmelo que miráis con particular benevolencia a los que lleven vuestro santo escapulario, dignaos mirarme benignamente y cubrirme bajo el manto de vuestra maternal protección.

Fortaleced mi fragilidad con vuestro poder, disipad con vuestra sabiduría las tinieblas de mi espíritu y aumentad en mi la fe, la esperanza y la caridad.

Adornad mi alma de gracias y de virtudes, a fin de que sea siempre agradable a vuestro Divino Hijo y a Vos.

Asistidme en mi vida, consoladme en la muerte con vuestra amable presencia, y presentadme a la augusta Trinidad como vuestro hijo y devoto siervo, para alabaros y bendeciros eternamente en el cielo. Amén.