Saturday, December 20, 2008

Novena de Navidad (V)




Ya hemos visto la vida que llevaba el Niño Jesús en el seno de su purísima Madre; veamos hoy también la vida que llevaba María durante el mismo espacio de tiempo. Necesidda hay de que nos detengamos en ella si queremos comprender, en cuanto es posible a nuestra limitada capacidad, los sublimes misterios de la Encarnación y el modo como hemos de corresponder a ellos.

María no cesaba de suspirar por el momento en que gozaría de esa visión beatífica terrestre; la faz de Dios encarnado. Estaba a punto de ver aquella faz humana que debía iluminar el cielo durante toda la eternidad. Iba a leer el amor filial en aquellos mismos ojos cuyos rayos debían esparcir para siempre la felicidad en millones de elegidos. Iba a ver aquel rostro todos los días, a todas horas, a cada instante durante muchos años. Iba a ver en la ignorancia aparente desde la infancia en los encantos particulares de la juventud y en la serenidad reflexiva de la edad madura. Haría todo lo que quisiere de aquella faz divina; podría estrecharla contra la suya con toda libertad del amor materno; cubriría de besos los labios que debían pronunciar la sentencia a todos los hombres: lo contemplaba a su gusto durante su sueño o despierto hasta que lo hubiese aprendido de memoria. Cuán ardiente deseaba ese día.

Tal era la vida de expectativa de María; era inaudita en sí misma, mas no por eso dejaba de ser el tipo magnífico de toda vida cristiana. No nos contentemos con admirar a Jesús residiendo en María, sino pensamos que en nosotros también reside por esencia, potencia y presencia. Si Jesús nace continuamente en nosotros por las buenas obras que nos hace capaces de cumplir, y por nuestra cooperación con la gracia, la manera del alma del que se halla en gracia, es un seno perpetuo de María, un Belén interior sin fin. Después de la comunión, Jesús habita en nosotros durante algunos instantes y sustancialmente como Dios y como Hombre, porque el mismo Niño que estaba en María está también en el Santísimo Sacramento. ¿Qué es todo eso sino una participación de la vida de María durante esos maravillosos meses, y una expectativa tan llena de delicias como la suya?




Texto tomado de la “Consideración para el quinto día” de la Novena Para El Aguinaldo por Fray Fernando De Jesús Y Larrea (1788). Sépase que cuando decimos citar la Novena Para El Aguinaldo, la citamos realmente, ya que en otros sitios de internet encontrarán textos parecidos o modificados atribuyendoselos al aludido autor.