Friday, November 28, 2008

La Misa tradicional en la Basílica de Santa María de los Ángeles en Roma



Próximo Domingo, Nov-30-2008, a las 16:00 horas (tiempo local), el Card. Darío Castrillón Hoyos, celebrará una Misa Pontifical en la Basílica de Santa María de los Ángeles y de los Mártires en Roma; la primera (Misa de Rito Latino Extraordinario) celebrada en dicho lugar desde la entrada en vigencia del Motu Proprio Summorum Pontificum.

De otra parte en el sitio de internet de dicha Basílica se anuncia que:

La Misa en latín con el Misal de Paulo VI será celebrada todos los Domingos a las 9:00 horas a partir del 30 de Noviembre de 2008. Primer Domingo de Adviento. Celebrante Don Biagio Amata, Profesor Extraordinario de Literatura cristiana antigua latina en la Universidad Pontificia Salesiana.

Vale decir, la Misa de Rito Latino Ordinario.

La Palabra de Dios en la asamblea liturgica


Información de Radio Vaticano (italiano), Nov-28-2008. Traducción al español del blog La Buhardilla de Jerónimo.

En línea con el reciente Sínodo de los Obispos, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos dedica la Jornada anual de estudio que celebra la promulgación de la Sacrosanctum Concilium al tema “La Palabra de Dios en la Liturgia”. El encuentro está previsto para mañana, en Roma, y será abierto por una relación del Cardenal Albert Vanhoye dedicada a la hermenéutica litúrgica de la Palabra. Los Padres sinodales han recordado que la liturgia constituye el lugar privilegiado en el que la Palabra de Dios se expresa plenamente. ¿Pero qué consecuencias prácticas tiene esta afirmación? Lo explica, a Radio Vaticana, el Cardenal Francis Arinze, prefecto de la Congregación para el Culto Divino:

La Palabra de Dios debe ser bien proclamada en la asamblea litúrgica, especialmente en la Misa. Esto quiere decir que quien la lee, la debe preparar bien. Y también el ambón, la acústica, deben estar en buen orden. Quien lee debe hacerlo de tal modo que el pueblo pueda seguirlo. Por lo tanto, no debe leer velozmente, no debe concentrar la atención sobre sí mismo: debemos escuchar, meditar, recibir; y en tercer lugar, debemos ser animados a continuar leyendo los textos sagrados. No sólo escuchar durante la Misa sino también leer estos textos antes y después de la Misa. Quien continúa leyendo la Sagrada Escritura cada día, en espíritu de oración, está en el espíritu de la Liturgia y en el espíritu del Sínodo.

Eminencia, ¿hay actualmente actitudes a corregir en la relación entre Liturgia y Palabra de Dios?

Es necesario corregir el hecho de que el texto utilizado sean hojas sueltas y no páginas de un libro, que el texto de las Sagradas Escrituras no sea un texto aprobado sino preparado por alguien sólo para una ocasión. Luego, hay que corregir también a algunas personas que acostumbran introducir textos que no son Sagrada Escritura: incluso si son textos de santos no son, sin embargo, textos aprobados para la Santa Misa. En el Breviario está previsto que una segunda lectura pueda ser de un santo o de un escritor eclesiástico pero siempre con la condición de que sea un texto aprobado por el Santo Padre. Esto es importante porque la Liturgia no es oración privada sino que es oración en nombre de toda la Iglesia.

Los Padres sinodales han manifestado el deseo de un directorio sobre la homilía, ¿por qué, según usted?

Los obispos que han participado en el Sínodo consideran muy importante la homilía porque están preocupados por el hecho de que, quizás, la calidad de las homilías en la Iglesia no es tan elevada como se desearía. De hecho, también el Sínodo sobre la Eucaristía de tres años atrás había pedido un compendio de homilías temáticas de modo que – en un ciclo de tres años – ninguna gran parte de la verdad católica sea omitida. En la práctica, se trata de las cuatro partes del Catecismo de la Iglesia Católica y esto porque algunos predicadores tienen la tendencia de no tocar algunos temas: o porque son delicados, o difíciles, o porque algunos no quieren hablar de ciertos argumentos… El Evangelio debe ser predicado sin reducciones: ésta es una de las preocupaciones. Algunos participantes en el Sínodo han pedido también indicaciones precisas a los predicadores para la calidad de una homilía ideal: esto, en realidad, debería ser un trabajo a realizar en los Seminarios mayores y en los institutos litúrgicos. Pero el hecho de que los obispos hayan sugerido esto al Sínodo quiere decir que toman en serio este argumento. Y esto es muy importante para la Iglesia.

Francia: Párroco de iglesia tradicionalista nuevo obispo auxiliar de Lyon


Información de V.I.S., Nov-28-2008.

OTROS ACTOS PONTIFICIOS

CIUDAD DEL VATICANO, 28 NOV 2008 (VIS).-El Santo Padre nombró:

-Don Jean-Pierre Batut obispo auxiliar de la archidiócesis de Lyon (superficie 5.087, población 1.745.000, católicos 1.207.000, sacerdotes 523, religiosos 2.201, diáconos permanentes 59) en Francia. El obispo electo nació en 1954 en París (Francia), fue ordenado sacerdote en 1984 y actualmente era párroco de Saint-Eugène et Sainte-Cécile.

Leído en La Nueva España


Información de La Nueva España, de Asturias, España, Nov-28-2008.

Introibo ad altare Dei

Ante la próxima recuperación de la misa de Juan XXIII en Gijón

IGNACIO ALVARGONZÁLEZ ABOGADO

Será el próximo domingo, primero del nuevo año litúrgico, a las doce treinta horas y en la capilla del convento que las Agustinas tienen en Somió. Después de varias décadas volverá a celebrarse en Gijón una misa, abierta a todos los fieles que deseen sumarse a ella, con arreglo al misal codificado por San Pío V, cuya última versión fue aprobada por el beato Juan XXIII en 1962. La iniciativa responde a la petición formulada por un grupo de católicos gijoneses, y supone el primer fruto claro de la aplicación en Asturias del «motu proprio» «Summorum Pontificum», promulgado por el Papa Benedicto XVI el 7 de julio de 2007.

Sería un grave error tratar de ver en esta celebración, o en la medida papal que la ampara, cualquier tipo de ataque o crítica a la reforma litúrgica operada tras el concilio Vaticano II, cuyo fruto más evidente es el llamado «novus ordo» de Pablo VI. El mismo Benedicto XVI califica como «temor infundado» cualquier aproximación que ponga en duda la validez de esta reforma litúrgica, y consagra el nuevo misal como «forma ordinaria del rito romano», aún cuando tampoco ha dejado de reconocer que la equivocada aplicación práctica que del mismo se ha hecho en algunos ocasiones ha llevado «a menudo a deformaciones de la liturgia al límite de lo soportable».

La medida papal, que califica a la llamada misa tradicional o «usus antiquior» como forma extraordinaria del mismo rito romano, debe inscribirse en lo que el propio Pontífice ha calificado como «hermenéutica de la continuidad», anunciada en su discurso a la curia en 2005, y reafirmada por el mismo Papa en su carta de presentación del «motu»: «Lo que para las generaciones anteriores era sagrado, también para nosotros permanece sagrado y grande, y no puede ser totalmente prohibido o considerado perjudicial. Nos hace bien a todos conservar las riquezas que han crecido en la fe y en la oración de la Iglesia, y darles el justo puesto». Algo parecido, aunque con otras palabras, había dicho el venerable siervo de Dios Pablo VI en 1964: «Hay que velar por no exagerar la búsqueda de lo nuevo, sin tener suficientemente en cuenta el patrimonio litúrgico tradicional, u olvidándolo por completo. Si actuaseis así, debería hablarse de destrucción más que de renovación de la liturgia».

Por ello no puede causar inquietud alguna que, a petición de un grupo estable de fieles, se dé ese justo puesto a la forma extraordinaria de la misa también en Gijón, como se viene haciendo desde julio del pasado año en numerosos lugares de toda la geografía mundial. Se trata de una celebración por ahora mensual, aunque con clara vocación de llegar a ser semanal. Y es que aún en este último supuesto, seguiría siendo algo realmente extraordinario, frente a la práctica habitual plasmada en el casi centenar y medio de misas públicas que se celebran cada fin de semana, con arreglo a los libros litúrgicos reformados, en los templos de nuestra ciudad.

Hace tan sólo unos días el cardenal Castrillón Hoyos recordaba que en modo alguno puede admitirse que los fieles que piden acogerse a la liturgia tradicional, legítimamente y en ejercicio de un derecho que les ha sido reconocido, sean considerados como de segunda categoría. Sin olvidar tampoco el mutuo influjo que pueda producirse entre ambas formas del rito romano, y que el mismo «motu» apunta como algo benéfico, resulta también evidente, como destacaba tan solo hace unas semanas monseñor Raymond Burke, Prefecto de la Signatura Apostólica, que «cuanto más lleguen los fieles a apreciar la forma extraordinaria, tanto más llegarán a comprender la profunda realidad de cada celebración de la santa misa, ya sea en la forma extraordinaria como en la forma ordinaria».

El propio Papa ha recordado cómo muchas personas que por su edad no han tenido oportunidad de familiarizarse con esta liturgia, y quien suscribe puede corroborarlo por su propia experiencia personal, sin embargo «descubren esta forma litúrgica, se sienten atraídos por ella y encuentran en la misma una forma, particularmente adecuada para ellos, de encuentro con el misterio de la Santísima Eucaristía».

Sin duda la misa tradicional contiene matices de belleza, reverencia, misterio y universalidad, que la hacen especialmente atractiva a los ojos de las nuevas generaciones. Como señalaba recientemente el benedictino francés Patrick Pretot: «En la posmodernidad, la búsqueda de identidad marcha paralela a la elección de la forma de vivir la religión y la vida litúrgica. En otras palabras, mientras que las generaciones precedentes han tratado de adaptar la religión a lo que creían que eran las exigencias de la modernidad, las nuevas generaciones demandan elecciones claras, y a veces tomadas del pasado, para poder construir una identidad. Pero atención, no les reprochemos volver al pasado, no vuelven al pasado sencillamente porque no lo han conocido. Buscan los caminos de su vida espiritual y eligen aquellos que mejor les convienen".

Roberto de Mattei, profesor de la Universidad Europea de Roma, nos recordaba también recientemente como «el rito romano antiguo, nos recuerda, a través de su silencio, sus genuflexiones y su reverencia, la infinita distancia que separa el cielo de la tierra; nos recuerda que nuestro horizonte no es el terreno sino el celeste; nos recuerda que nada es posible sin sacrificio y que el don de la vida natural y sobrenatural es un misterio. No se trata de poner en competición el rito antiguo con la nueva Misa, promulgada y autorizada por los últimos pontífices. Se trata de comprender cómo la restitución de la libertad al antiguo rito pone una nueva barrera al secularismo que avanza».

Desde esta perspectiva, y como haremos el próximo domingo, merecerá la pena postrarse para volver a repetir las bellas palabras del salmo 42: «Introibo ad altare Dei, ad Deum qui laetificat iuventutem meam» («me acercaré al altar de Dios, del Dios que alegra mi juventud»).