En un pequeño pueblo de Italia la comunión en la mano dejó de ser un permiso para pasar a ser un derecho
Si el Pontífice que concedió el indulto para la comunión en la mano hubiera previsto lo que ha sucedido con el pasar de los años, lo habría pensado mejor...
Esta es la historia ocurrida en la población italiana de Bosaro, en la diócesis di Adria-Rovigo, en donde según el Vicario General de la diócesis, la comunión en la mano es un derecho y no un indulto.
Aprovechando que escribimos sobre la comunión en la mano, alguien habrá leído la carta anexa que acompaña a la Instrucción Memoriale Domini, la que autorizaba la comunión en la mano únicamente para los lugares en donde a la fecha existiera el abuso (AAS 61, [1969], 546-547), la cual dice que sólo se puede dar la comunión en la mano “a condición de que se evite toda ocasión de escándalo por parte de los fieles y el peligro de irreverencia hacia la Eucaristía”, y estipula siete normas que deben seguirse, de las cuales dice la segunda: “el rito de la comunión dada en la mano del fiel no deberá ser aplicado sin discreción”. Es decir, si a consideración de quien distribuye la comunión, no se cumple con los supuestos y las siete normas estipuladas para la distribución de la comunión en la mano, simplemente no está obligado a actuar en contra de lo que su concencia le dice.
Aquí ahora, nuestra traducción de un artículo de La Voce Di Nouva Rovigo, Nov-16-2011, en donde se describen los acontecimientos.
Bosaro enciénde el debate sobre la modalidad de entregar la hostia para la comunión
La partícula de la discordia
Don Camilo: “Invito a los fieles a tomar la hostia en la lengua”. El Vicario: “Entregada como prefiera el comulgante”
Bosaro - La comunión que divide. Sucede también en Bosaro, donde el sacramento fundamental del cristianismo ha dado origen a una polémica de orden casi teológico. La Eucaristía a metido en el ojo del huracán al párroco, don Camilo Magarotto. Señalado con el dedo por un pequeño grupo de fieles. La causa que lo ha desencadenado todo: la modalidad de entregar la partícula, durante la misa. Así que el pasado domingo, una mujer ha casi desafiado al párroco. La partícula, puesta directamente en la boca por las manos del sacerdote, pero no lo quiere. La señora prefiere recibirla en la mano. Se origina casi un cara a cara con don Camilo que, tal vez para quedarse tranquilo, cede, y entrega la partículas a la señora. Un episodio que trae a la memoria del pueblo una escena similar ocurrida un par de años atrás. Se plantea un caso pequeño, que pronto llega a Rovigo, en la calle Sichirollo, a la secretaría del obispo. “El Misal Romano —explica Claudio Gatti, vicario de [Mons.] Soravito— es claro, y afirma que la Eucaristía se debe dar al comulgante así como este lo prefiera”. Se ha dado una confontación con Don Magarotto, sugiere Gatti, y la aclaración parece estar en el horizonte. “Lo hemos invitado a seguir las indicaciones, y él nos ha asegurado que nunca se negó a dar la comunión a nadie. Si ha habído críticas menores —concluye Mons. Gatti— a esta hora ya estarán seguramente recompuestas: y esta es una invitación al diálogo, en cual hemos avanzado en la confrontación con el párroco de Bosaro”. “Como sacerdote, mi único interés es el de transmitir el gran amor por la Eucaristía. Quiero que Jesús sea amado: todo lo demás es polémica sin sentido”, comienza Don Camillo Magarotto, asegurando una vez más, que nunca se negó la hostia a nadie. “Lo que hago desde hace algún tiempo —explica— es sólo una invitación. Contra la dispersión de los fragmentos, y por escrúpulo de conciencia, aconsejo a mis parroquianos tomar la comunión directamente en la lengua, pero con esto no quiero sin duda crear división”. Después de todo —considera Don Magarotto— “así lo hace también el Santo Padre, desde hace algunos años. Me limito a seguir su ejemplo, pero sin obligar a ninguno. Se trata sólo de una exhortación”. Polémica cerrada, asegura: “Continúo mi trabajo con gran serenidad”. Y en su defensa, ayer, alguien envió una carta a la curia [La cual se puede leer en su integridad en Rovigo Oggi. N. de T.]. “El mundo debe haberse revuelto, y haber arrastrado consigo también a la Iglesia Católica”, comienza el texto, irónico y mordaz, desplegado de parte de Don Camillo Magarotto y firmado por Simone Veronese. Que, incluso a Monseñor Gatti, no le manda a decir con nadie: “Culpablemente —escribe Veronese dirigiéndose a Gatti—- afirma ser un derecho a ‘reclamar’ la sagrada comunión en la mano. Pero le recordamos que tal posibilidad es un indulto que, para que conste, Paulo VI quizo espontaneamente conceder, pero fue aprovechada por la catoprogresista Holanda, después de haberlo convertido en un hecho consumado”. Después, Veronese cita el ordenamiento general del Misal Romano que dice expresamente, en el número 161, que el comulgante “recibe el Sacramento, en la boca, o donde haya sido concedido, en la mano, según su deseo”. “Así que —argumenta Veronese— la manera ordinaria de recibir la Comunión es en la boca”. “La demanda aducida por el vicario llega al límite del absurdo —concluye Veronese acusando aún más a Gatti— Pero el mundo está al revés. De acuerdo con esta lógica, es verosimil que el vicario —concluye irónicamente— esté pensando enviar una nota de amonestación a la Santa Sede, con el fin de poner fin a aquellas horrendas misas papales”. Cuestión demasiado grande para la pequeña Bosaro.