Tuesday, April 28, 2009

Comunión en la mano obligatoria, ¿una nueva “epidemia”?


Si la Comunión se recibe sólo bajo la especie de pan, el sacerdote, teniendo la Hostia un poco elevada, la muestra a cada uno, diciendo: El Cuerpo de Cristo. El que comulga responde: Amén, y recibe el Sacramento, en la boca, o donde haya sido concedido, en la mano, según su deseo.

Institutio Generalis Missalis Romani N° 161“


[...]todo fiel tiene siempre derecho a elegir si desea recibir la sagrada Comunión en la boca”

CCDDS
Instrucción Redemtionis Sacramentum N° 92
Mar-25-2004.


“No se obligará jamás a los fieles a adoptar la práctica de la comunión en la mano, dejando a cada persona la necesaria libertad para recibir la comunión o en la mano o en la boca.”

CCDDS
Notificación acerca de la comunión en la mano N° 7
Abril-03-1985
Prot. n. 720/85


“Ciertamente, es claro en los mismos documentos de la Santa Sede, que en las diócesis en donde el pan Eucarístico es puesto en las manos de los fieles, permanece aún intacto el derecho de los fieles de recibir el pan Eucarístico en la lengua.”


CCDDS
Respuesta al P. Paul McDonald
Notitiae, Abril de 1999



De momento solo reseñamos lo que conocemos de algunas arquidiócesis mexicanas.

Información de la Arquidiócesis de Guadalajara, Jalisco, México, Abr-27-2009. Aparte de un comunicado de prensa titulado “Confianza en Dios y cuidado personal”.

El Arzobispado de Guadalajara da indicaciones para evitar el contagio de la influenza

El Cardenal Juan Sandoval Íñiguez, Arzobispo de Guadalajara, ha pedido a todos los feligreses, sacerdotes y laicos, tomen en cuenta las siguientes indicaciones:

1.- La Comunión, en el momento de la celebración de la Misa, debe darse en la mano de la persona que comulga. Queda a discreción del sacerdote hacerlo en la mano izquierda, en la mano derecha o en las dos manos del comulgante. Se debe tomar delante del Ministro.

Información de la Arquidiócesis de Monterrey. Mensaje con motivo de la influenza, Prot. No.183/2009, Abr-27-2009.

[...] mientras dura esta contingencia, aconsejamos que dentro de la celebración de la Eucaristía, la Sagrada Comunión se distribuya en la mano

Información del diario El Universal, Abr-25-2009. Aparte.

Por su parte, la Arquidiócesis potosina emitió un comunicado para informar que la liturgia de la misa será modificada en razón de la epidemia de influenza: se suspende el saludo de la paz y el sacerdote dará la comunión en la mano de los feligreses, a quienes invita la iglesia a acudir con cubreboca a los servicios religiosos.




Actualización Abr-28-2009 (23:32 UTC): Pasando de las arquidiócesis a las diócesis...

Información de El Sol De Zacatecas, Abr-28-2009.

Zacatecas, Zacatecas.- El Obispo de la Diócesis de Zacatecas, dio a conocer en conferencia de prensa, que el próximo domingo 3 de mayo no se celebrarán misas en los templos pertenecientes a la Diócesis, como medida preventiva para evitar la propagación del virus de influenza porcina. Asimismo informó que se transmitirá por medios electrónicos la homilía de ese día.

Jesús Carlos Cabrero Romero, obispo de Zacatecas, llamó a los párrocos, cuasipárrocos y rectores de templos a evitar todo tipo de concentraciones masivas, reuniones de grupos, misas multitudinarias, novenarios y otro tipo de grandes concentraciones.

Carlos Cabrero Romero, subrayó el papel social de la Iglesia Católica y su responsabilidad hacia los fieles, por lo que, explicó, una de las preocupaciones de la Iglesia es velar por el bien de los fieles en todos los aspectos, por lo que se determinó unirse a las Campañas de prevención que las autoridades de salud promueven ante la propagación del virus de influenza porcina.

Así, el próximo domingo 3 de mayo, domingo IV de Pascua, día en el que se celebra además al Buen Pastor y a la Santa Cruz, no habrá misas en los templos de la Diocésis de Zacatecas. La homilía correspondiente a ese día, se transmitirá por algunos medios electrónicos, por lo que exhortó a los fieles a estar atentos.

El Obispo, explicó que las demás misas ordinarias, es decir desde este martes, hasta el sábado, en las que haya poca o regular asistencia de fieles, sí podrán celebrarse pero tomando las medidas necesarias, como el dar la Comunión en la mano y, en el momento de la paz, evitar el contacto o saludo de mano.

Finalmente, el pastor de la feligresía católica en Zacatecas, invitó a unirse en oración, ya sea en familia o individualmente, a rezar el Santo Rosario.

Santa Gianna Beretta Mola, ¡Ruega por nosotros!


Después de tres embarazos, la brasileña Elisabete Comparini Arcolino, de 43 años, se dio inmediatamente cuenta de que estaba nuevamente embarazada, a mitad de noviembre de 1999. Mientras tanto, como después contó ella misma, debido a algunas pérdidas de sangre “mi corazón ya sentía que sería une gestación difícil”. Y la inmediata confirmación se tuvo con el control ecográfico efectuado el 30 de noviembre, en el cual —confirmó la ginecóloga Nadine Bicego Vieitez de Almeida— se evidenciaron “el saco gestacional de 0,8 centímetros y un coágulo retroplacentar de 2,3 centímetros de diámetro: era una gestación inicial con rara probabilidad de evolución”.

El 9 de diciembre una nueva ecografía mostraba el normal desarrollo del embrión a un
centímetro de longitud, pero también la triplicación del coágulo, logrando la dimensión de 5,2 x 3,5 centímetros. Una ulterior investigación del 19 de diciembre reveló una notable separación de la placenta hacia la región fúndica uterina: aunque el embrión presentaba el latido cardiaco, el pronóstico fue pesimista. La doctora Bicego conocía muy bien a la Señora Comparini, habiéndola seguido ya en el anterior embarazo, y por eso le describió claramente la gravedad de la situación: “Desde cuando la pérdida de sangre era muy abundante, mi doctora diagnosticó que sería muy difícil que yo llevase adelante esta gestación, que tal vez el aborto vendría naturalmente y que ni siquiera sería necesaria la raspadura”.

Contrariamente a las expectativas, el embarazo siguió adelante y el corazoncito del pequeño embrión siguió palpitando. Pero el 11 de febrero del 2000 un dramático suceso pareció dar el golpe definitivo: mientras se encontraba en la escuela en donde enseñaba —en Franca, en el Estado brasileño de San Pablo— Elisabete se dio cuenta de que tenía los pantalones mojados e inmediatamente, acompañada de la colega Mariza de Almeida Taveira, se fue para el hospital San Joaquín.

La inmediata ecografía demostró que se había roto las membranas y permitió diagnosticar “una gestación de 16 semanas, con feto vivo y carencia completa de líquido amniótico”. No parecía que hubiera vía de salida, según la doctora Bicego: “La praxis recomendada en tales casos es la interrupción de la gestación, debido al riesgo de infección materna”.

Detalló el doctor Nilton Keiso Maeda, el radiólogo que hizo la investigación diagnóstica: “Constaté que no había ningún líquido en la bolsa. El líquido amniótico es el mundo del feto y le da toda la protección. Sin este líquido él queda expuesto al ambiente externo, por lo cual el niño puede adquirir una infección, como también la madre, que comprime el feto”. A pesar de una semana de hospitalización, durante la cual Elisabete fue sometida a hiperhidratación, con cuatro litros de flebo al día, el 15 se febrero el mismo radiólogo confirmó, después de una nueva ecografía, que el volumen del líquido seguía siendo “acentuadamente reducido” y no era suficiente para llevar a término el embarazo.

A este punto la posibilidad de supervivencia para la pequeña era igual a cero, como confirma la total ausencia en la literatura clínica de ejemplos parecidos que terminaron de manera positiva. Dos estudios, realizados en las facultades médicas de la universidad brasileña de San Pablo (doctor Antonio Alberto Nogueira) y de la norteamericana de San Francisco (doctora Carol A. Major) sobre gestantes con ruptura de las membranas entre la 22ª y la 26ª semana —por tanto, en época mucho más madura del caso aquí en examen— testimonian que todos los fetos habían sido expulsados dentro de 60 días del suceso, debido a las contracciones uterinas. Pero normalmente, para los fetos de 16 semanas, la expulsión sucede en poquísimos días: en cambio la pequeña Gianna María Arcolino Comparini resistió más de 110 días.

Las palabras de Elisabete han recorrido aquellos dramáticos días en los que los intentos hospitalarios de reintegrar los líquidos perdidos no tenían efecto y se presentaba la necesidad de decisiones irrevocables: “Después de 72 horas el agua no volvió y la doctora, mientras tanto, me dio la noticia de que era necesario interrumpir el embarazo, por el hecho de que yo corría el riesgo de perder la vida. Aunque los otros médicos consultados daban todos el mismo parecer clínico. Mi corazón no aceptaba la decisión de ponerle fin a la gestación. La doctora entró a la habitación y solicitó una respuesta. Muy afligida, pedí a mi marido Carlos César que me llevase un sacerdote”.

La doctora Bicego anunció que volvería después de un cuarto de hora para escuchar sus decisiones y también explicó cuáles documentos tendrían que firmar para autorizar el aborto. Inmediatamente después Carlos César llamó por celular al padre Ovidio José Alves de Andrade, párroco de San Sebastián, pidiéndole que fuera al hospital. En ese momento entró en escena el obispo diocesano de
Franca, monseñor Diógenes Silva Matthes, casualmente en visita a otro enfermo de San Joaquín.

Una amiga de Elisabete, la señora Isabel, se encontraba a su lado cuando la doctora Bicego había hablado del aborto y decidió ir inmediatamente después a la capilla a rezarle a la Virgen, pidiéndole iluminación en aquella difícil decisión. Cuando terminó la oración y abrió los ojos, vio que estaba pasando el obispo diocesano Diógenes y lo alcanzó para informarlo del suceso.

En efecto, precisamente él había bendecido las nupcias de Elisabete y Carlos César, en la parroquia de San Sebastián, en donde la mujer ejercía de catequista: “Fue una boda que me emocionó mucho, porque ellos pronunciaron una fórmula de consagración de la propia vida matrimonial para el apostolado en la Iglesia”. Recordando aquel gesto, Elisabete subrayó: “Creo que, sin entender mucho la profundidad de aquel acto, firmamos un cheque en blanco para Jesús”.

En aquel difícil 15 de febrero, el obispo se asomó inesperadamente a la puerta de la habitación en la que la mujer estaba hospitalizada: “Para mí fue una emoción muy fuerte y, mientras yo lloraba, Carlos César le contó que queríamos hacer abortar al feto. El oró conmigo y me dijo: ‘Betinha, nosotros rezaremos, Dios nos ayudará’. Después sugirió que la doctora esperara todavía un poco, mientras nosotros estábamos orando, y se fue”.

El obispo dejó momentáneamente a los dos cónyuges y se fue a casa. Mientras tanto había llegado el padre Ovidio, que permaneció largo tiempo con la gestante. Precisamente mientras le estaba administrando la unción de los enfermos, monseñor Diógenes regresó a la habitación para llevar a Elisabete una biografía de la Beata Gianna Beretta Molla y para decirle palabras humanamente inconcebibles: “Haz como la beata Gianna y, si es necesario, da tu vida por la criatura. Acabo de terminar de orar en mi casa y le dije a la beata en oración: ‘Ha llegado la ocasión para que puedas ser canonizada. Intercede ante el Señor la gracia del milagro y salva la vida de esta criatura’ ”. Lo único que más tarde recordó Elisabete haber contestado fue que si nacía niña, la llamaría Gianna.

Gianna Beretta Molla era una doctora nacida en Magenta, en Lombardía, en 1922 y
muerta a los cuarenta años en 1962 porque quiso a toda costa dar a luz a la cuarta hija, a pesar de ser consciente de la gravedad de un fibroma en el útero que se había manifestado en el segundo mes de embarazo, que le causó una peritonitis septicémica en el momento del parto. Poco antes había confirmado al marido y al obstetra: “Si tienen que decidir entre el niño y yo, ninguna duda: elijan —y lo exijo— el niño. Sálvenlo a él”.

Especializada en pediatría, visitaba gratuitamente a las mamás que no podían pagar; en la parroquia se ocupaba de las niñas de la Acción católica. Sea por la experiencia vivida por ella, sea por las gracias que en diversos países del mundo se atribuyen a su intercesión, es considerada la “santa de la maternidad”, tanto que hasta el milagro para la beatificación se refirió a una mujer con graves póstumos de corte cesáreo.

Elisabete había oído hablar de ella por primera vez con ocasión de su tercer embarazo, cuando, después de dos cortes cesáreos, deseaba un parto por vía normal. El obispo Diógenes le había dado un registro de la beata Gianna, bajo cuya protección había puesto la pastoral familiar en la diócesis de
Franca, y le había hablado de su acontecimiento. Esta narración impresionó a la gestante, que temió morir también ella en el parto: no obstante, ella siguió pidiendo la ayuda de la beata y, en 1997, pudo traer al mundo su tercer hijo con parto natural, a pesar de pesar más de cinco kilogramos.

También en esta nueva circunstancia Elisabete y el marido acogieron con total confianza la invitación del obispo y confiaron su futuro en las manos de Dios. Así fue expresada su voluntad a la doctora Bicego de seguir adelante, hasta cuando el corazoncito del feto siguiera latiendo. Varios colegas, narró la ginecóloga, le dijeron que era una locura de parte suya compartir aquel gesto y permitir la continuación de un embarazo sin esperanzas, “pero yo, no sé si por intuición, por falta de valentía o atraída por la fe de Elisabete, que no tiene límites, decidí esperar”.

Al respecto, narró después Elisabete que para ella “el más grande milagro de Jesús fue cambiar el corazón de la doctora. Ella era irremovible en su opinión de practicar el aborto, pero un día me dijo: ‘Tu fe me ha hecho pensar mucho, yo también tengo fe y por eso esperamos la muerte del feto’ ”.

Después de salir del hospital, la gestante se trasladó a casa de la tía de Carlos César, la señora Janete Arcolino, que siendo enfermera podía servirle de manera adecuada. La doctora Bicego le prestó el estetoscopio, para escuchar constantemente el latido del corazoncito del feto, y le prescribió un control cada seis horas de la temperatura corpórea y de la presión arterial. Periódicamente se le hacían fleboclisis y en dos circunstancias, al final del embarazo asumió una terapia cortisónica para prevenir la prematuridad pulmonar de la recién nacida.

Mientras tanto también el padre Ovidio había narrado a los fieles lo que estaba sucediendo y toda la comunidad hizo propia la invocación a la beata Beretta Molla, pidiéndole insistentemente este milagro. La parroquia de San Sebastián está muy comprometida en la pastoral por la vida y, todos los últimos domingos del mes, una particular celebración está dedicada a las gestantes, que reciben una particular bendición. Las amigas Glaice y Cidinha, en una memoria escrita, afirmaron con candor: “¡Pensamos que, si Dios escucha la petición de un fiel laico, mucho más poder tiene la de un obispo! Y, en la certeza del milagro, rezamos y repetimos la petición”. Con ellas, también las carmelitas de Franca se pusieron a orar, involucrando otros monasterios de Brasil.

Para Elisabete, a pesar de lo sólido de su fe, no fue en todo caso un periodo fácil: “Existía un contraste de sentimientos en mi corazón. Por una parte tenía la certeza, debido a toda mi experiencia de Dios desde mi infancia hasta ese momento, que Él no me abandonaría. Por otra parte, en ciertos momentos tenía miedo de morir y pensaba en mis otros tres hijos. Muchas personas pueden creer que el mío fue un acto inconsciente, pero lo que prevaleció en mi fue una fuerza interior muy grande, determinada por el hecho que presentía que todo iba a salir muy bien, que ni yo ni el feto moriríamos”.

La doctora Bicego siguió constantemente la situación y pudo constatar que, a pesar del reposo y la constante hiperhidratación, no se presentó nunca ninguna acumulación de líquido: “Cuando se decía: ‘Ah, ahora has dejado de perder’, un movimiento para ir al baño y perdía todo otra vez”. Llegados a la 32ª semana, cuando el peso de la niña había alcanzado un kilo y ochocientos gramos, se decidió por el corte cesáreo, que se llevó a cabo el 31 de mayo de 2000. La recién nacida apareció en buena forma, con un índice de Apgar de 9 desde el primer minuto. La doctora Walterlice A. O. Facuri, que se encontraba en la sala de parto, narró después a mamá Elisabete: “¡La niña lloró y también todos los que estaban allí!” El único defecto que se manifestó fue el pie izquierdo torcido, presumiblemente debido a la compresión que había tenido que sufrir dentro del útero.

Después del parto, en cambio, apareció preocupante la situación de Elisabete: la placenta, explicó la ginecóloga, “presentó lo que se llama ‘acretismo’, una herida dentro del músculo uterino, con la placenta que queda encolada dentro del útero: se presentó una grave hemorragia y la paciente presentó un colapso pulmonar, con necesidad de curaciones intensivas durante tres días”. Cuando una parturienta tiene una hemorragia grave, continuó la doctora Bicego, “normalmente presenta una amenorrea, una especie de menopausia después de la cirugía del parto, y la mujer no puede amamantar. Y en cambio cuando usted me dijo que seguía teniendo las menstruaciones pensé: ‘¡Sucede incluso esto!’ ”.

La recién nacida fue dada de alta el 17 de junio del 2000, cuando ya había alcanzado el peso de 1960 gramos. Finalmente todo se resolvió, pues, positivamente, incluso el piecezuelo torcido que, con una operación quirúrgica a la edad de un año y después de algún mes con una horma de yeso, quedó perfectamente bien.

De aquellos dramáticos días quedan los apuntes fielmente descritos por mamá Elisabete a lo largo de todo el embarazo. Al comienzo, con una fecha anterior al 1º de noviembre de 1999, se lee: “La fiesta de todos los santos. Es la fecha que considero, con certeza, como día de la concepción. ¿Sería una simple coincidencia que Dios haya fecundado en mí, precisamente en este día, una de sus criaturas? No. Creo que la misión que Dios ha establecido para Gianna María está en relación con esta gran mujer, la beata Gianna Beretta Molla, que entre nosotros ya es considerada santa”. Y en el último día de la narración cronológica: “31.05.2000 Nacimiento de Gianna María. Victoria de la Vida”.

En julio del 2001 la pediatra María Engracia Ribeiro sometió la pequeña a un cuidadoso examen. “Hice todos los experimentos: ve perfectamente bien, oye muy bien, es una niña superlativamente sana, muy inteligente, vivaz. Tiene personalidad fuerte, porque normalmente a los niños no les gusta los médicos, por o cual se oponen a los exámenes, y a las distintas cosas que le pedí que hiciera ella reaccionó: cuando no quiere, no hay nada que hacer”. Un nuevo control, hecho por la pediatra Facuri el 17 de enero del 2002, confirmó que Gianna María “presenta un buen desarrollo neuropsíquico-motor, sin retardos en el desarrollo y en la función de los órganos del cuerpo en general. Ya está sin yeso en el pie, que llevó por corrección quirúrgica debida al pie torcido congénito. No tiene enfermedades infecto-contagiosas. No presenta enfermedades respiratorias. No tiene complicaciones de aparato auditivo y urinario. Se presenta colorida y activa. En síntesis: hoy goza de una perfecta saludo para su edad”.

Las definiciones conclusivas sobre el acontecimiento fueron formuladas unánimemente por la Consulta médica de la Congregación para la Causa de los santos en la sesión del 10 de abril del 2003: “Diagnóstico: Ruptura prematura de las membranas a la 16ª semana de gestación, en mujer al cuarto embarazo, con pérdida total del líquido amniótico. Pronóstico: muy severo para la madre y el feto, en vista de posibles graves complicaciones. Terapia: Inadecuada. Modalidades de curación: Rápida, completa y duradera; inexplicable la modalidad de la evolución favorable de la gestación después de la 16ª semana”.

El decreto sobre el milagro fue promulgado en presencia del Papa Juan Pablo II el 20 de diciembre del 2003 y la canonización de Gianna Beretta Molla —habiendo ya sido celebrada su beatificación el 24 de abril de 1994— tuvo lugar el 16 de mayo de 2004.


Saverio Gaeta
Milagros: cuando la ciencia se rinde
Edizione Piemme Spa
Casale Monferrato-Italia, 2004




En las imágenes Monseñor Diógenes Silva Matthes celebra la Misa según la Forma Extraordinaria del Rito Latino, Nov-29-2007.